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¿Por qué el arte homoerótico es cada vez más popular?

Escrito por Tom Flanagan | 24 de octubre

Escondida en una tranquila calle de Walthamstow, un barrio del noreste de Londres, hay una casa de época que hace esquina. Es el hogar de Henry Miller, un abogado reconvertido en coleccionista de arte, y su pareja. También es una de las mayores galerías de Londres dedicadas exclusivamente al arte homoerótico y a la figura masculina.

“Hay más de 400 obras expuestas por toda mi casa”, dice Henry Miller, cuya colección, que abarca desde arte clásico hasta contemporáneo, está abierta al público para visitarla previa cita”. Se ríe. “Mi pareja ha tenido una paciencia increíble conmigo, ya que me deja decorar nuestra casa con toda obra nueva que encuentro”.


Henry Miller en su casa. Imagen: ©Paultuckerstudio 

En todas las paredes hay algún esbozo de la figura masculina: un ferviente retrato de San Sebastián de Radek Husak, una imagen de un hombre desnudo agarrándose las rodillas y flotando por encima de las nubes, o la sensual imagen de un joven arlequín de Aldo Pagliacci. Es un conjunto de obras que refleja la pasión de Miller convertida en profesión y la culminación de un interés que tiene desde la adolescencia.

“Empecé a coleccionar [arte homoerótico] a los 17 años, en una época muy diferente y bastante horrible para ser gay”, explica. “Mi primera obra fue ‘Querelle’, de Andy Warhol. Pero durante muchos, muchos años, recorrí subastas y ventas sin encontrar nada”.

El auge del homoerotismo

Parece que es algo que está evolucionando, ya que un cambio en la demanda de arte homoerótico está sacando a la luz un género que en otros tiempos permanecía oculto. Datos recientes de internet muestran un aumento de las búsquedas de arte homoerótico en los últimos años. Ya en 2015, el Museo V+A de Londres descubrió que “homoerótico” era uno de sus 10 términos más buscados.

Solo en Catawiki, el arte homoerótico es uno de los términos relacionados con el arte más buscados, con un crecimiento del 175 % entre 2023 y 2024. En las redes sociales, la demanda de imágenes masculinas sensuales ha dado lugar a una serie de cuentas de Instagram dedicadas a la temática homoerótica (más de 2 millones de publicaciones de #gayart) y, lo que es más controvertido, al auge de la creación de hombres mediante IA.

¿Cuál es el motivo? Para empezar, hay un cambio de actitud hacia la homosexualidad y una mayor aceptación, dice Miller. “La gente solía preocuparse por lo que su madre o sus amigos pudieran pensar del arte que colgaban en sus paredes. Pero ahora la gente lo expresa abiertamente, no tiene reparos. De hecho, la gente está más dispuesta que nunca a tener cosas más explícitas en sus paredes, algo que refleja los tiempos en que vivimos”.

Esta aceptación abierta del arte homoerótico marca un rápido cambio en las opiniones en relación con la época en que se consideraba algo tabú. “En el pasado, el interés por el arte homoerótico se circunscribía a un pequeño grupo de coleccionistas, principalmente de la comunidad gay”, explica el experto en arte moderno y contemporáneo de Catawiki David López-Carcedo. “Se mantenía en gran medida ocultado a la sociedad, y los artistas a menudo trabajaban en secreto o incluso se enfrentaban a acusaciones de actividad delictiva, sobre todo a mediados del siglo XX. No obstante, desde las décadas de 1980 y 1990, el interés ha crecido significativamente, y en la actualidad va mucho más allá de los coleccionistas homosexuales. Así que, aunque el interés en sí no es nuevo, sí lo es el atractivo más generalizado que vemos hoy en día”.


Izquierda: “Sensuality” de Kasper Grzegorz Kasperek |  Derecha: la casa de Henry Miller.Imágenes: ©Paultuckerstudio

Sexualidad sutil

Sin embargo, para muchos artistas y coleccionistas de arte homoerótico del siglo XX era necesaria una coartada —otra cualidad de estas obras, como la composición o la escena— para justificar el interés por este tipo de arte. Por este motivo, muchas obras homoeróticas son más sutiles que manifiestamente explícitas o sexuales.

“Como artista, podías pintar una escena de dos hombres desnudos junto al agua y, si lo llamabas romanticismo alemán, estaba bien”, explica Miller, que señala recursos como los marineros y los caballos para denotar un trasfondo homoerótico. “Existe un magnífico ejemplo en una obra de Patrick Hennessey titulada ‘Atlas Beach’. A primera vista, parece que hay unos hombres en una playa de Tánger que tiene ese mismo nombre. Pero para los entendidos, retrataba a unos hombres ligando encima de un club gay llamado Atlas Beach”.

