Lídia Vives - Too young for any shit





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Description from the seller
impresión y autenticidad
Impresión Fine Art en papel Hahnemühle Baryta con acabado extrabrillante.
Se entrega firmada y numerada, con certificado de autenticidad.
Envío
La obra se envía en tubo o sobre rígido según destino.
En el paquete se incluyen guantes de algodón y una postal firmada.
SOBRE LA OBRA — Too young for any shit
Esta fotografÃa fue creada con motivo de mi cumpleaños y parte de una contradicción deliberada. La frase escrita en el pastel, Too young for any shit, invierte la expresión habitual Too old for that shit para cuestionar las normas invisibles que empiezan a imponerse —especialmente a las mujeres— al cruzar la frontera de los treinta.
A partir de cierta edad, parece activarse un guion no escrito: cómo deberÃamos vernos, comportarnos, desear, y qué cosas deberÃamos abandonar con discreción. La estética juvenil, lo lúdico, lo sensible, lo suave o lo fantasioso se etiqueta con facilidad como inapropiado, frÃvolo o ridÃculo. En cambio, la madurez se nos exige seria, contenida, controlada.
Too young for any shit se opone a esa narrativa. La escena doméstica —pastel, tonos pastel y apariencia dulce— está cuidadosamente construida para ocultar una tensión sutil: el pastel caÃdo, el cuchillo, la quietud del gato y la mirada de la protagonista sugieren un instante de pausa más que una celebración. Bajo el encanto superficial aparece una resistencia silenciosa: la decisión de no encajar en una idea prescrita de “madurar correctamente”.
En el fondo, la obra habla de recuperar la agencia sobre el deseo y la identidad. Para mÃ, crecer no significa renunciar a ciertos colores, pelÃculas, estéticas o formas de vestir. Al contrario: la verdadera magia de la adultez es la libertad de darme por fin lo que antes se me negó. Elegir la alegrÃa, la nostalgia o la ternura no por inmadurez, sino por convición.
Esta imagen no trata de negarse a envejecer; trata de negarse a envejecer como se espera. Propone que la madurez no es un destino, sino una construcción personal donde pueden convivir juego, contradicción y placer con el paso del tiempo.
Seller's Story
impresión y autenticidad
Impresión Fine Art en papel Hahnemühle Baryta con acabado extrabrillante.
Se entrega firmada y numerada, con certificado de autenticidad.
Envío
La obra se envía en tubo o sobre rígido según destino.
En el paquete se incluyen guantes de algodón y una postal firmada.
SOBRE LA OBRA — Too young for any shit
Esta fotografÃa fue creada con motivo de mi cumpleaños y parte de una contradicción deliberada. La frase escrita en el pastel, Too young for any shit, invierte la expresión habitual Too old for that shit para cuestionar las normas invisibles que empiezan a imponerse —especialmente a las mujeres— al cruzar la frontera de los treinta.
A partir de cierta edad, parece activarse un guion no escrito: cómo deberÃamos vernos, comportarnos, desear, y qué cosas deberÃamos abandonar con discreción. La estética juvenil, lo lúdico, lo sensible, lo suave o lo fantasioso se etiqueta con facilidad como inapropiado, frÃvolo o ridÃculo. En cambio, la madurez se nos exige seria, contenida, controlada.
Too young for any shit se opone a esa narrativa. La escena doméstica —pastel, tonos pastel y apariencia dulce— está cuidadosamente construida para ocultar una tensión sutil: el pastel caÃdo, el cuchillo, la quietud del gato y la mirada de la protagonista sugieren un instante de pausa más que una celebración. Bajo el encanto superficial aparece una resistencia silenciosa: la decisión de no encajar en una idea prescrita de “madurar correctamente”.
En el fondo, la obra habla de recuperar la agencia sobre el deseo y la identidad. Para mÃ, crecer no significa renunciar a ciertos colores, pelÃculas, estéticas o formas de vestir. Al contrario: la verdadera magia de la adultez es la libertad de darme por fin lo que antes se me negó. Elegir la alegrÃa, la nostalgia o la ternura no por inmadurez, sino por convición.
Esta imagen no trata de negarse a envejecer; trata de negarse a envejecer como se espera. Propone que la madurez no es un destino, sino una construcción personal donde pueden convivir juego, contradicción y placer con el paso del tiempo.

