École postimpressionniste catalane (XX) - Parterre de fleurs






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Parterre de fleurs, obra pictórica al óleo de la escuela posimpresionista catalana, España, fechada en 1968, paisaje de jardín urbano sereno, 40 × 48 cm, en buen estado, firmado, edición original y vendido con marco.
Descripción del vendedor
Obra pictórica de la escuela posimpresionista catalana, fechada en 1968, que representa un jardín urbano con parterres florales, dispuesto en un entorno arbolado de carácter sereno e intimista. La composición se organiza en torno a un parterre central de flores, delimitado por setos, que estructura el espacio y conduce la mirada hacia el fondo del paseo.
La pintura se caracteriza por una pincelada pastosa y visible, aplicada con libertad, y por un uso expresivo del color, en el que predominan los verdes intensos, ocres cálidos y acentos rojizos y amarillos. El tratamiento de la luz y de la atmósfera responde a los planteamientos heredados del impresionismo, reinterpretados desde una sensibilidad más personal y matéricamente más densa, propia del posimpresionismo catalán de mediados del siglo XX.
El interés por la captación del ambiente, la simplificación de las formas y la primacía de la sensación visual sobre el detalle descriptivo sitúan la obra dentro de la tradición paisajística catalana vinculada a la modernidad pictórica, con claras referencias a la pintura al natural y a la experimentación cromática.
Fechada en 1968, la obra constituye un ejemplo representativo de la continuidad del lenguaje posimpresionista en Cataluña, especialmente apreciado por su equilibrio entre espontaneidad, materia y sensibilidad cromática.
El vendedor y su historia
Obra pictórica de la escuela posimpresionista catalana, fechada en 1968, que representa un jardín urbano con parterres florales, dispuesto en un entorno arbolado de carácter sereno e intimista. La composición se organiza en torno a un parterre central de flores, delimitado por setos, que estructura el espacio y conduce la mirada hacia el fondo del paseo.
La pintura se caracteriza por una pincelada pastosa y visible, aplicada con libertad, y por un uso expresivo del color, en el que predominan los verdes intensos, ocres cálidos y acentos rojizos y amarillos. El tratamiento de la luz y de la atmósfera responde a los planteamientos heredados del impresionismo, reinterpretados desde una sensibilidad más personal y matéricamente más densa, propia del posimpresionismo catalán de mediados del siglo XX.
El interés por la captación del ambiente, la simplificación de las formas y la primacía de la sensación visual sobre el detalle descriptivo sitúan la obra dentro de la tradición paisajística catalana vinculada a la modernidad pictórica, con claras referencias a la pintura al natural y a la experimentación cromática.
Fechada en 1968, la obra constituye un ejemplo representativo de la continuidad del lenguaje posimpresionista en Cataluña, especialmente apreciado por su equilibrio entre espontaneidad, materia y sensibilidad cromática.
