Francesca Escobar (1972) - Sombra

07
days
22
hours
19
minutes
39
seconds
Current bid
€ 1
Reserve price not met
Antonio Yera
Expert
Estimate € 700 - € 1,100
FR
€1

Catawiki Buyer Protection

Your payment’s safe with us until you receive your object.View details

Trustpilot 4.4 | 141904 reviews

Rated Excellent on Trustpilot.

Francesca Escobar’s original oil painting Sombra, an edition original dated after 2020, 30 x 30 cm with a hand‑signed signature in the lower left, painted on canvas in oil and originating from Spain, in good condition.

AI-assisted summary

Description from the seller

Pictura Galeria präsentiert dieses magnífico obra de arte perteneciente a Francesca Escobar, que representa a una mujer disfrutando de un momento de descanso bajo una colorida sombrilla, frente a la inmensidad serena del mar en un luminoso día de verano. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.

· Dimensiones de la obra: 30x30x2 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la esquina izquierda de la obra, Francesca.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.

La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.

Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.

La obra será embalada de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.

------------------------------------------------------------------

Este cuadro presenta una escena luminosa y tranquila junto al mar, protagonizada por una mujer que descansa bajo una gran sombrilla mientras contempla la inmensidad azul que se extiende frente a ella. La composición transmite de inmediato la agradable sensación de una jornada de verano, con el cielo despejado, el agua en constante movimiento y la protección acogedora de la sombra. La figura aparece sentada de espaldas al espectador, permitiendo que quien observa la obra se sienta situado en la misma playa, como si ocupara un lugar cercano desde el que compartir el silencio, la brisa marina y la serenidad del momento.

La mujer se encuentra en el centro de la escena, sentada cómodamente sobre una silla de playa de respaldo azul intenso. Su postura es relajada, aunque mantiene los brazos levantados hacia el rostro, quizá bebiendo de una pequeña botella o refrescándose durante el calor del día. Este gesto sencillo aporta humanidad y naturalidad a la imagen, pues no parece una figura posando, sino una persona sorprendida en medio de un instante cotidiano. El bañador claro destaca sobre el tono cálido de su piel, mientras que el gorro rojizo que cubre su cabeza introduce una nota viva que atrae la mirada y diferencia claramente su silueta del fondo marino.

A su lado aparece una segunda silla vacía, ligeramente desplazada hacia la izquierda. Su presencia abre la escena a diferentes interpretaciones: puede pertenecer a una persona que se ha levantado para acercarse al agua, puede estar reservada para alguien que aún no ha llegado o puede simbolizar una compañía ausente. El asiento desocupado crea un delicado contraste con la figura central y añade una historia silenciosa a la imagen. Al mismo tiempo, invita simbólicamente al espectador a ocuparlo, a sentarse bajo la sombrilla y a compartir la contemplación de ese horizonte calmado.

La gran sombrilla domina la parte superior del cuadro y funciona como un amplio techo de colores cálidos. Sus secciones alternan naranjas luminosos, blancos suaves, rosas envejecidos y tonos rojizos, formando una estructura vistosa que se abre sobre las sillas. El mástil claro desciende verticalmente hasta la arena y divide parcialmente la composición, proporcionando equilibrio entre los distintos elementos. Su forma redondeada parece abrazar a la mujer y protegerla del sol, convirtiendo ese pequeño espacio de playa en una especie de refugio íntimo frente a la amplitud del mar.

Los tonos anaranjados de la sombrilla se relacionan con la piel bronceada de la bañista, con la bolsa colocada cerca de la silla y con la toalla que cae por uno de los lados. Esta repetición de colores cálidos genera una sensación de unidad y hace que todos los objetos parezcan pertenecer al mismo ambiente soleado. Frente a ellos, los azules profundos de las sillas y del agua aportan frescura, creando un contraste lleno de energía. La escena se construye así mediante una oposición armoniosa entre el calor de la tierra y el sol y la frescura del mar.

