N. 105886871

Josep Guinovart (1927-2007) - Azul de travesía
N. 105886871

Josep Guinovart (1927-2007) - Azul de travesía
Pictura Galeria presenta este magnífico grabado perteneciente a Josep Guinovart, que representa una pequeña embarcación de vela blanca que avanza solitaria por un inmenso paisaje marino, simbolizando la libertad, la esperanza y el viaje hacia nuevos horizontes.
· Dimensiones con marco: 93x73x2 cm.
· Dimensiones de la litografía: 76x56 cm.
· Grabado firmado a mano por el artista en la parte inferior derecha.
· Edición limitada H.C.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.
La litografía será embalada de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta una poderosa visión marina de carácter abstracto, dominada por una amplia gama de azules, verdes grisáceos y negros profundos. En medio de esta inmensidad aparece una pequeña embarcación de vela blanca que avanza solitaria hacia la derecha, convirtiéndose en el único elemento claramente reconocible de la escena. Su presencia delicada contrasta con la monumentalidad del espacio que la rodea y transmite una intensa sensación de libertad, aventura y fragilidad ante la fuerza de la naturaleza.
La composición parece extenderse más allá de sus propios límites, como si representara solamente un fragmento de un paisaje marino mucho más amplio. Las grandes superficies azuladas se superponen y atraviesan la imagen mediante movimientos amplios y envolventes, sugiriendo la existencia de olas, corrientes, viento y cambios de luz. Esta falta de fronteras precisas entre el agua y el cielo crea una atmósfera abierta, en la que ambos elementos parecen fundirse.
La zona superior está ocupada por tonalidades turquesas, verdes azulados y grises claros que evocan un cielo cubierto por una luminosidad suave. Numerosas señales claras recorren este espacio con direcciones diferentes, recordando nubes arrastradas por el viento, destellos sobre el agua o ráfagas que atraviesan el horizonte. La sensación general es la de una naturaleza activa, cambiante y en constante movimiento.
Desde la esquina superior izquierda desciende una gran forma azul oscura que atraviesa diagonalmente la composición. Su presencia puede recordar una ola elevada, una montaña costera contemplada desde el mar o una enorme sombra proyectada sobre el agua. Esta estructura introduce profundidad y dirige la mirada hacia el centro, donde las distintas tonalidades empiezan a mezclarse con mayor intensidad.
En el corazón de la obra se extiende una amplia masa azul grisácea de contornos irregulares. Dentro de ella aparecen zonas más claras, curvas, remolinos y pequeñas marcas que sugieren la agitación de la superficie marina. Algunas formas parecen girar sobre sí mismas, como espuma atrapada por una corriente, mientras otras avanzan en diagonal y transmiten la impresión de un viento firme que empuja el agua y la embarcación.
La pequeña vela blanca, situada cerca del margen derecho, se convierte en un punto de luz extraordinariamente importante. Su forma triangular destaca con claridad frente a los tonos oscuros y azulados del entorno. A pesar de su reducido tamaño, atrae inmediatamente la mirada y proporciona a la composición una dimensión narrativa: alguien parece estar atravesando este paisaje inmenso, avanzando hacia un destino desconocido.
Bajo la vela se distingue una pequeña forma marrón que sugiere el casco de la embarcación. La simplicidad de su presencia refuerza la idea de distancia, como si el velero fuera contemplado desde una costa elevada o desde otro punto remoto del mar. No se distinguen personas a bordo, lo que permite imaginar a un navegante solitario o convertir la barca en un símbolo universal del viaje humano.
La relación entre la embarcación y el espacio que la rodea resulta profundamente evocadora. El velero parece diminuto frente a las grandes masas de color, pero al mismo tiempo mantiene una presencia firme y decidida. La vela permanece abierta y luminosa, señal de que continúa avanzando pese a la inmensidad del océano. Esta tensión entre fragilidad y determinación aporta a la obra una emoción contenida y muy sugerente.
En la parte inferior aparecen grandes formas negras que atraviesan horizontalmente la composición. Sus perfiles largos, curvos e irregulares pueden recordar una barca vista de cerca, una estructura portuaria, una sombra sobre el agua o incluso los restos de una embarcación antigua. Su oscuridad introduce un fuerte contraste con los azules circundantes y proporciona una base visual sólida al conjunto.
