Alberto Ricardo (XXI) - Luz de atrdecer





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Luz de atrdecer είναι ένα giclée σε καμβά 65 x 100 cm, χειρογράφως υπογεγραμμένο, παραγόμενο στην Ισπανία το 2023, περιορισμένη έκδοση 3/5 και πωλείται απευθείας από τον καλλιτέχνη.
Περιγραφή από τον πωλητή
Έργο τέχνης δημιουργημένο σε επαγγελματικό καμβά με τη χρήση της τεχνικής giclée εκτύπωσης σε καμβά. Ψηφιακή τέχνη χρησιμοποιώντας σύγχρονα μέσα και AI
Obra del arte del artista Alberto Ricardo realizada en la técnica Impresión Giclée, sobre lienzo profesional de alta calidad, 100% algodón, máxima resistente a manipulación y agentes exteriores de la marca Eco Canvas Roma Glossy, satinado.
Garantizamos un producto duradero y de calidad visual.
Dimensión de 65 x 100 cm de pintura con 5 cm de profundidad.
Edicion limitada 3/5 firmada a mano en la parte frontal.
En el dorso de la pieza podrá encontrar los datos sobre la obra.
El envío se realizará a través de la Cia. United Parcel Service (UPS), para España y Europa, y a través de la Cia. Fedex para el resto del mundo.
La obra irá enrollada y estará protegida mediante varias capas de embalaje, nailón burbuja y colocada en un tubo resistente.
Una vez pagada la obra, se requieren tres días para el proceso de embalaje y entrega a la compañía de envió.
La pieza le llegará al termino de diez días, según el país de destino.
El retrato, aquí fragmentado, no busca contarlo todo. Deja fuera los ojos, pero no el alma. Lo que a primera vista podría parecer una omisión —la ausencia del rostro completo— se revela en cambio como una poderosa elección estética. Esta imagen no necesita miradas para conmover. Le basta una boca contenida, una clavícula que brilla bajo la luz, unos hombros que respiran dignidad y piel. Le basta la materia pictórica, el fuego del color, la carnalidad del trazo. Impresa en lienzo, esta obra no se contempla: se siente como un latido.
Desde lo técnico, nos encontramos ante una pintura de gran carga sensorial. La superficie pictórica está construida con una técnica de empaste rica en materia: pinceladas gruesas, texturas ondulantes, capas superpuestas que dan vida a la piel, a las flores, al fondo. El dominio de la luz es magistral. No hay blanco puro, pero la iluminación está presente en los reflejos dorados sobre los hombros y el escote. Cada sombra está cargada de matices: violetas, tierras, rojos. La piel no es plana ni uniforme; es un campo de energía donde el óleo vibra, susurra.
El color es protagonista indiscutible. Rojos ardientes, naranjas saturados, amarillos intensos, azules profundos: todo parece inflamado por una emoción contenida. El contraste entre la calidez del cuerpo y el frescor del azul en el fondo genera una tensión visual envolvente. Las flores —o llamas, o explosiones, según cómo se miren— no son ornamentos: son extensiones emocionales del personaje, una manifestación del paisaje interior que brota desde el pecho y se desborda hacia el espacio.
Conceptualmente, la obra juega con lo fragmentario para proponer una totalidad simbólica. Al eliminar el rostro, nos obliga a mirar de otra manera. El anonimato no anula la identidad: la universaliza. Esta mujer, sin nombre ni mirada, representa muchas. Es cuerpo, es color, es símbolo. El uso de los aros dorados, claramente visibles, sugiere una continuidad cultural, un anclaje en una tradición visual que asocia el adorno con el orgullo, con la herencia, con el poder suave de lo femenino.
Impreso en lienzo, el resultado es profundamente físico. La textura del lienzo refuerza la materia pictórica original, dotando a la imagen de un carácter casi escultórico. La luz natural que incide sobre la tela impresa acentúa los volúmenes, vuelve viva cada pincelada. Esta es una obra que, lejos de ser un simple objeto visual, se convierte en presencia: una figura que respira desde el muro, que ilumina y calienta el espacio que habita.