El agua ocupa gran parte del fondo y aparece formada por numerosas franjas horizontales de azul, celeste, blanco y violeta. Estas variaciones sugieren el avance de pequeñas olas hacia la orilla y reflejan los cambios de luz sobre la superficie marina. Aunque no se representa una fuerte agitación, el mar tampoco permanece completamente inmóvil: se percibe un movimiento continuo, pausado y rítmico. Esa sucesión de líneas acuáticas conduce la mirada hacia el horizonte y crea una agradable sensación de profundidad, como si la extensión azul continuara mucho más allá de los límites del cuadro.

En la parte superior, una estrecha franja de azul más oscuro señala la línea lejana del horizonte, separando el mar del cielo claro. El cielo mantiene una tonalidad suave y limpia que refuerza la impresión de un día despejado. No aparecen nubes, embarcaciones ni elementos que distraigan la atención, por lo que toda la fuerza visual queda concentrada en la bañista, la sombrilla y el mar. Esta sencillez permite que la escena respire y que el espectador experimente la amplitud del paisaje, el sonido imaginario de las olas y la quietud propia de las horas tranquilas de una tarde veraniega.

La parte inferior muestra una franja de arena clara sobre la que descansan las sillas y los objetos personales. Allí aparecen una bolsa anaranjada, una tela o toalla caída junto a la silla ocupada y otras pequeñas formas que completan el ambiente de playa. Estos detalles proporcionan cercanía y hacen que la escena resulte reconocible, familiar y espontánea. Nada parece excesivamente preparado: los objetos están dispuestos como quedarían después de instalarse cómodamente para pasar varias horas frente al mar.

La figura central, al permanecer de espaldas, conserva cierto misterio. No conocemos su rostro ni su expresión, pero su lenguaje corporal comunica calma, descanso y concentración en una acción sencilla. Puede estar disfrutando de una bebida fría, observando el oleaje o haciendo una pausa después de bañarse. La ausencia de contacto visual permite que su identidad quede abierta y universal, de manera que muchas personas pueden reconocerse en esa experiencia de desconexión y bienestar junto al agua.

También existe una interesante sensación de compañía y soledad al mismo tiempo. La mujer no aparece aislada de una forma triste, sino recogida en un espacio de paz, protegida por la sombrilla y acompañada simbólicamente por la silla vacía. El cuadro parece detener el tiempo en uno de esos momentos en los que no sucede nada extraordinario y, sin embargo, todo resulta agradable: el calor, la sombra, el rumor del mar, la bebida refrescante y la libertad de no tener ninguna prisa.

La distribución de los elementos consigue que la mirada avance desde las sillas del primer plano hasta la figura, continúe hacia la sombrilla y termine perdiéndose en la extensión azul. Los colores intensos dan vitalidad a la escena, mientras que la postura serena de la mujer suaviza esa energía. De esta manera, el cuadro combina dinamismo visual y calma emocional, haciendo que el ambiente resulte alegre sin ser ruidoso y luminoso sin perder su intimidad.

En conjunto, esta preciosa obra representa la esencia de un día de verano junto al mar: una mujer descansando bajo una sombrilla, rodeada de objetos sencillos y cotidianos, frente a un paisaje azul que transmite libertad, frescura y serenidad. La silla vacía, la amplitud del agua y la actitud relajada de la protagonista despiertan recuerdos de vacaciones, pausas sin horarios y momentos compartidos o vividos en soledad. Todo el cuadro invita a detenerse, respirar y disfrutar de la belleza de un instante tranquilo, convirtiendo una escena habitual de playa en una evocación cálida del descanso, el bienestar y la felicidad sencilla.

Pictura Galeria präsentiert dieses magnífico obra de arte perteneciente a Francesca Escobar, que representa a una mujer disfrutando de un momento de descanso bajo una colorida sombrilla, frente a la inmensidad serena del mar en un luminoso día de verano. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.

