A. De Luca (1979) - Il borgo che sogna





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Il borgo que sueña, pintura al óleo original de 2020+ de A. De Luca (1979), 40 × 30 cm, firmada a mano, en excelentes condiciones, Italia, estilo moderno y escena de interiores.
Descripción del vendedor
El pueblo que sueña
La obra presenta una visión poética y suspendida de un pueblo mediterráneo que se transforma en rostro humano, fusionando arquitectura y figura en una narrativa onírica y delicada. Las casas, adosadas unas a otras como en un antiguo pueblo costero, se convierten en rasgos: ventanas que parecen ojos entrecerrados, muros desgastados por el tiempo que adquieren la suavidad de la piel, techos de tejas rojas que marcan el ritmo de la composición como pensamientos superpuestos.
La cromía es cálida y armoniosa, dominada por ocre, rosa polvoroso y verdes apagados, equilibrados por el azul del cielo y del mar que asoma a la izquierda, sugiriendo una dimensión de quietud y apertura. Los rostros, apenas insinuados y fusionados con las arquitecturas, transmiten una sensación de intimidad y silencio, como si el borgo mismo fuera una entidad viva, absorta en un sueño antiguo.
En primer plano, un prado en flor explota en una variedad de colores – rojos, blancos, amarillos y violetas – creando un contraste vital con la solidez de las construcciones y añadiendo un tono lírico y primaveral al conjunto. La pincelada es suave pero controlada, con ligeras texturas que realzan la superficie del lienzo y evocan el desgaste del tiempo en las paredes.
La obra se sitúa en un ámbito simbólico y surrealista, donde memoria, identidad y paisaje se entrelazan, invitando al espectador a perderse en un relato visual hecho de emociones tranquilas, nostalgia y dulce humanidad.
El pueblo que sueña
La obra presenta una visión poética y suspendida de un pueblo mediterráneo que se transforma en rostro humano, fusionando arquitectura y figura en una narrativa onírica y delicada. Las casas, adosadas unas a otras como en un antiguo pueblo costero, se convierten en rasgos: ventanas que parecen ojos entrecerrados, muros desgastados por el tiempo que adquieren la suavidad de la piel, techos de tejas rojas que marcan el ritmo de la composición como pensamientos superpuestos.
La cromía es cálida y armoniosa, dominada por ocre, rosa polvoroso y verdes apagados, equilibrados por el azul del cielo y del mar que asoma a la izquierda, sugiriendo una dimensión de quietud y apertura. Los rostros, apenas insinuados y fusionados con las arquitecturas, transmiten una sensación de intimidad y silencio, como si el borgo mismo fuera una entidad viva, absorta en un sueño antiguo.
En primer plano, un prado en flor explota en una variedad de colores – rojos, blancos, amarillos y violetas – creando un contraste vital con la solidez de las construcciones y añadiendo un tono lírico y primaveral al conjunto. La pincelada es suave pero controlada, con ligeras texturas que realzan la superficie del lienzo y evocan el desgaste del tiempo en las paredes.
La obra se sitúa en un ámbito simbólico y surrealista, donde memoria, identidad y paisaje se entrelazan, invitando al espectador a perderse en un relato visual hecho de emociones tranquilas, nostalgia y dulce humanidad.

