Αρ. 103065166

Αρχαίο ρωμαϊκό, Αυτοκρατορικό Μπρούντζος Κρεμαστό νόμισμα - Αυτοκράτορας Αύγουστος (χωρίς τιμή ασφαλείας)
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Αρχαίο ρωμαϊκό, Αυτοκρατορικό Μπρούντζος Κρεμαστό νόμισμα - Αυτοκράτορας Αύγουστος (χωρίς τιμή ασφαλείας)
Colgante de plata con semis del siglo I a. C. del emperador Augusto, el meticuloso artífice de un imperio de espíritu republicano.
“Mirad, encontré una Roma hecha de ladrillo, y os la dejo de mármol”, esas fueron sus últimas palabras en público; sin embargo, en privado dijo otras…
Imagina a un chico de 165 cm de piel porcelana, pelo rubio rizado y abundante que consigue ser cónsul con 19 años por ser concienzudo cuando ese cargo era solo para mayores de 42, y que la mirada serena y fría de sus ojos azul grisáceo le salvó de que un jefe galo lo empujara por un precipicio impactado por su presencia.
Y también era supersticioso; no emprendía ningún viaje el día siguiente a la celebración del mercado semanal y evitaba tratar cualquier asunto los días cinco o siete de cada mes.
Así de puntilloso era Cayo Octavio Turino (63 a.C. - 14 d.C.), hijo de una familia de la orden ecuestre y sobrino nieto de Julio César que, tras el asesinato de este, se convirtió en Cayo Julio César al ser nombrado su heredero y, el 27 a.C., Augusto gracias al voto del Senado, del pueblo romano y, sobre todo, de la legión.
Aunque gobernó con poder absoluto, usó el título de “Princeps Civitatis” (primer ciudadano) porque la ciudad había tenido reyes y la cosa no acabó bien. Así, de forma cuidadosa, creó un imperio con aires de república, tarea que contó con el apoyo de Livia Drusila, su mujer durante 52 años, figura clave en la corte y en la propaganda imperial.
Dicho de otra forma, su reinado puso fin a la república. Cien años de guerras civiles, y entre el 23 y el 20 a.C., a concienzudas reformas económicas, siendo el primer emperador con efigie en las monedas, como la de este colgante, un semis de bronce acuñado del 11 a.C. al 14 d.C. en la ceca de Ilici en Hispania, fíjate:
➤ en el ANVERSO: Cabeza laureada de Augusto mirando a la derecha en el borde; la leyenda: AVGVSTVS DIVI F (Augustus, hijo del divino (Julio César).
➤ por el REVERSO: Templo con cuatro columnas. Leyenda: IVNONI C I IL A Q PAPIR CAR Q TERE MONT II VIR Q (Juno Civitas Ilici Quinto Papirio Carus y Quinto Terencio Montano II VIR Q).
Sumado a rigurosas reformas políticas y sociales, atento:
• renovó el Senado esmerándose en mantener la apariencia republicana al tiempo que consolidaba su poder personal;
• creó un exigente ejército profesional, permanente y leal al emperador, aparte de colonias para soldados veteranos, integrándolos a la vida civil;
• preparó cuerpos de policía, bomberos y servicio postal para la administración, además de una recaudación de impuestos integral;
• dividió el Imperio de forma rigurosa en:
- unas 46 provincias con gobernadores;
- unos 6 u 8 reinos semindependientes en Oriente y África del Norte, que actuaron como zonas de seguridad fronteriza.
Mientras que:
• construía una extensa red de carreteras, unos 80.000 kilómetros que agilizaron el comercio, la mensajería oficial y el movimiento de las legiones;
• adecentaba de forma concienzuda acueductos y baños, reforzando la higiene urbana;
• fomentaba con esmero la educación y la cultura patrocinando a poetas como Virgilio, Horacio y Ovidio;
• promovía a fondo la moral pública, la familia tradicional, prohibiendo incluso el adulterio y, como ejemplo, Julia, la hija de su primer matrimonio, a la que exilió por viciosa.
El resultado de estas exigentes acciones fue del 27 a. C. – 180 d. C. la Pax Romana, clave para la estabilidad del territorio; y que el mes de agosto fue nombrado en su honor.
Ahora bien, para que su historia la cuenten otros, el 13 d.C., a los setenta y seis años, decidió escribirla él de forma pormenorizada en “Res Gestae Divi Augusti” (Los logros del Divino Augusto), treinta y cinco aciertos en párrafos por los que el emperador quería ser recordado, obra que además sirvió de testamento.
En conclusión, a lo largo de cinco siglos hubo un total de setenta emperadores en Roma. El primero de todos ellos, el que fundó un imperio a conciencia que perduraría en el tiempo, fue Octavio Augusto, cuyas últimas palabras en privado fueron…
“Acta est fabula, plaudite”.
¿He representado bien mi papel? Entonces aplaudid mientras salgo.
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