La suspensión de la imaginación es una de las grandes cualidades del arte homoerótico. La obra de Michael Leonard (“maravillosamente sexy y poco erótica”, dice Miller) es un ejemplo de ello, pues su arte encarna la idea de lo sexy en estado de suspensión. Y son este tipo de obras las que López-Carcedo cree que hacen perdurar el atractivo del arte homoerótico.

“El arte homoerótico no solo debe evocar la desnudez o la sexualidad, sino también transmitir ideas relacionadas con la transgresión o evocar algo inimaginablemente enrevesado”, dice. “A menudo es sutil, y ahí es donde reside gran parte de su valor artístico. Puede ser sugerente o prohibido, aunque hoy en día hay muy pocas cosas realmente prohibidas en este ámbito. Las obras más codiciadas tienden a adecuarse a lo que está más aceptado normativamente desde el punto de vista de lo visual: cuerpos muy idealizados y escenas sugerentes que despiertan la imaginación del espectador”.

Historia atribulada

El escándalo siempre ha perseguido al homoerotismo, independientemente del formato; desde pinturas clásicas en la Florencia renacentista —ciudad en la que se que un grupo de para hacer frente a la sodomía conocido como los Ufficiali di Notte— hasta medios modernos como las revistas eróticas. João Florêncio, profesor de la Universidad de Linköping (Suecia), lleva años estudiando el homoerotismo en la cultura visual y afirma que su resurgimiento no es un fenómeno nuevo.

“Las imágenes homoeróticas siempre han estado ahí, desde los frescos de Pompeya”, explica Florêncio. “En la Roma clásica y en la época precristiana, formaban parte de la cultura visual y su intercambio se daba predominante entre hombres de las clases altas. Durante el Renacimiento, las imágenes homoeróticas resurgieron a medida que el arte grecorromano volvía a ser apreciado, incluso cuando la homosexualidad era ilegal. Las imágenes de deidades estaban permitidas porque eran mitológicas; el problema eran las pinturas de personas reales. Con el tiempo, todo lo homoerótico se ‘apartó’ porque se consideraba peligroso para las mujeres y las clases trabajadoras”.

Un dibujo basado en un fragmento de una antigua vasija de vidrio romana. 1826-1827, Museo Británico, Londres

Hombres desnudos en calcetines

Buena parte del arte que hoy consideramos homoerótico es de una época en la que era peligroso crearlo. Y este contexto, junto con el auge de internet, ha permitido que el arte homoerótico adquiera un nuevo sentido para los coleccionistas y quizás explique por qué la gente lo busca cada vez más.

“Ya sean pinturas clásicas o fanzines actuales, son objetos culturales, un rincón de historia compartida para la gente queer”, explica Florêncio, que también colecciona desde hace tiempo artículos de temática homoerótica analógicos. “El auge de internet ha homogeneizado la identidad queer; mi pareja y yo bromeamos sobre el ‘arte gay’ moderno, que a menudo no es más que dibujos de hombres desnudos en calcetines. Pero en la época clásica y en el siglo XX, había un lenguaje menos homogéneo y más sentido de originalidad en vez de repetición. Estas obras tienen una fuerza indescriptible. Sientes que forman parte de tu historia, y las coleccionas porque no quieres que desaparezcan”.

El arte homoerótico, como gran parte de la cultura queer, ha dependido de personas queer para su difusión. Gracias a coleccionistas como Miller y Florêncio, el mundo seguirá teniendo acceso a él. Se trata de algo con lo que Miller también se siente identificado: el poder de las obras creadas en épocas en las que la homosexualidad estaba amenazada y el tipo de subcultura que representan.


La casa de Henry Miller. Imagen: ©Paultuckerstudio

“Las obras más antiguas siguen interesándome porque eran furtivas”, dice Miller. “Y son muchos los artistas de este tipo que se pueden encontrar ahora: el Hockney de los inicios, John Minton, artistas alemanes como Sascha Schneider y estadounidenses como Paul Cadmus. Y, por supuesto, Tom of Finland”. Pero, por encima de todo, Miller afirma que su deseo de coleccionar está impulsado por una cosa: la belleza.

“Me atraen las cosas que son bellas. Quiero cosas bonitas en mis paredes. Creo que es lo que todo el mundo quiere”.

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