Nr. 103649986

Manuel Doblas Pinto (1957) - Horizonte de verano
Nr. 103649986

Manuel Doblas Pinto (1957) - Horizonte de verano
Pictura Galeria presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Manuel Doblas Pinto, que representa la inmensidad tranquila de una playa abierta al horizonte, donde la luz, el mar y la arena crean una atmósfera de paz, libertad y contemplación. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones del marco: 53x112,5x2 cm.
· Dimensiones de la obra: 40x100 cm.
· Óleo sobre tabla firmado a mano por el artista en la esquina derecha de la obra.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
La obra será embalada de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro transmite la inmensidad serena y luminosa de una playa abierta al horizonte, donde la sencillez del paisaje marino se convierte en una experiencia profundamente contemplativa. La escena está dominada por una gran extensión de arena dorada que ocupa casi toda la composición, creando una sensación de amplitud y silencio que invita al espectador a perderse visualmente en el espacio. La línea del mar, situada al fondo, divide suavemente la obra entre la tierra cálida y el cielo luminoso, mientras pequeñas embarcaciones y figuras apenas insinuadas aportan vida y escala a la escena. Todo en el cuadro respira tranquilidad, distancia y una belleza silenciosa ligada al paisaje costero y al ritmo pausado de los días junto al mar.
La playa aparece representada como un espacio abierto y casi infinito, donde la arena se extiende suavemente hasta encontrarse con el agua. Las tonalidades cálidas del terreno crean una atmósfera acogedora y luminosa, evocando el calor suave de una tarde tranquila. Las pequeñas marcas y variaciones de color dispersas sobre la superficie arenosa aportan textura y naturalidad, sugiriendo huellas, restos marinos o irregularidades propias de una playa viva y cambiante. La ausencia de grandes elementos en primer plano aumenta la sensación de vacío poético y de libertad espacial, permitiendo que la mirada viaje lentamente hacia el horizonte. El paisaje no parece concebido para describir un lugar concreto, sino para transmitir una emoción ligada a la calma y al contacto con la naturaleza.
El mar introduce un contraste visual poderoso mediante su franja azul intensa y horizontal que atraviesa la parte superior de la obra. Esa línea marítima aporta estabilidad y serenidad al conjunto, funcionando como un límite tranquilo entre la arena y el cielo. Las pequeñas velas blancas dispersas en la distancia añaden delicadeza y movimiento a la composición, sugiriendo embarcaciones navegando lentamente sobre aguas tranquilas. En el horizonte se percibe también la presencia de una costa o montaña lejana que aporta profundidad y equilibrio visual. Ese fondo azulado refuerza la sensación de amplitud y hace que el espacio parezca extenderse mucho más allá de los límites físicos del cuadro.
La luz juega un papel esencial en la atmósfera de la obra. El cielo claro y ligeramente difuminado proyecta una luminosidad suave que envuelve toda la escena con una sensación de serenidad casi meditativa. No hay dramatismo climático ni contrastes violentos; todo parece suspendido en un instante de calma absoluta. Las figuras humanas situadas a lo lejos aparecen apenas insinuadas, como pequeños puntos de vida dentro de un paisaje inmenso. Esa elección refuerza la idea de la naturaleza como protagonista principal y transmite una sensación de humildad frente a la vastedad del entorno. La escena invita al silencio interior, al descanso y a la contemplación pausada de los elementos más simples del paisaje costero.
La obra destaca por su extraordinaria capacidad para convertir un paisaje aparentemente sencillo en una imagen cargada de emoción y sensibilidad. La amplitud de la arena, la quietud del mar y la delicadeza de las pequeñas embarcaciones crean una composición equilibrada y profundamente evocadora. El cuadro no busca impresionar mediante detalles complejos, sino mediante la atmósfera, la luz y la sensación de espacio infinito. Todo parece construido para transmitir paz, libertad y una conexión íntima con el horizonte marino. En conjunto, la obra representa la serenidad y la inmensidad de un paisaje costero donde el mar, la arena y el cielo se unen en una visión luminosa y profundamente contemplativa.
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