En definitiva, esta imagen impresa en lienzo es un acto poético y pictórico a la vez. Es un cuerpo que habla sin voz, un lenguaje de color que se impone al relato literal. Técnica, simbología y emoción se funden en una sola superficie que no necesita decir mucho para decirlo todo. En su silencio, esta imagen dice: aquí estoy. Y el lienzo, con su humildad texturada, responde: yo también soy piel.
Έργο τέχνης δημιουργημένο σε επαγγελματικό καμβά με τη χρήση της τεχνικής giclée εκτύπωσης σε καμβά. Ψηφιακή τέχνη χρησιμοποιώντας σύγχρονα μέσα και AI
Obra del arte del artista Alberto Ricardo realizada en la técnica Impresión Giclée, sobre lienzo profesional de alta calidad, 100% algodón, máxima resistente a manipulación y agentes exteriores de la marca Eco Canvas Roma Glossy, satinado.
Garantizamos un producto duradero y de calidad visual.
Dimensión de 65 x 100 cm de pintura con 5 cm de profundidad.
Edicion limitada 3/5 firmada a mano en la parte frontal.
En el dorso de la pieza podrá encontrar los datos sobre la obra.
El envío se realizará a través de la Cia. United Parcel Service (UPS), para España y Europa, y a través de la Cia. Fedex para el resto del mundo.
La obra irá enrollada y estará protegida mediante varias capas de embalaje, nailón burbuja y colocada en un tubo resistente.
Una vez pagada la obra, se requieren tres días para el proceso de embalaje y entrega a la compañía de envió.
La pieza le llegará al termino de diez días, según el país de destino.
El retrato, aquí fragmentado, no busca contarlo todo. Deja fuera los ojos, pero no el alma. Lo que a primera vista podría parecer una omisión —la ausencia del rostro completo— se revela en cambio como una poderosa elección estética. Esta imagen no necesita miradas para conmover. Le basta una boca contenida, una clavícula que brilla bajo la luz, unos hombros que respiran dignidad y piel. Le basta la materia pictórica, el fuego del color, la carnalidad del trazo. Impresa en lienzo, esta obra no se contempla: se siente como un latido.
Desde lo técnico, nos encontramos ante una pintura de gran carga sensorial. La superficie pictórica está construida con una técnica de empaste rica en materia: pinceladas gruesas, texturas ondulantes, capas superpuestas que dan vida a la piel, a las flores, al fondo. El dominio de la luz es magistral. No hay blanco puro, pero la iluminación está presente en los reflejos dorados sobre los hombros y el escote. Cada sombra está cargada de matices: violetas, tierras, rojos. La piel no es plana ni uniforme; es un campo de energía donde el óleo vibra, susurra.
El color es protagonista indiscutible. Rojos ardientes, naranjas saturados, amarillos intensos, azules profundos: todo parece inflamado por una emoción contenida. El contraste entre la calidez del cuerpo y el frescor del azul en el fondo genera una tensión visual envolvente. Las flores —o llamas, o explosiones, según cómo se miren— no son ornamentos: son extensiones emocionales del personaje, una manifestación del paisaje interior que brota desde el pecho y se desborda hacia el espacio.
Conceptualmente, la obra juega con lo fragmentario para proponer una totalidad simbólica. Al eliminar el rostro, nos obliga a mirar de otra manera. El anonimato no anula la identidad: la universaliza. Esta mujer, sin nombre ni mirada, representa muchas. Es cuerpo, es color, es símbolo. El uso de los aros dorados, claramente visibles, sugiere una continuidad cultural, un anclaje en una tradición visual que asocia el adorno con el orgullo, con la herencia, con el poder suave de lo femenino.
Impreso en lienzo, el resultado es profundamente físico. La textura del lienzo refuerza la materia pictórica original, dotando a la imagen de un carácter casi escultórico. La luz natural que incide sobre la tela impresa acentúa los volúmenes, vuelve viva cada pincelada. Esta es una obra que, lejos de ser un simple objeto visual, se convierte en presencia: una figura que respira desde el muro, que ilumina y calienta el espacio que habita.
En definitiva, esta imagen impresa en lienzo es un acto poético y pictórico a la vez. Es un cuerpo que habla sin voz, un lenguaje de color que se impone al relato literal. Técnica, simbología y emoción se funden en una sola superficie que no necesita decir mucho para decirlo todo. En su silencio, esta imagen dice: aquí estoy. Y el lienzo, con su humildad texturada, responde: yo también soy piel.

