No. 106156241

Lola Claret Aymerich (1918-2001) - La joven
No. 106156241

Lola Claret Aymerich (1918-2001) - La joven
Pictura Galeria presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Lola Claret, que representa a una joven elegantemente vestida y adornada con un gran lazo, recostada sobre un sillón en una actitud serena y contemplativa que evoca juventud, intimidad y melancolía. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones con marco: 49x41x3 cm.
· Dimensiones sin marco: 31x23 cm.
· Carboncillo firmado a mano por el artista en la parte izquierda de la obra.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco con vidrio (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
La obra será embalada de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta un delicado retrato femenino en el que una joven aparece recostada sobre un amplio sillón, capturada en un instante de calma, elegancia e introspección. La figura ocupa prácticamente toda la composición y se muestra ligeramente inclinada hacia un lado, con el rostro apoyado sobre el respaldo y la mirada dirigida hacia el espectador. Su postura relajada, unida a la serenidad de sus facciones, crea una escena íntima y silenciosa, como si la protagonista hubiera quedado momentáneamente suspendida entre el descanso, el pensamiento y la ensoñación.
El rostro constituye el principal centro de atención de la obra. Su forma ovalada aparece suavemente modelada mediante una delicada sucesión de luces y sombras que realzan las mejillas, la frente, la nariz y el contorno de la mandíbula. La expresión resulta serena, aunque ligeramente melancólica, y posee una profundidad emocional que invita a detenerse en ella. No se percibe una sonrisa abierta, sino un gesto tranquilo y reservado que deja espacio para múltiples interpretaciones.
Los ojos de la joven tienen una presencia especialmente intensa. Aunque su mirada no resulta desafiante, establece una conexión directa y silenciosa con quien contempla la obra. En ella puede percibirse dulzura, vulnerabilidad y una cierta distancia emocional, como si la protagonista estuviera absorta en sus propios pensamientos. Esta expresión contenida convierte el retrato en algo más que una representación física, pues permite imaginar una historia interior que permanece deliberadamente oculta.
El cabello oscuro enmarca el rostro mediante suaves ondas y mechones curvados. Una parte cae sobre la frente, mientras el resto parece recogido hacia la parte posterior de la cabeza. Esta disposición aporta movimiento y naturalidad, evitando una apariencia excesivamente rígida. Los tonos más profundos del cabello contrastan con la claridad de la piel y ayudan a dirigir la atención hacia los ojos y la expresión de la joven.
En el lado derecho destaca un gran lazo claro colocado sobre el cabello. Sus amplias formas onduladas se despliegan junto a la cabeza y se convierten en uno de los detalles más llamativos de la composición. Las distintas vueltas y pliegues de la cinta aportan volumen, ligereza y un carácter ornamental que refuerza la delicadeza de la protagonista. Su luminosidad contrasta con el cabello oscuro, creando un atractivo juego visual entre claridad y profundidad.
La indumentaria de la joven contribuye de manera decisiva a la elegancia de la escena. La prenda presenta un escote amplio y redondeado que deja visible parte del cuello y de los hombros, aportando suavidad a la silueta. Las mangas parecen amplias y ligeras, con pliegues que se acumulan alrededor de los brazos. Esta disposición concede a la vestimenta una apariencia refinada y acompaña con naturalidad la postura relajada del cuerpo.
La zona del cuello aparece acentuada por una pequeña banda oscura o adorno central que contrasta con la luminosidad de la piel. Este detalle funciona como un punto de unión entre el rostro y el vestido, guiando la mirada hacia la parte inferior de la composición. A pesar de su tamaño reducido, introduce una nota de sobriedad que equilibra la riqueza visual del gran lazo situado en el cabello.
Las manos, situadas en la parte inferior, aportan una importante dimensión expresiva. La joven mantiene una de ellas cerrada suavemente alrededor de un fragmento de tela o del borde de su vestimenta, mientras la otra parece acompañar el gesto desde una posición cercana. Los dedos no muestran tensión, pero sí una ligera firmeza que puede interpretarse como una señal de recogimiento, timidez o necesidad de protección.
Este pequeño gesto de las manos añade una sutil tensión emocional a la serenidad general de la escena. Mientras el cuerpo descansa y el rostro permanece tranquilo, los dedos parecen aferrarse discretamente a la tela. Este contraste despierta la curiosidad del espectador y sugiere que, bajo la apariencia reposada de la protagonista, existe un mundo interior lleno de pensamientos, recuerdos o sentimientos que no llegan a revelarse completamente.
El sillón o asiento sobre el que descansa la joven envuelve parcialmente su figura y crea una sensación de refugio. El gran respaldo curvo rodea su cabeza y su hombro, formando una especie de marco dentro de la propia composición. Sus formas acolchadas, divididas por líneas y pliegues, sugieren comodidad y contribuyen a explicar la postura inclinada de la protagonista.
