Fernando Botero - La corrida - 1980s





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Esta es “El Caballo del Picador” (o Picador), de la serie “La Corrida”, 1988, de Fernando Botero.
Es una obra icónica de su etapa dedicada a la tauromaquia (las corridas de toros), tema que Botero exploró profundamente con su característico humor y volumen. Esta imagen fue usada como cartel principal de la exposición La Corrida en el Castello Sforzesco de Milán (diciembre 1987 - enero 1988).
Detalles de la pintura:
• El picador: Un torero robusto y voluminoso montado a caballo, vestido con el traje tradicional (chaquetilla verde bordada, sombrero ancho, pantalones beige). Sostiene la pica (larga vara) con autoridad.
• El caballo: También exageradamente corpulento, protegido con la clásica manta acolchada verde (petral), típica de los caballos de picadores. Botero lo representa con gran expresividad y presencia.
• Composición: Fondo oscuro que resalta las figuras, iluminación dramática y el estilo inconfundible de Botero: formas infladas, curvas suaves y una mezcla de solemnidad y caricatura.
• Técnica: Óleo sobre tela, con el dominio habitual del artista en texturas y volúmenes.
Botero sentía una gran fascinación por la cultura taurina española y mexicana. En estas obras combina tradición (remite a Goya y Picasso) con su personal “Boterismo”, convirtiendo la escena en algo monumental, casi monumentalmente irónico.
Esta es “El Caballo del Picador” (o Picador), de la serie “La Corrida”, 1988, de Fernando Botero.
Es una obra icónica de su etapa dedicada a la tauromaquia (las corridas de toros), tema que Botero exploró profundamente con su característico humor y volumen. Esta imagen fue usada como cartel principal de la exposición La Corrida en el Castello Sforzesco de Milán (diciembre 1987 - enero 1988).
Detalles de la pintura:
• El picador: Un torero robusto y voluminoso montado a caballo, vestido con el traje tradicional (chaquetilla verde bordada, sombrero ancho, pantalones beige). Sostiene la pica (larga vara) con autoridad.
• El caballo: También exageradamente corpulento, protegido con la clásica manta acolchada verde (petral), típica de los caballos de picadores. Botero lo representa con gran expresividad y presencia.
• Composición: Fondo oscuro que resalta las figuras, iluminación dramática y el estilo inconfundible de Botero: formas infladas, curvas suaves y una mezcla de solemnidad y caricatura.
• Técnica: Óleo sobre tela, con el dominio habitual del artista en texturas y volúmenes.
Botero sentía una gran fascinación por la cultura taurina española y mexicana. En estas obras combina tradición (remite a Goya y Picasso) con su personal “Boterismo”, convirtiendo la escena en algo monumental, casi monumentalmente irónico.

