Tristano Marchi (1936) - Vecchietto






Graduada como subastadora francesa y trabajó en el departamento de tasación de Sotheby’s París.
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Vecchietto es un retrato de medio busto al óleo de Tristano Marchi (1936), Italia, 1960–1970, Realismo, con marco de madera maciza; 30 cm de alto, 24 cm de ancho, peso 2 kg; edición original y firmado a mano.
Descripción del vendedor
La obra es un retrato a medio busto que representa a un hombre mayor, probablemente un campesino o un pescador, caracterizado por barba y bigote blancos, rostro hundido y una mirada intensa, llena de experiencia y melancolía. Lleva un sombrero de paja de ala ancha, un pañuelo rojo atado al cuello y una camisa azul, elementos que remiten a un imaginario rural o mediterráneo.
La pintura está realizada con una técnica de pincelada visible, enérgica pero controlada, típica de una figuración expresiva. El rostro es el centro emocional de la obra:
Las incarnatures están construidas con superposiciones de tonos cálidos y fríos (ocre, rosados, violáceos), las arrugas no se describen simplemente, sino que se convierten en signos pictóricos que cuentan el tiempo y el esfuerzo de la vida.
El fondo está tratado de manera sintética y neutra, con áreas de color gris-azul que aíslan la figura y acentúan su presencia plástica. La luz es suave, difusa, y contribuye a dar volumen y profundidad al rostro sin efectos dramáticos excesivos.
El marco de madera maciza, sencillo pero sólido, se relaciona bien con el sujeto y refuerza el carácter tradicional y auténtico de la obra.
La obra es un retrato a medio busto que representa a un hombre mayor, probablemente un campesino o un pescador, caracterizado por barba y bigote blancos, rostro hundido y una mirada intensa, llena de experiencia y melancolía. Lleva un sombrero de paja de ala ancha, un pañuelo rojo atado al cuello y una camisa azul, elementos que remiten a un imaginario rural o mediterráneo.
La pintura está realizada con una técnica de pincelada visible, enérgica pero controlada, típica de una figuración expresiva. El rostro es el centro emocional de la obra:
Las incarnatures están construidas con superposiciones de tonos cálidos y fríos (ocre, rosados, violáceos), las arrugas no se describen simplemente, sino que se convierten en signos pictóricos que cuentan el tiempo y el esfuerzo de la vida.
El fondo está tratado de manera sintética y neutra, con áreas de color gris-azul que aíslan la figura y acentúan su presencia plástica. La luz es suave, difusa, y contribuye a dar volumen y profundidad al rostro sin efectos dramáticos excesivos.
El marco de madera maciza, sencillo pero sólido, se relaciona bien con el sujeto y refuerza el carácter tradicional y auténtico de la obra.
