Francesc Cabré Rofes (1909) - La torre y el mar





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賣家描述
Pictura Galeria presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Francesc Cabré, que representa un pueblo costero coronado por una antigua iglesia, con barcas varadas en primer plano bajo un cielo gris que envuelve la escena en una atmósfera serena y melancólica. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones del marco: 40,5x48,5x3 cm.
· Dimensiones de la obra: 27x35 cm.
· Óleo sobre tabla firmado a mano por el artista en la esquina derecha de la obra, F. Cabré.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
La obra será embalada de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta una evocadora vista de una población costera dominada por una iglesia elevada sobre la colina y por una gran embarcación varada en primer plano. La escena reúne arquitectura, vegetación, mar y cielo dentro de una composición de intensa personalidad, en la que la serenidad cotidiana del pueblo contrasta con una atmósfera ligeramente melancólica. Los tonos grises del cielo envuelven el paisaje y conceden protagonismo a las fachadas claras, a los verdes de la ladera y a la silueta luminosa del templo.
En la parte inferior destaca una gran barca blanca dispuesta horizontalmente sobre la orilla. Su casco alargado ocupa buena parte del primer plano y constituye uno de los elementos más llamativos de la obra. La franja rojiza que recorre su parte inferior aporta calidez y establece un atractivo contraste con el blanco, el negro y los matices grisáceos que definen el resto de la embarcación.
La barca aparece fuera del agua, descansando sobre la playa como si acabara de regresar de una jornada de pesca o estuviera esperando la próxima salida. Su presencia transmite reposo, pero también habla de la actividad marinera y de la relación íntima entre los habitantes del lugar y el mar. La estructura sencilla y robusta de la embarcación le concede un carácter humilde y auténtico, convirtiéndola en símbolo de una forma de vida tradicional.
Junto a ella puede distinguirse una embarcación más pequeña, situada hacia el lado derecho. Su posición vertical y ligeramente inclinada rompe la marcada horizontalidad del barco principal, aportando variedad y movimiento al primer término. Los pequeños detalles rojizos visibles en esta zona introducen discretos puntos de color que animan la escena sin alterar su atmósfera contenida.
La orilla aparece construida mediante tierras, ocres, grises y suaves tonos azulados. Estas variaciones sugieren una superficie húmeda y desigual, recorrida por pequeñas marcas y restos propios de un espacio portuario. En el extremo derecho, una estrecha presencia de agua azulada recuerda la cercanía inmediata del mar y completa el carácter costero del paisaje.
En el lado izquierdo se agrupa un reducido conjunto de casas sencillas, con tejados inclinados de tonos marrones y rojizos. Sus fachadas claras y sus formas irregulares aportan una dimensión doméstica y cercana. Parecen viviendas antiguas vinculadas a la actividad marinera, construidas muy cerca de la playa y protegidas por la elevación natural del terreno.
Entre estas casas y la gran embarcación aparecen pequeñas siluetas oscuras que sugieren la presencia de personas junto a la orilla. Aunque son figuras discretas, resultan esenciales para proporcionar escala y vida a la composición. Su tamaño reducido acentúa la monumentalidad del barco y de la colina, al tiempo que invita a imaginar una conversación tranquila, el final de una jornada de trabajo o una espera silenciosa frente al mar.
La zona central está ocupada por varias edificaciones de fachadas blancas, crema y rosadas. Sus ventanas, balcones y divisiones verticales aparecen resumidos mediante pequeños trazos oscuros y azulados que crean un agradable ritmo arquitectónico. Las diferentes alturas y anchuras de los edificios evitan la rigidez y transmiten la apariencia de un núcleo urbano crecido lentamente, adaptándose a la forma del paisaje.
Una de las construcciones centrales, de tonalidad rosada, destaca entre las demás y aporta una nota cálida dentro de la gama general. A ambos lados, las fachadas claras reflejan la escasa luminosidad del cielo y parecen surgir entre la vegetación. Este pequeño conjunto urbano transmite calma y sencillez, como si el tiempo avanzara allí a un ritmo más pausado.
Detrás de las casas se extiende una ladera cubierta por abundante vegetación. Los verdes profundos, esmeralda y oliva forman una masa compacta que separa el pueblo de la arquitectura elevada. Algunas copas se individualizan mediante tonos más claros, mientras otras se funden en grandes zonas oscuras que proporcionan profundidad y un carácter frondoso al paisaje.
En la parte superior de la colina se alza el gran conjunto religioso, verdadero eje monumental de la escena. Sus volúmenes amarillos, ocres y pardos destacan intensamente contra el cielo gris. La edificación parece asentarse sobre una amplia plataforma o recinto amurallado, dominando visualmente tanto el caserío como la playa situada a sus pies.