Dos formas verticales negras se elevan desde los extremos de esta estructura inferior. La situada a la izquierda posee una presencia más ancha y contundente, mientras la de la derecha parece más estrecha e irregular. Entre ambas se extiende una larga franja oscura que podría interpretarse como una pasarela, un muelle, una borda o una gran silueta reflejada sobre el mar. Su carácter indefinido enriquece la escena y deja espacio para la imaginación.
Por debajo de esta franja se perciben nuevos recorridos oscuros y azulados que recuerdan el movimiento de las aguas cercanas. Algunas zonas claras aparecen entre las formas negras como reflejos de luz que logran atravesar la superficie. Este juego entre oscuridad y luminosidad genera profundidad y hace que la zona inferior parezca encontrarse mucho más próxima al espectador.
La composición establece así un interesante contraste entre dos escalas. En primer plano se encuentran las grandes estructuras oscuras, sólidas y dominantes; en la distancia, el pequeño velero blanco navega rodeado por un espacio abierto. Esta diferencia crea una sensación de perspectiva y permite imaginar que el espectador contempla la embarcación desde la protección de un puerto, una costa rocosa o una nave de mayores dimensiones.
La gama cromática está construida principalmente alrededor de diferentes matices de azul. Aparecen azules profundos y nocturnos, otros más suaves cercanos al gris, tonalidades turquesas y zonas verdosas que aportan variedad y riqueza. Los negros intensifican el dramatismo, mientras los blancos y cremas introducen luz y permiten que determinados elementos emerjan con fuerza.
El color azul transmite serenidad, profundidad y una cierta melancolía. Sin embargo, la energía de las formas evita que la escena resulte completamente tranquila. Todo parece estar desplazándose: el cielo cambia, las aguas se remueven, las sombras se alargan y la vela avanza. De este modo, la obra combina una atmósfera contemplativa con una poderosa sensación de movimiento.
La escena puede interpretarse como un homenaje al mar y a su capacidad para despertar emociones contradictorias. El océano aparece como un espacio de libertad y belleza, pero también como un territorio inmenso e imprevisible. La pequeña embarcación parece aceptar esta dualidad y continuar su rumbo, convirtiéndose en una imagen de valentía, confianza y búsqueda personal.
También puede entenderse como una metáfora del viaje de la vida. La vela blanca representaría al individuo que avanza por un mundo mucho más grande que él, rodeado por corrientes, obstáculos y cambios constantes. Aunque el destino no aparece visible, la embarcación mantiene su dirección, transmitiendo la idea de perseverancia y de confianza en el camino elegido.
La ausencia de un horizonte claramente delimitado aumenta el carácter poético de la obra. El mar y el cielo parecen formar una misma extensión cambiante, haciendo que el velero navegue en un espacio casi imaginario. Esta ambigüedad transforma el paisaje en una experiencia emocional y permite que cada espectador proyecte en él sus propios recuerdos, deseos o inquietudes.
La luminosidad de la vela puede interpretarse también como un símbolo de esperanza. En medio de las grandes superficies oscuras, ese pequeño triángulo blanco permanece visible y parece avanzar hacia una zona más abierta. Su tamaño reducido no disminuye su importancia; al contrario, demuestra cómo un único punto de claridad puede modificar por completo la lectura de una composición.
La obra invita a imaginar el sonido del viento, el golpe de las olas contra una estructura cercana y el leve crujido de la embarcación al avanzar. También evoca el olor salino del aire y la sensación de contemplar el horizonte durante una jornada de navegación. Esta capacidad para despertar sensaciones convierte la escena en una experiencia inmersiva y profundamente evocadora.
Por su elegante predominio de azules y su marcada personalidad, este cuadro aportaría profundidad y carácter a un salón contemporáneo, un despacho, una biblioteca o una estancia de inspiración marítima. Sobre una pared clara, sus tonos oscuros adquirirían una presencia especialmente sofisticada, mientras que la pequeña vela blanca actuaría como un delicado punto de luz capaz de atraer la mirada.
En conjunto, la obra ofrece una visión intensa y poética de una pequeña embarcación que navega solitaria entre inmensas extensiones azules y grandes formas oscuras. La vela blanca, delicada pero decidida, introduce una poderosa idea de esperanza y libertad frente a la monumentalidad del mar. Entre el paisaje, la abstracción y el simbolismo, el cuadro habla del viaje, de la búsqueda de nuevos horizontes y de la voluntad de seguir avanzando incluso cuando el destino todavía no puede verse.
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