· Dimensiones de la obra: 30x30x2 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la esquina izquierda de la obra, Francesca.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.

La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.

Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.

La obra será embalada de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.

------------------------------------------------------------------

Este cuadro presenta una escena luminosa y tranquila junto al mar, protagonizada por una mujer que descansa bajo una gran sombrilla mientras contempla la inmensidad azul que se extiende frente a ella. La composición transmite de inmediato la agradable sensación de una jornada de verano, con el cielo despejado, el agua en constante movimiento y la protección acogedora de la sombra. La figura aparece sentada de espaldas al espectador, permitiendo que quien observa la obra se sienta situado en la misma playa, como si ocupara un lugar cercano desde el que compartir el silencio, la brisa marina y la serenidad del momento.

La mujer se encuentra en el centro de la escena, sentada cómodamente sobre una silla de playa de respaldo azul intenso. Su postura es relajada, aunque mantiene los brazos levantados hacia el rostro, quizá bebiendo de una pequeña botella o refrescándose durante el calor del día. Este gesto sencillo aporta humanidad y naturalidad a la imagen, pues no parece una figura posando, sino una persona sorprendida en medio de un instante cotidiano. El bañador claro destaca sobre el tono cálido de su piel, mientras que el gorro rojizo que cubre su cabeza introduce una nota viva que atrae la mirada y diferencia claramente su silueta del fondo marino.

A su lado aparece una segunda silla vacía, ligeramente desplazada hacia la izquierda. Su presencia abre la escena a diferentes interpretaciones: puede pertenecer a una persona que se ha levantado para acercarse al agua, puede estar reservada para alguien que aún no ha llegado o puede simbolizar una compañía ausente. El asiento desocupado crea un delicado contraste con la figura central y añade una historia silenciosa a la imagen. Al mismo tiempo, invita simbólicamente al espectador a ocuparlo, a sentarse bajo la sombrilla y a compartir la contemplación de ese horizonte calmado.

La gran sombrilla domina la parte superior del cuadro y funciona como un amplio techo de colores cálidos. Sus secciones alternan naranjas luminosos, blancos suaves, rosas envejecidos y tonos rojizos, formando una estructura vistosa que se abre sobre las sillas. El mástil claro desciende verticalmente hasta la arena y divide parcialmente la composición, proporcionando equilibrio entre los distintos elementos. Su forma redondeada parece abrazar a la mujer y protegerla del sol, convirtiendo ese pequeño espacio de playa en una especie de refugio íntimo frente a la amplitud del mar.

Los tonos anaranjados de la sombrilla se relacionan con la piel bronceada de la bañista, con la bolsa colocada cerca de la silla y con la toalla que cae por uno de los lados. Esta repetición de colores cálidos genera una sensación de unidad y hace que todos los objetos parezcan pertenecer al mismo ambiente soleado. Frente a ellos, los azules profundos de las sillas y del agua aportan frescura, creando un contraste lleno de energía. La escena se construye así mediante una oposición armoniosa entre el calor de la tierra y el sol y la frescura del mar.

El agua ocupa gran parte del fondo y aparece formada por numerosas franjas horizontales de azul, celeste, blanco y violeta. Estas variaciones sugieren el avance de pequeñas olas hacia la orilla y reflejan los cambios de luz sobre la superficie marina. Aunque no se representa una fuerte agitación, el mar tampoco permanece completamente inmóvil: se percibe un movimiento continuo, pausado y rítmico. Esa sucesión de líneas acuáticas conduce la mirada hacia el horizonte y crea una agradable sensación de profundidad, como si la extensión azul continuara mucho más allá de los límites del cuadro.