La torre, alta y estrecha, constituye el punto culminante de la composición. Su fachada amarilla recibe una claridad especial que la convierte en una presencia casi luminosa frente a la oscuridad del cielo. El perfil superior, ligeramente irregular, y la pequeña abertura visible cerca de la cima refuerzan su apariencia antigua y solemne.
Junto a la torre se distinguen diferentes cuerpos arquitectónicos superpuestos, con cubiertas inclinadas y zonas de sombra muy marcadas. Los tejados rojizos introducen una transición cromática entre los amarillos de los muros y los tonos oscuros de la construcción. La disposición escalonada de estos volúmenes sugiere un edificio desarrollado a lo largo del tiempo, profundamente ligado a la historia y a la identidad del lugar.
Más abajo aparece una construcción de cubierta triangular y fachada oscura, en la que se abren tres pequeños huecos negros. Este volumen se sitúa entre el recinto superior y la vegetación, actuando como enlace visual entre la monumentalidad del templo y la escala más cotidiana del pueblo. Sus líneas firmes y su tonalidad sobria aportan estabilidad al centro de la imagen.
La organización vertical de la escena resulta especialmente atractiva. La mirada comienza en la gran barca varada, avanza por las casas del paseo, asciende a través de la vegetación y termina en la torre de la iglesia. Este recorrido concede profundidad al paisaje y relaciona de manera natural los distintos ámbitos representados: el mar, la vida urbana y el patrimonio elevado sobre la colina.
El cielo ocupa más de la mitad de la composición y desempeña un papel fundamental en la atmósfera general. Grandes extensiones de gris, azul oscuro y verde apagado se desplazan horizontalmente sobre el pueblo, sugiriendo nubes densas y cargadas de humedad. La ausencia de una luz solar directa aporta una sensación de silencio, quietud y expectación, como si la lluvia pudiera comenzar en cualquier momento.
Las zonas más claras del cielo aparecen concentradas alrededor del horizonte y detrás de la colina. Esta luminosidad difusa permite que las siluetas de los edificios y de los árboles se recorten con claridad. En contraste, la parte superior presenta tonalidades más profundas, creando una bóveda atmosférica que parece pesar suavemente sobre el paisaje.
La paleta cromática establece un diálogo muy equilibrado entre tonos fríos y cálidos. Los grises y azulados dominan el cielo y la zona marina, mientras los amarillos de la iglesia, los rosados de las fachadas, los rojizos de los tejados y el casco de la barca introducen calidez. Los verdes de la vegetación sirven como transición y unifican los diferentes planos.
La ausencia de una actividad intensa refuerza el carácter contemplativo de la imagen. Los barcos descansan, las calles parecen tranquilas y las pequeñas figuras humanas apenas alteran el silencio del lugar. Todo parece suspendido durante un instante, quizá al final de la tarde o antes de la llegada de una tormenta.
La iglesia elevada puede interpretarse como una presencia protectora que vigila el pueblo desde la colina. Su torre sobresale por encima de todas las demás construcciones y establece una relación simbólica con la gran barca situada abajo. Entre ambas se desarrolla la vida de la población: una ligada a la memoria y a la espiritualidad; la otra, al trabajo, al viaje y al mar.
La obra también despierta una notable sensación de nostalgia. Las casas, las embarcaciones tradicionales y la arquitectura antigua evocan un enclave mediterráneo conservado en la memoria, contemplado desde la distancia. No se representa un acontecimiento extraordinario, sino la belleza silenciosa de un lugar cotidiano cargado de historia y carácter.
El contraste entre la gran superficie celeste y la concentración de elementos en la parte inferior concede amplitud al conjunto. El cielo permite que la escena respire y acentúa la pequeñez de las construcciones ante la inmensidad atmosférica. Al mismo tiempo, la densidad del pueblo, la vegetación y los barcos crea una base sólida que equilibra visualmente la composición.
La escena invita a imaginar el sonido leve de las olas, el roce del viento sobre los árboles, las voces lejanas de los pescadores y quizá el tañido de las campanas procedente de la torre. Estos elementos sugeridos enriquecen la contemplación y ayudan a percibir el paisaje como un entorno vivo, pese a la quietud que domina la imagen.
En conjunto, la obra ofrece una visión costera de gran fuerza evocadora, protagonizada por una embarcación varada frente a un pueblo que asciende por una colina coronada por una antigua iglesia. Las fachadas claras, la vegetación frondosa, la torre amarilla y el imponente cielo gris construyen una atmósfera serena, melancólica y profundamente mediterránea. El cuadro celebra la convivencia entre el mar, la arquitectura y la memoria, transformando un rincón marinero en una imagen atemporal llena de identidad, silencio y belleza.
