Ramon Pujol (1947) - Tarde de cosecha

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Ramon Pujol(1947)油画布上作品,题为 Tarde de cosecha,原版,2010–2020 年间创作,尺寸 60 cm × 73 cm,手工签名,状态良好,西班牙出品,由 Galería 销售。

AI辅助摘要

卖家的描述

Pictura Galeria presentar esta magnífica obra de arte perteneciente a Ramon Pujol, que representa a dos campesinos trabajando durante la cosecha en un extenso campo rodeado de árboles, construcciones rurales y grandes montañas bajo un cielo cambiante. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.

· Dimensiones de la obra: 60x73x2 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la esquina izquierda de la obra.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación, presenta una mancha visible en las fotografías.

La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.

Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.

La obra será embalada de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.

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Este cuadro presenta una extensa escena rural dedicada al trabajo de la cosecha, desarrollada en un amplio campo rodeado de árboles, construcciones campesinas y grandes montañas. La mirada se adentra en un paisaje donde la tierra, la vegetación y el cielo se combinan para mostrar un momento concreto de la vida agrícola. Numerosos haces de cereal se distribuyen por toda la superficie, mientras dos figuras trabajan entre ellos, convirtiéndose en el centro humano de una composición dominada por la naturaleza y por el esfuerzo cotidiano.

En el primer plano aparecen varios grandes montones de cereal dispuestos de manera irregular. Algunos se encuentran muy cerca del espectador y quedan parcialmente recortados por los bordes del cuadro, lo que aumenta la sensación de profundidad y permite imaginar que el campo continúa más allá de la imagen. Sus formas compactas, oscuras en la base y más iluminadas en las partes superiores, transmiten peso y volumen. Las hebras que sobresalen de los haces refuerzan su apariencia seca y muestran el resultado de una jornada de recolección.

La distribución de estos montones crea un recorrido visual que conduce desde el primer plano hasta el centro y el fondo. Los haces más cercanos son grandes y definidos, mientras que los situados a mayor distancia se reducen progresivamente. Esta sucesión establece una perspectiva clara y hace que el campo parezca amplio y profundo. Al mismo tiempo, cada conjunto posee una forma ligeramente diferente, evitando la monotonía y aportando naturalidad a la escena.

La tierra muestra una combinación de tonos dorados, ocres, marrones, rosados y verdes. Las áreas más secas conservan el color cálido de los restos de cereal, mientras que algunos fragmentos de vegetación verde sobreviven entre las zonas ya cosechadas. Esta alternancia cromática hace visible la transformación del terreno tras el trabajo agrícola. El campo ya no aparece cubierto por una plantación uniforme, sino marcado por los cortes, los senderos y los lugares donde se han agrupado los haces.

En la zona central derecha destacan dos campesinos que trabajan juntos junto a una larga hilera de cereal. Uno permanece de pie y viste una camisa clara, pantalones oscuros y un sombrero que lo protege del sol. El otro aparece inclinado hacia delante, concentrado en recoger, ordenar o asegurar uno de los montones. Su postura agachada expresa de manera directa el esfuerzo físico que requiere la tarea, mientras que la figura erguida parece observar el trabajo realizado o prepararse para continuar.

La pequeña escala de los trabajadores frente a la amplitud del campo subraya la dureza de su labor y la inmensidad del entorno que deben recorrer. A pesar de ser figuras discretas, atraen inmediatamente la atención porque introducen movimiento, historia y humanidad. Su presencia permite comprender la función de todos los haces distribuidos por el terreno y transforma el paisaje en el testimonio de una actividad colectiva. No son simples elementos decorativos, sino los protagonistas silenciosos de una jornada larga y exigente.

La indumentaria de los campesinos resulta sencilla y práctica, apropiada para el trabajo al aire libre. Los sombreros protegen sus cabezas, mientras que las prendas claras destacan sobre los colores terrosos del campo. Uno de ellos lleva una pieza azul que introduce una pequeña nota de frescura en el centro de la composición. Este toque cromático ayuda a separar las figuras del entorno y concentra la mirada en la acción que realizan.

Tras los trabajadores se observan muchos otros haces organizados por el campo. Algunos forman agrupaciones compactas y otros aparecen aislados, esperando ser recogidos o transportados. La repetición de estas formas transmite la idea de una cosecha abundante y de una tarea que todavía no ha terminado. Cada montón parece señalar una etapa del trabajo ya completada, de modo que el paisaje se convierte también en un registro visual del esfuerzo acumulado.

En el plano intermedio aparece una construcción rural de paredes oscuras y cubierta rojiza, parcialmente protegida por un gran árbol. El edificio parece un granero, un almacén o una casa de campo vinculada directamente con la explotación agrícola. Su presencia introduce una referencia estable y cotidiana, recordando que este paisaje no es solamente un espacio natural, sino también un lugar habitado y trabajado durante generaciones.