En la parte superior, una estrecha franja de azul más oscuro señala la línea lejana del horizonte, separando el mar del cielo claro. El cielo mantiene una tonalidad suave y limpia que refuerza la impresión de un día despejado. No aparecen nubes, embarcaciones ni elementos que distraigan la atención, por lo que toda la fuerza visual queda concentrada en la bañista, la sombrilla y el mar. Esta sencillez permite que la escena respire y que el espectador experimente la amplitud del paisaje, el sonido imaginario de las olas y la quietud propia de las horas tranquilas de una tarde veraniega.

La parte inferior muestra una franja de arena clara sobre la que descansan las sillas y los objetos personales. Allí aparecen una bolsa anaranjada, una tela o toalla caída junto a la silla ocupada y otras pequeñas formas que completan el ambiente de playa. Estos detalles proporcionan cercanía y hacen que la escena resulte reconocible, familiar y espontánea. Nada parece excesivamente preparado: los objetos están dispuestos como quedarían después de instalarse cómodamente para pasar varias horas frente al mar.

La figura central, al permanecer de espaldas, conserva cierto misterio. No conocemos su rostro ni su expresión, pero su lenguaje corporal comunica calma, descanso y concentración en una acción sencilla. Puede estar disfrutando de una bebida fría, observando el oleaje o haciendo una pausa después de bañarse. La ausencia de contacto visual permite que su identidad quede abierta y universal, de manera que muchas personas pueden reconocerse en esa experiencia de desconexión y bienestar junto al agua.

También existe una interesante sensación de compañía y soledad al mismo tiempo. La mujer no aparece aislada de una forma triste, sino recogida en un espacio de paz, protegida por la sombrilla y acompañada simbólicamente por la silla vacía. El cuadro parece detener el tiempo en uno de esos momentos en los que no sucede nada extraordinario y, sin embargo, todo resulta agradable: el calor, la sombra, el rumor del mar, la bebida refrescante y la libertad de no tener ninguna prisa.

La distribución de los elementos consigue que la mirada avance desde las sillas del primer plano hasta la figura, continúe hacia la sombrilla y termine perdiéndose en la extensión azul. Los colores intensos dan vitalidad a la escena, mientras que la postura serena de la mujer suaviza esa energía. De esta manera, el cuadro combina dinamismo visual y calma emocional, haciendo que el ambiente resulte alegre sin ser ruidoso y luminoso sin perder su intimidad.

En conjunto, esta preciosa obra representa la esencia de un día de verano junto al mar: una mujer descansando bajo una sombrilla, rodeada de objetos sencillos y cotidianos, frente a un paisaje azul que transmite libertad, frescura y serenidad. La silla vacía, la amplitud del agua y la actitud relajada de la protagonista despiertan recuerdos de vacaciones, pausas sin horarios y momentos compartidos o vividos en soledad. Todo el cuadro invita a detenerse, respirar y disfrutar de la belleza de un instante tranquilo, convirtiendo una escena habitual de playa en una evocación cálida del descanso, el bienestar y la felicidad sencilla.

Details

アーティスト
Francesca Escobar (1972)
フレーム付き
いいえ'
販売元
Gallery
エディション
Original
作品タイトル
Sombra
技法
Oil painting
署名
Hand signed
原産国
Spain
コンディション
Good condition
高さ
30 cm
幅
30 cm
スタイル
Post-Impressionism
時代
2020+
スペインVerified
1999
Objects sold
100%
protop

Similar objects

  • ​
    ​
    ​
  • ​
    ​
    ​
  • ​
    ​
    ​
  • ​
    ​
    ​
  • ​
    ​
    ​
  • ​
    ​
    ​
  • ​
    ​
    ​
  • ​
    ​
    ​
  • ​
    ​
    ​
  • ​
    ​
    ​

For you in

現代美術

  • ​
    ​
    ​
  • ​
    ​
    ​
  • ​
    ​
    ​
  • ​
    ​
    ​
  • ​
    ​
    ​
  • ​
    ​
    ​
  • ​
    ​
    ​
  • ​
    ​
    ​
  • ​
    ​
    ​
  • ​
    ​
    ​