Antonio Vives (1958) - Cadaqués





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óleo sobre lienzo original titulado Cadaqués de Antonio Vives (1958), procedente de España, periodo 1970–1980, vendido con marco por Galería, dimensiones 36,5 × 45 cm con marco y 33 × 41 cm sin marco, firmado a mano y en buen estado.
Descripción del vendedor
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Antonio Vives, que representa un paisaje amplio y sereno donde la tierra ondulada conduce la mirada hacia un horizonte abierto, transmitiendo calma, profundidad y conexión con la naturaleza. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones con marco: 36,5x45x4 cm.
· Dimensiones sin marco: 33x41 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la parte inferior derecha de la obra, A. Vives.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro se abre ante la mirada como una extensa panorámica natural donde el paisaje se despliega en profundidad, invitando al espectador a recorrerlo lentamente con los ojos. Desde el primer instante se percibe una sensación de amplitud y libertad, marcada por la sucesión de colinas suaves que descienden hacia un valle abierto. La composición está cuidadosamente equilibrada, permitiendo que cada plano tenga su propio protagonismo sin romper la armonía general. La escena transmite una calma profunda, como si el entorno permaneciera suspendido en un momento de quietud atemporal.
En el primer plano, la tierra aparece viva y orgánica, recorrida por un sendero claro que serpentea entre manchas de vegetación y zonas pedregosas. Este camino introduce una sensación de movimiento y recorrido, sugiriendo la posibilidad de adentrarse físicamente en el paisaje. Las variaciones de color y textura en esta zona aportan riqueza visual y refuerzan la idea de un terreno natural, moldeado por el tiempo y los elementos, sin artificios ni rigidez.
A medida que la mirada avanza hacia el plano medio, las colinas se superponen creando una cadencia suave y rítmica. Los tonos verdes, ocres y azulados se alternan con naturalidad, generando una sensación de profundidad y distancia. La vegetación aparece distribuida de forma irregular, lo que refuerza la espontaneidad del entorno y evita cualquier sensación de artificio. Todo parece fluir de manera orgánica, como si el paisaje se hubiera formado lentamente, siguiendo su propio orden natural.
En la lejanía, el paisaje se abre hacia una masa de agua que aporta un contraste cromático y emocional al conjunto. El azul profundo introduce una sensación de frescura y amplitud, ampliando el horizonte y conectando la tierra con un espacio más abierto e infinito. Este elemento lejano no domina la escena, pero actúa como un punto de reposo visual, equilibrando los tonos cálidos y terrosos del primer plano y reforzando la sensación de profundidad.
Las montañas del fondo se elevan con perfiles suaves y contenidos, cerrando la composición de forma natural. No se imponen con dramatismo, sino que acompañan al paisaje con una presencia constante y serena. Sus tonalidades más apagadas sugieren distancia y estabilidad, como un elemento permanente frente al cambio sutil del terreno más cercano. El cielo, discreto y envolvente, completa la escena aportando una luz homogénea que unifica todos los planos sin generar contrastes bruscos.
En conjunto, el cuadro transmite una visión armónica y contemplativa del paisaje natural, donde colinas, valle y horizonte acuático se integran en un equilibrio sereno que evoca libertad, silencio y una profunda conexión con la naturaleza.
El vendedor y su historia
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Antonio Vives, que representa un paisaje amplio y sereno donde la tierra ondulada conduce la mirada hacia un horizonte abierto, transmitiendo calma, profundidad y conexión con la naturaleza. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones con marco: 36,5x45x4 cm.
· Dimensiones sin marco: 33x41 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la parte inferior derecha de la obra, A. Vives.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro se abre ante la mirada como una extensa panorámica natural donde el paisaje se despliega en profundidad, invitando al espectador a recorrerlo lentamente con los ojos. Desde el primer instante se percibe una sensación de amplitud y libertad, marcada por la sucesión de colinas suaves que descienden hacia un valle abierto. La composición está cuidadosamente equilibrada, permitiendo que cada plano tenga su propio protagonismo sin romper la armonía general. La escena transmite una calma profunda, como si el entorno permaneciera suspendido en un momento de quietud atemporal.
En el primer plano, la tierra aparece viva y orgánica, recorrida por un sendero claro que serpentea entre manchas de vegetación y zonas pedregosas. Este camino introduce una sensación de movimiento y recorrido, sugiriendo la posibilidad de adentrarse físicamente en el paisaje. Las variaciones de color y textura en esta zona aportan riqueza visual y refuerzan la idea de un terreno natural, moldeado por el tiempo y los elementos, sin artificios ni rigidez.
A medida que la mirada avanza hacia el plano medio, las colinas se superponen creando una cadencia suave y rítmica. Los tonos verdes, ocres y azulados se alternan con naturalidad, generando una sensación de profundidad y distancia. La vegetación aparece distribuida de forma irregular, lo que refuerza la espontaneidad del entorno y evita cualquier sensación de artificio. Todo parece fluir de manera orgánica, como si el paisaje se hubiera formado lentamente, siguiendo su propio orden natural.
En la lejanía, el paisaje se abre hacia una masa de agua que aporta un contraste cromático y emocional al conjunto. El azul profundo introduce una sensación de frescura y amplitud, ampliando el horizonte y conectando la tierra con un espacio más abierto e infinito. Este elemento lejano no domina la escena, pero actúa como un punto de reposo visual, equilibrando los tonos cálidos y terrosos del primer plano y reforzando la sensación de profundidad.
Las montañas del fondo se elevan con perfiles suaves y contenidos, cerrando la composición de forma natural. No se imponen con dramatismo, sino que acompañan al paisaje con una presencia constante y serena. Sus tonalidades más apagadas sugieren distancia y estabilidad, como un elemento permanente frente al cambio sutil del terreno más cercano. El cielo, discreto y envolvente, completa la escena aportando una luz homogénea que unifica todos los planos sin generar contrastes bruscos.
En conjunto, el cuadro transmite una visión armónica y contemplativa del paisaje natural, donde colinas, valle y horizonte acuático se integran en un equilibrio sereno que evoca libertad, silencio y una profunda conexión con la naturaleza.