A la izquierda pueden distinguirse otras construcciones pequeñas, algunas cubiertas por la sombra de las montañas y de los árboles. Estas edificaciones quedan integradas discretamente en el entorno y refuerzan la impresión de encontrarnos en una comunidad rural aislada. Sus formas sencillas y sus tejados bajos establecen una relación armónica con el terreno, como si hubieran surgido del propio paisaje y llevaran mucho tiempo formando parte de él.

Los árboles distribuidos por la zona intermedia aportan verticalidad y rompen la horizontalidad del campo. En el centro se alza un árbol grande y frondoso, de copa oscura y densa, que protege visualmente la construcción situada detrás. A su izquierda aparece otro árbol más claro y luminoso, cuyas hojas amarillentas reciben la luz con mayor intensidad. El contraste entre ambos crea variedad y sugiere la proximidad del final del verano o el comienzo del otoño.

Hacia el fondo, el terreno se eleva y da paso a una sucesión de montañas. Sus perfiles se superponen en distintos niveles, desde las laderas oscuras más cercanas hasta las elevaciones azuladas y grises que parecen desaparecer en la distancia. Esta gradación amplía el espacio y sitúa la escena en un valle profundo, rodeado por una naturaleza imponente. Las montañas actúan como una barrera protectora alrededor del campo y acentúan la sensación de aislamiento.

Entre las montañas del lado izquierdo se distingue una superficie clara que podría corresponder a un lago, un río ancho o una zona bañada por la luz. Su presencia introduce un elemento luminoso que contrasta con las laderas oscuras y abre una pequeña ventana hacia la lejanía. Este resplandor conduce la mirada hasta el fondo del valle y aporta una nota de misterio, pues no se define completamente la naturaleza de ese espacio brillante.

El cielo ocupa una parte importante de la composición y aparece cubierto por grandes masas de nubes grises, azuladas y rosadas. Algunas zonas dejan pasar una claridad cálida que tiñe el ambiente, mientras que otras resultan más densas y amenazantes. La atmósfera sugiere un momento de transición, quizá las últimas horas de la tarde o la proximidad de un cambio de tiempo. Los campesinos parecen aprovechar la luz disponible para terminar su labor antes de que oscurezca o llegue la lluvia.

Una estrecha franja rosada atraviesa el cielo y aporta calidez al conjunto. Este resplandor se relaciona con los tonos dorados y rojizos del terreno, uniendo visualmente la parte superior y la inferior de la escena. La luz no cae de forma uniforme, sino que selecciona determinadas zonas: algunos árboles, ciertos haces y partes del campo aparecen más iluminados, mientras que otros lugares quedan envueltos en sombras profundas. Este juego de claridad y oscuridad intensifica la atmósfera y da al paisaje un carácter solemne.

La obra transmite una sensación de silencio, pero no de inmovilidad. Aunque no aparecen máquinas, animales ni grupos numerosos, se percibe el ritmo constante del trabajo humano. Los haces ya formados, las figuras ocupadas y la extensión del campo hablan de una actividad continuada durante muchas horas. La escena invita a imaginar el sonido del cereal seco, los pasos sobre la tierra, el viento entre los árboles y las voces ocasionales de los trabajadores.

También existe una clara relación entre el ser humano y la naturaleza. Los campesinos dependen de la tierra, de las estaciones y del clima, pero al mismo tiempo transforman el paisaje mediante su esfuerzo. Los montones de cereal representan el fruto de ese vínculo: son el resultado de meses de crecimiento y de una jornada de recolección. La presencia de las montañas y del cielo recuerda, sin embargo, que la naturaleza continúa siendo mucho más grande y poderosa que las personas que la trabajan.

La imagen posee además un marcado carácter evocador. Puede despertar recuerdos de un mundo rural basado en las labores manuales, en la colaboración y en el conocimiento transmitido entre generaciones. Los edificios sencillos, los campos abiertos y las figuras inclinadas sobre la cosecha hablan de una forma de vida estrechamente unida a los ciclos naturales. La escena no idealiza completamente el trabajo, pues también hace visible su dureza, pero reconoce su dignidad y su importancia.

En conjunto, este precioso cuadro representa una jornada de cosecha en un amplio valle montañoso, donde dos campesinos trabajan entre numerosos haces de cereal bajo un cielo cubierto de nubes. La amplitud del campo, la presencia de las construcciones rurales, los grandes árboles y las montañas lejanas crean una escena profunda y envolvente. La obra transmite esfuerzo, abundancia, serenidad y respeto por la vida campesina, convirtiendo una actividad cotidiana en una emotiva celebración de la tierra, del trabajo y del paso de las estaciones.