Las bandas curvas del respaldo generan un ritmo visual que acompaña la inclinación del cuerpo y conduce la mirada hacia el rostro. Estas líneas aportan profundidad y permiten diferenciar los distintos planos de la escena. El asiento no actúa únicamente como un elemento funcional, sino también como una presencia protectora que acoge a la joven y acentúa el carácter privado del momento representado.
El fondo aparece construido mediante formas arquitectónicas apenas insinuadas. En la zona superior pueden distinguirse líneas rectas y divisiones geométricas que recuerdan una pared decorada, un panelado interior o una ventana. Estos elementos sitúan la escena en una estancia doméstica y refinada, aunque permanecen lo suficientemente indefinidos como para no distraer la atención de la figura principal.
La composición mantiene un cuidado equilibrio entre las líneas curvas y las formas geométricas. Las ondas del cabello, el gran lazo, el rostro, los hombros y el respaldo del sillón aportan suavidad, mientras las líneas del fondo introducen orden y estabilidad. Esta combinación crea una imagen armoniosa en la que todos los elementos parecen organizarse alrededor de la protagonista y de su expresión contemplativa.
La gama cromática contenida refuerza la atmósfera nostálgica de la obra. Los tonos beige, marrones y grisáceos dominan la escena, acompañados por delicados toques claros que iluminan el rostro, la ropa y el lazo. Los contrastes son suaves y permiten que la imagen conserve una unidad serena, casi como si perteneciera a un recuerdo lejano preservado por el paso del tiempo.
La iluminación se concentra especialmente sobre el rostro y la parte superior del cuerpo. Los pequeños destellos visibles en los ojos, las mejillas, la frente y el contorno del vestido conceden vida a la figura sin romper la intimidad de la escena. El cabello, el cuello y algunas zonas del asiento quedan envueltos en sombras más profundas, creando volumen y una sensación de proximidad.
La postura de la joven transmite una mezcla de abandono y elegancia. Aunque se encuentra recostada, su presencia conserva una gran delicadeza. La inclinación de la cabeza y el suave descenso de los hombros refuerzan la sensación de cansancio o reflexión, como si hubiera hecho una pausa durante una conversación, después de leer una carta o mientras esperaba silenciosamente la llegada de alguien.
La ausencia de otros personajes convierte a la protagonista en el centro absoluto de la narración. No existe ninguna acción evidente ni un acontecimiento concreto, pero precisamente esta quietud concede fuerza a la obra. El espectador es invitado a imaginar qué piensa la joven, qué ha ocurrido antes de ese instante o por qué su mirada parece contener una emoción tan discreta y profunda.
También puede percibirse una cierta evocación del mundo de la memoria. La sobriedad de los tonos, la indumentaria elegante y el ambiente interior sugieren una escena perteneciente a otra época, contemplada desde la distancia. La joven podría representar un recuerdo de juventud, una presencia querida o la imagen idealizada de un momento sereno que permanece intacto a pesar del paso de los años.
El gran lazo y los suaves volúmenes de la ropa aportan feminidad y refinamiento, mientras la mirada y el gesto de las manos introducen una dimensión más humana y vulnerable. La belleza de la protagonista no se presenta de manera ostentosa, sino mediante la naturalidad de su postura y la sutileza de su expresión. Esta combinación hace que la escena resulte cercana, emotiva y profundamente elegante.
Más allá de su apariencia, la obra puede interpretarse como una reflexión sobre la intimidad y los sentimientos silenciosos. La joven parece protegida por el sillón y rodeada por la quietud del interior, pero su mirada establece un vínculo directo con el exterior. De este modo, la composición oscila entre el recogimiento personal y el deseo de comunicación, entre aquello que se guarda y aquello que intenta expresarse sin palabras.
La escena transmite una belleza pausada que invita a una contemplación prolongada. No depende de grandes gestos ni de una narración explícita, sino de pequeños detalles: la inclinación de la cabeza, el brillo de los ojos, la curva del lazo, la mano aferrada a la tela y la suavidad del asiento. Cada uno de estos elementos contribuye a construir un retrato lleno de sensibilidad, misterio y emoción contenida.
En conjunto, la obra ofrece un retrato femenino íntimo, delicado y profundamente evocador, protagonizado por una joven que descansa sobre un sillón mientras dirige hacia el espectador una mirada serena y ligeramente melancólica. La elegancia de su vestimenta, el gran lazo que adorna su cabello, el gesto recogido de sus manos y la armonía de las formas crean una atmósfera de nostalgia y contemplación. La escena parece preservar un instante privado, silencioso y atemporal, convirtiendo la figura en una hermosa representación de la juventud, la sensibilidad y la riqueza de los sentimientos que permanecen ocultos tras una expresión tranquila.
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