Tristan Mottier - Gardien des glaces






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Descripción del vendedor
Descripción de la obra :
En el corazón de un paisaje helado, un lobo se mantiene erguido, inmóvil, frente a la mirada de quien lo observa.
Sus patas se aferran al hielo fisurado, entre agua oscura y placas heladas, como si pertenecieran a ese entretiempo: ni totalmente inmóviles, ni en movimiento.
Detrás de él, las montañas nórdicas se erigen, masivas, austeras, casi minerales. El cielo es pesado, cargado, silencioso. Todo parece suspendido.
El lobo no muestra ni agresividad ni miedo.
Está ahí.
Presente.
Vigilante.
Su mirada es serena, profunda, antigua.
No busca impresionar. Impone con su sola presencia.
Esta fotografía evoca la fuerza tranquila, la soledad asumida y la conexión cruda con la naturaleza.
Un mundo sin ruido, sin artificios, donde lo esencial recupere su lugar.
Detalles de la edición
• Formato: 60 × 40 cm
• Edición limitada: 30 ejemplares
• Ejemplar presentado: 1 / 30
• Número de obra: 495317
• Firma: firmada a mano por el artista Tristan Mottier
• Envío: embalaje cuidadoso, envío en un tubo rígido
Nota del artista:
El lobo siempre me ha hablado profundamente.
Es cercano al hombre, casi familiar, y sin embargo irremediablemente salvaje.
Él conoce a la manada, pero también conoce la soledad.
Camina solo, sin perderse nunca.
En su mirada, veo algo que yo mismo siento:
la necesidad de silencio, de distancia respecto al mundo, sin dejar de rechazarlo.
El lobo no explica nada. Observa. Vigila.
Amo a los perros por su lealtad, su presencia simple y sincera.
El lobo, por su parte, va más allá: encarna la libertad interior, aquella que no se negocia.
Estar ahí, de pie, intacto, incluso en el frío, incluso en el aislamiento.
El Guardián de los Hielos es una oda a esa fuerza silenciosa.
Aquella que no grita, no se muestra, pero permanece.
Descripción de la obra :
En el corazón de un paisaje helado, un lobo se mantiene erguido, inmóvil, frente a la mirada de quien lo observa.
Sus patas se aferran al hielo fisurado, entre agua oscura y placas heladas, como si pertenecieran a ese entretiempo: ni totalmente inmóviles, ni en movimiento.
Detrás de él, las montañas nórdicas se erigen, masivas, austeras, casi minerales. El cielo es pesado, cargado, silencioso. Todo parece suspendido.
El lobo no muestra ni agresividad ni miedo.
Está ahí.
Presente.
Vigilante.
Su mirada es serena, profunda, antigua.
No busca impresionar. Impone con su sola presencia.
Esta fotografía evoca la fuerza tranquila, la soledad asumida y la conexión cruda con la naturaleza.
Un mundo sin ruido, sin artificios, donde lo esencial recupere su lugar.
Detalles de la edición
• Formato: 60 × 40 cm
• Edición limitada: 30 ejemplares
• Ejemplar presentado: 1 / 30
• Número de obra: 495317
• Firma: firmada a mano por el artista Tristan Mottier
• Envío: embalaje cuidadoso, envío en un tubo rígido
Nota del artista:
El lobo siempre me ha hablado profundamente.
Es cercano al hombre, casi familiar, y sin embargo irremediablemente salvaje.
Él conoce a la manada, pero también conoce la soledad.
Camina solo, sin perderse nunca.
En su mirada, veo algo que yo mismo siento:
la necesidad de silencio, de distancia respecto al mundo, sin dejar de rechazarlo.
El lobo no explica nada. Observa. Vigila.
Amo a los perros por su lealtad, su presencia simple y sincera.
El lobo, por su parte, va más allá: encarna la libertad interior, aquella que no se negocia.
Estar ahí, de pie, intacto, incluso en el frío, incluso en el aislamiento.
El Guardián de los Hielos es una oda a esa fuerza silenciosa.
Aquella que no grita, no se muestra, pero permanece.