Pictura Galeria presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Francesc Cabré, que representa un pueblo costero coronado por una antigua iglesia, con barcas varadas en primer plano bajo un cielo gris que envuelve la escena en una atmósfera serena y melancólica. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones del marco: 40,5x48,5x3 cm.
· Dimensiones de la obra: 27x35 cm.
· Óleo sobre tabla firmado a mano por el artista en la esquina derecha de la obra, F. Cabré.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
La obra será embalada de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta una evocadora vista de una población costera dominada por una iglesia elevada sobre la colina y por una gran embarcación varada en primer plano. La escena reúne arquitectura, vegetación, mar y cielo dentro de una composición de intensa personalidad, en la que la serenidad cotidiana del pueblo contrasta con una atmósfera ligeramente melancólica. Los tonos grises del cielo envuelven el paisaje y conceden protagonismo a las fachadas claras, a los verdes de la ladera y a la silueta luminosa del templo.
En la parte inferior destaca una gran barca blanca dispuesta horizontalmente sobre la orilla. Su casco alargado ocupa buena parte del primer plano y constituye uno de los elementos más llamativos de la obra. La franja rojiza que recorre su parte inferior aporta calidez y establece un atractivo contraste con el blanco, el negro y los matices grisáceos que definen el resto de la embarcación.
La barca aparece fuera del agua, descansando sobre la playa como si acabara de regresar de una jornada de pesca o estuviera esperando la próxima salida. Su presencia transmite reposo, pero también habla de la actividad marinera y de la relación íntima entre los habitantes del lugar y el mar. La estructura sencilla y robusta de la embarcación le concede un carácter humilde y auténtico, convirtiéndola en símbolo de una forma de vida tradicional.
Junto a ella puede distinguirse una embarcación más pequeña, situada hacia el lado derecho. Su posición vertical y ligeramente inclinada rompe la marcada horizontalidad del barco principal, aportando variedad y movimiento al primer término. Los pequeños detalles rojizos visibles en esta zona introducen discretos puntos de color que animan la escena sin alterar su atmósfera contenida.
La orilla aparece construida mediante tierras, ocres, grises y suaves tonos azulados. Estas variaciones sugieren una superficie húmeda y desigual, recorrida por pequeñas marcas y restos propios de un espacio portuario. En el extremo derecho, una estrecha presencia de agua azulada recuerda la cercanía inmediata del mar y completa el carácter costero del paisaje.
En el lado izquierdo se agrupa un reducido conjunto de casas sencillas, con tejados inclinados de tonos marrones y rojizos. Sus fachadas claras y sus formas irregulares aportan una dimensión doméstica y cercana. Parecen viviendas antiguas vinculadas a la actividad marinera, construidas muy cerca de la playa y protegidas por la elevación natural del terreno.
Entre estas casas y la gran embarcación aparecen pequeñas siluetas oscuras que sugieren la presencia de personas junto a la orilla. Aunque son figuras discretas, resultan esenciales para proporcionar escala y vida a la composición. Su tamaño reducido acentúa la monumentalidad del barco y de la colina, al tiempo que invita a imaginar una conversación tranquila, el final de una jornada de trabajo o una espera silenciosa frente al mar.
La zona central está ocupada por varias edificaciones de fachadas blancas, crema y rosadas. Sus ventanas, balcones y divisiones verticales aparecen resumidos mediante pequeños trazos oscuros y azulados que crean un agradable ritmo arquitectónico. Las diferentes alturas y anchuras de los edificios evitan la rigidez y transmiten la apariencia de un núcleo urbano crecido lentamente, adaptándose a la forma del paisaje.
Una de las construcciones centrales, de tonalidad rosada, destaca entre las demás y aporta una nota cálida dentro de la gama general. A ambos lados, las fachadas claras reflejan la escasa luminosidad del cielo y parecen surgir entre la vegetación. Este pequeño conjunto urbano transmite calma y sencillez, como si el tiempo avanzara allí a un ritmo más pausado.
Detrás de las casas se extiende una ladera cubierta por abundante vegetación. Los verdes profundos, esmeralda y oliva forman una masa compacta que separa el pueblo de la arquitectura elevada. Algunas copas se individualizan mediante tonos más claros, mientras otras se funden en grandes zonas oscuras que proporcionan profundidad y un carácter frondoso al paisaje.
En la parte superior de la colina se alza el gran conjunto religioso, verdadero eje monumental de la escena. Sus volúmenes amarillos, ocres y pardos destacan intensamente contra el cielo gris. La edificación parece asentarse sobre una amplia plataforma o recinto amurallado, dominando visualmente tanto el caserío como la playa situada a sus pies.