Pictura Galeria presentar esta magnífica obra de arte perteneciente a Ramon Pujol, que representa a dos campesinos trabajando durante la cosecha en un extenso campo rodeado de árboles, construcciones rurales y grandes montañas bajo un cielo cambiante. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.

· Dimensiones de la obra: 60x73x2 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la esquina izquierda de la obra.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación, presenta una mancha visible en las fotografías.

La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.

Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.

La obra será embalada de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.

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Este cuadro presenta una extensa escena rural dedicada al trabajo de la cosecha, desarrollada en un amplio campo rodeado de árboles, construcciones campesinas y grandes montañas. La mirada se adentra en un paisaje donde la tierra, la vegetación y el cielo se combinan para mostrar un momento concreto de la vida agrícola. Numerosos haces de cereal se distribuyen por toda la superficie, mientras dos figuras trabajan entre ellos, convirtiéndose en el centro humano de una composición dominada por la naturaleza y por el esfuerzo cotidiano.

En el primer plano aparecen varios grandes montones de cereal dispuestos de manera irregular. Algunos se encuentran muy cerca del espectador y quedan parcialmente recortados por los bordes del cuadro, lo que aumenta la sensación de profundidad y permite imaginar que el campo continúa más allá de la imagen. Sus formas compactas, oscuras en la base y más iluminadas en las partes superiores, transmiten peso y volumen. Las hebras que sobresalen de los haces refuerzan su apariencia seca y muestran el resultado de una jornada de recolección.

La distribución de estos montones crea un recorrido visual que conduce desde el primer plano hasta el centro y el fondo. Los haces más cercanos son grandes y definidos, mientras que los situados a mayor distancia se reducen progresivamente. Esta sucesión establece una perspectiva clara y hace que el campo parezca amplio y profundo. Al mismo tiempo, cada conjunto posee una forma ligeramente diferente, evitando la monotonía y aportando naturalidad a la escena.

La tierra muestra una combinación de tonos dorados, ocres, marrones, rosados y verdes. Las áreas más secas conservan el color cálido de los restos de cereal, mientras que algunos fragmentos de vegetación verde sobreviven entre las zonas ya cosechadas. Esta alternancia cromática hace visible la transformación del terreno tras el trabajo agrícola. El campo ya no aparece cubierto por una plantación uniforme, sino marcado por los cortes, los senderos y los lugares donde se han agrupado los haces.

En la zona central derecha destacan dos campesinos que trabajan juntos junto a una larga hilera de cereal. Uno permanece de pie y viste una camisa clara, pantalones oscuros y un sombrero que lo protege del sol. El otro aparece inclinado hacia delante, concentrado en recoger, ordenar o asegurar uno de los montones. Su postura agachada expresa de manera directa el esfuerzo físico que requiere la tarea, mientras que la figura erguida parece observar el trabajo realizado o prepararse para continuar.

La pequeña escala de los trabajadores frente a la amplitud del campo subraya la dureza de su labor y la inmensidad del entorno que deben recorrer. A pesar de ser figuras discretas, atraen inmediatamente la atención porque introducen movimiento, historia y humanidad. Su presencia permite comprender la función de todos los haces distribuidos por el terreno y transforma el paisaje en el testimonio de una actividad colectiva. No son simples elementos decorativos, sino los protagonistas silenciosos de una jornada larga y exigente.

La indumentaria de los campesinos resulta sencilla y práctica, apropiada para el trabajo al aire libre. Los sombreros protegen sus cabezas, mientras que las prendas claras destacan sobre los colores terrosos del campo. Uno de ellos lleva una pieza azul que introduce una pequeña nota de frescura en el centro de la composición. Este toque cromático ayuda a separar las figuras del entorno y concentra la mirada en la acción que realizan.

Tras los trabajadores se observan muchos otros haces organizados por el campo. Algunos forman agrupaciones compactas y otros aparecen aislados, esperando ser recogidos o transportados. La repetición de estas formas transmite la idea de una cosecha abundante y de una tarea que todavía no ha terminado. Cada montón parece señalar una etapa del trabajo ya completada, de modo que el paisaje se convierte también en un registro visual del esfuerzo acumulado.

En el plano intermedio aparece una construcción rural de paredes oscuras y cubierta rojiza, parcialmente protegida por un gran árbol. El edificio parece un granero, un almacén o una casa de campo vinculada directamente con la explotación agrícola. Su presencia introduce una referencia estable y cotidiana, recordando que este paisaje no es solamente un espacio natural, sino también un lugar habitado y trabajado durante generaciones.

A la izquierda pueden distinguirse otras construcciones pequeñas, algunas cubiertas por la sombra de las montañas y de los árboles. Estas edificaciones quedan integradas discretamente en el entorno y refuerzan la impresión de encontrarnos en una comunidad rural aislada. Sus formas sencillas y sus tejados bajos establecen una relación armónica con el terreno, como si hubieran surgido del propio paisaje y llevaran mucho tiempo formando parte de él.

Los árboles distribuidos por la zona intermedia aportan verticalidad y rompen la horizontalidad del campo. En el centro se alza un árbol grande y frondoso, de copa oscura y densa, que protege visualmente la construcción situada detrás. A su izquierda aparece otro árbol más claro y luminoso, cuyas hojas amarillentas reciben la luz con mayor intensidad. El contraste entre ambos crea variedad y sugiere la proximidad del final del verano o el comienzo del otoño.

Hacia el fondo, el terreno se eleva y da paso a una sucesión de montañas. Sus perfiles se superponen en distintos niveles, desde las laderas oscuras más cercanas hasta las elevaciones azuladas y grises que parecen desaparecer en la distancia. Esta gradación amplía el espacio y sitúa la escena en un valle profundo, rodeado por una naturaleza imponente. Las montañas actúan como una barrera protectora alrededor del campo y acentúan la sensación de aislamiento.

Entre las montañas del lado izquierdo se distingue una superficie clara que podría corresponder a un lago, un río ancho o una zona bañada por la luz. Su presencia introduce un elemento luminoso que contrasta con las laderas oscuras y abre una pequeña ventana hacia la lejanía. Este resplandor conduce la mirada hasta el fondo del valle y aporta una nota de misterio, pues no se define completamente la naturaleza de ese espacio brillante.

El cielo ocupa una parte importante de la composición y aparece cubierto por grandes masas de nubes grises, azuladas y rosadas. Algunas zonas dejan pasar una claridad cálida que tiñe el ambiente, mientras que otras resultan más densas y amenazantes. La atmósfera sugiere un momento de transición, quizá las últimas horas de la tarde o la proximidad de un cambio de tiempo. Los campesinos parecen aprovechar la luz disponible para terminar su labor antes de que oscurezca o llegue la lluvia.

Una estrecha franja rosada atraviesa el cielo y aporta calidez al conjunto. Este resplandor se relaciona con los tonos dorados y rojizos del terreno, uniendo visualmente la parte superior y la inferior de la escena. La luz no cae de forma uniforme, sino que selecciona determinadas zonas: algunos árboles, ciertos haces y partes del campo aparecen más iluminados, mientras que otros lugares quedan envueltos en sombras profundas. Este juego de claridad y oscuridad intensifica la atmósfera y da al paisaje un carácter solemne.

La obra transmite una sensación de silencio, pero no de inmovilidad. Aunque no aparecen máquinas, animales ni grupos numerosos, se percibe el ritmo constante del trabajo humano. Los haces ya formados, las figuras ocupadas y la extensión del campo hablan de una actividad continuada durante muchas horas. La escena invita a imaginar el sonido del cereal seco, los pasos sobre la tierra, el viento entre los árboles y las voces ocasionales de los trabajadores.

También existe una clara relación entre el ser humano y la naturaleza. Los campesinos dependen de la tierra, de las estaciones y del clima, pero al mismo tiempo transforman el paisaje mediante su esfuerzo. Los montones de cereal representan el fruto de ese vínculo: son el resultado de meses de crecimiento y de una jornada de recolección. La presencia de las montañas y del cielo recuerda, sin embargo, que la naturaleza continúa siendo mucho más grande y poderosa que las personas que la trabajan.

La imagen posee además un marcado carácter evocador. Puede despertar recuerdos de un mundo rural basado en las labores manuales, en la colaboración y en el conocimiento transmitido entre generaciones. Los edificios sencillos, los campos abiertos y las figuras inclinadas sobre la cosecha hablan de una forma de vida estrechamente unida a los ciclos naturales. La escena no idealiza completamente el trabajo, pues también hace visible su dureza, pero reconoce su dignidad y su importancia.

En conjunto, este precioso cuadro representa una jornada de cosecha en un amplio valle montañoso, donde dos campesinos trabajan entre numerosos haces de cereal bajo un cielo cubierto de nubes. La amplitud del campo, la presencia de las construcciones rurales, los grandes árboles y las montañas lejanas crean una escena profunda y envolvente. La obra transmite esfuerzo, abundancia, serenidad y respeto por la vida campesina, convirtiendo una actividad cotidiana en una emotiva celebración de la tierra, del trabajo y del paso de las estaciones.

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艺术家
Ramon Pujol (1947)
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出售者
画廊
版本
原创作品
作品名称
Tarde de cosecha
技术
油画
签名
Hand signed
国家
西班牙
状态
良好状态
高度
60 cm
宽度
73 cm
风格
后印象派
时间段
2010-2020年
西班牙经验证
1999
已售出的几件物品
100%
protop

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