La torre, alta y estrecha, constituye el punto culminante de la composición. Su fachada amarilla recibe una claridad especial que la convierte en una presencia casi luminosa frente a la oscuridad del cielo. El perfil superior, ligeramente irregular, y la pequeña abertura visible cerca de la cima refuerzan su apariencia antigua y solemne.
Junto a la torre se distinguen diferentes cuerpos arquitectónicos superpuestos, con cubiertas inclinadas y zonas de sombra muy marcadas. Los tejados rojizos introducen una transición cromática entre los amarillos de los muros y los tonos oscuros de la construcción. La disposición escalonada de estos volúmenes sugiere un edificio desarrollado a lo largo del tiempo, profundamente ligado a la historia y a la identidad del lugar.
Más abajo aparece una construcción de cubierta triangular y fachada oscura, en la que se abren tres pequeños huecos negros. Este volumen se sitúa entre el recinto superior y la vegetación, actuando como enlace visual entre la monumentalidad del templo y la escala más cotidiana del pueblo. Sus líneas firmes y su tonalidad sobria aportan estabilidad al centro de la imagen.
La organización vertical de la escena resulta especialmente atractiva. La mirada comienza en la gran barca varada, avanza por las casas del paseo, asciende a través de la vegetación y termina en la torre de la iglesia. Este recorrido concede profundidad al paisaje y relaciona de manera natural los distintos ámbitos representados: el mar, la vida urbana y el patrimonio elevado sobre la colina.
El cielo ocupa más de la mitad de la composición y desempeña un papel fundamental en la atmósfera general. Grandes extensiones de gris, azul oscuro y verde apagado se desplazan horizontalmente sobre el pueblo, sugiriendo nubes densas y cargadas de humedad. La ausencia de una luz solar directa aporta una sensación de silencio, quietud y expectación, como si la lluvia pudiera comenzar en cualquier momento.
Las zonas más claras del cielo aparecen concentradas alrededor del horizonte y detrás de la colina. Esta luminosidad difusa permite que las siluetas de los edificios y de los árboles se recorten con claridad. En contraste, la parte superior presenta tonalidades más profundas, creando una bóveda atmosférica que parece pesar suavemente sobre el paisaje.
La paleta cromática establece un diálogo muy equilibrado entre tonos fríos y cálidos. Los grises y azulados dominan el cielo y la zona marina, mientras los amarillos de la iglesia, los rosados de las fachadas, los rojizos de los tejados y el casco de la barca introducen calidez. Los verdes de la vegetación sirven como transición y unifican los diferentes planos.
La ausencia de una actividad intensa refuerza el carácter contemplativo de la imagen. Los barcos descansan, las calles parecen tranquilas y las pequeñas figuras humanas apenas alteran el silencio del lugar. Todo parece suspendido durante un instante, quizá al final de la tarde o antes de la llegada de una tormenta.
La iglesia elevada puede interpretarse como una presencia protectora que vigila el pueblo desde la colina. Su torre sobresale por encima de todas las demás construcciones y establece una relación simbólica con la gran barca situada abajo. Entre ambas se desarrolla la vida de la población: una ligada a la memoria y a la espiritualidad; la otra, al trabajo, al viaje y al mar.
La obra también despierta una notable sensación de nostalgia. Las casas, las embarcaciones tradicionales y la arquitectura antigua evocan un enclave mediterráneo conservado en la memoria, contemplado desde la distancia. No se representa un acontecimiento extraordinario, sino la belleza silenciosa de un lugar cotidiano cargado de historia y carácter.
El contraste entre la gran superficie celeste y la concentración de elementos en la parte inferior concede amplitud al conjunto. El cielo permite que la escena respire y acentúa la pequeñez de las construcciones ante la inmensidad atmosférica. Al mismo tiempo, la densidad del pueblo, la vegetación y los barcos crea una base sólida que equilibra visualmente la composición.
La escena invita a imaginar el sonido leve de las olas, el roce del viento sobre los árboles, las voces lejanas de los pescadores y quizá el tañido de las campanas procedente de la torre. Estos elementos sugeridos enriquecen la contemplación y ayudan a percibir el paisaje como un entorno vivo, pese a la quietud que domina la imagen.
En conjunto, la obra ofrece una visión costera de gran fuerza evocadora, protagonizada por una embarcación varada frente a un pueblo que asciende por una colina coronada por una antigua iglesia. Las fachadas claras, la vegetación frondosa, la torre amarilla y el imponente cielo gris construyen una atmósfera serena, melancólica y profundamente mediterránea. El cuadro celebra la convivencia entre el mar, la arquitectura y la memoria, transformando un rincón marinero en una imagen atemporal llena de identidad, silencio y belleza.

