Paul Delvaux (1897-1994) - Le sommeil






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Valoración Excelente en Trustpilot.
Descripción del vendedor
Técnica: litografía
Soporte: Papier Arches
Numeración: 74/75
Firmada a mano
Dimensiones de la hoja: 90 × 62 cm
Muy buen estado
Autenticación: Vendida con certificado de autenticidad de la galería. Publicada por Ed. Le Bateau Lavoir. Jacob 45.
Envío UPS
Paul Delvaux (1897–1994) ocupa un lugar único en la historia de la pintura moderna. Ni totalmente surrealista, ni simplemente simbolista, es uno de esos pocos artistas del siglo XX cuyo universo pertenece solo a él: un teatro de figuras femeninas desnudas o vestidas, aisladas en paisajes arquitectónicos desamparados, dentro de estaciones desiertas, de templos griegos en ruinas, de habitaciones cerradas bañadas por una luz lunar. Al principio influenciado por los expresionistas flamencos, Delvaux se aparta del realismo tras su descubrimiento de Giorgio de Chirico en 1934, un choque visual y existencial. Retiene de Chirico la perspectiva vacía, la sombra larga, la arquitectura como teatro de la espera, pero cambia lo trágico por una forma de nostalgia soñadora, melancólica, sin dureza. A partir de entonces, su obra se abre a una dimensión onírica que se desplegará hasta su muerte: un mundo fijo en el silencio, donde los personajes parecen a la vez presentes y ausentes, como atrapados en un sueño del que nunca despertarían.
Su aparente vínculo con el surrealismo, reforzado por su cercanía con Magritte y por su exposición en los círculos de André Breton, no debe engañar: Delvaux no busca la subversión, ni la provocación inconsciente. Al contrario, persigue una visión eminentemente personal, donde la repetición de motivos, el tren, el esqueleto, la mujer desnuda, la ciudad antigua, la lámpara de petróleo, forma una especie de liturgia poética, un ritual visual sin fin. A la violencia del inconsciente, él prefiere el murmullo de la memoria, los espejismos de la infancia, los ecos lejanos de un mundo desaparecido. Su universo no es el del escándalo, sino el del misterio. Allí se entra como en un sueño lúcido: los ojos abiertos ante la extrañeza suave de las cosas familiares.
Hoy, el mercado no se equivoca: las grandes telas de Paul Delvaux alcanzan regularmente cumbres en las principales ventas internacionales, superando los umbrales simbólicos de 3, 5 o incluso 8 millones de euros. Figura junto a las grandes figuras del modernismo europeo, y sus resultados en sala atestiguan un reconocimiento estable y ascendente, raro para un artista tan singular. Pero más allá de las subastas, es la coherencia misma de su obra, su capacidad para atravesar el tiempo sin diluirse nunca en los efectos de moda, lo que atrae a los coleccionistas exigentes. Su nombre, en la encrucijada de surrealistas y metafísicos, encarna una estética a la vez completa, inmediatamente identificable, y, sin embargo, inagotable. Adquirir una obra de Delvaux, incluso en el ámbito de la edición, es así inscribirse en una historia profunda de la pintura del siglo XX, una historia reconocida, expuesta, cotizada, y siempre en movimiento.
El vendedor y su historia
Traducido por el Traductor de GoogleTécnica: litografía
Soporte: Papier Arches
Numeración: 74/75
Firmada a mano
Dimensiones de la hoja: 90 × 62 cm
Muy buen estado
Autenticación: Vendida con certificado de autenticidad de la galería. Publicada por Ed. Le Bateau Lavoir. Jacob 45.
Envío UPS
Paul Delvaux (1897–1994) ocupa un lugar único en la historia de la pintura moderna. Ni totalmente surrealista, ni simplemente simbolista, es uno de esos pocos artistas del siglo XX cuyo universo pertenece solo a él: un teatro de figuras femeninas desnudas o vestidas, aisladas en paisajes arquitectónicos desamparados, dentro de estaciones desiertas, de templos griegos en ruinas, de habitaciones cerradas bañadas por una luz lunar. Al principio influenciado por los expresionistas flamencos, Delvaux se aparta del realismo tras su descubrimiento de Giorgio de Chirico en 1934, un choque visual y existencial. Retiene de Chirico la perspectiva vacía, la sombra larga, la arquitectura como teatro de la espera, pero cambia lo trágico por una forma de nostalgia soñadora, melancólica, sin dureza. A partir de entonces, su obra se abre a una dimensión onírica que se desplegará hasta su muerte: un mundo fijo en el silencio, donde los personajes parecen a la vez presentes y ausentes, como atrapados en un sueño del que nunca despertarían.
Su aparente vínculo con el surrealismo, reforzado por su cercanía con Magritte y por su exposición en los círculos de André Breton, no debe engañar: Delvaux no busca la subversión, ni la provocación inconsciente. Al contrario, persigue una visión eminentemente personal, donde la repetición de motivos, el tren, el esqueleto, la mujer desnuda, la ciudad antigua, la lámpara de petróleo, forma una especie de liturgia poética, un ritual visual sin fin. A la violencia del inconsciente, él prefiere el murmullo de la memoria, los espejismos de la infancia, los ecos lejanos de un mundo desaparecido. Su universo no es el del escándalo, sino el del misterio. Allí se entra como en un sueño lúcido: los ojos abiertos ante la extrañeza suave de las cosas familiares.
Hoy, el mercado no se equivoca: las grandes telas de Paul Delvaux alcanzan regularmente cumbres en las principales ventas internacionales, superando los umbrales simbólicos de 3, 5 o incluso 8 millones de euros. Figura junto a las grandes figuras del modernismo europeo, y sus resultados en sala atestiguan un reconocimiento estable y ascendente, raro para un artista tan singular. Pero más allá de las subastas, es la coherencia misma de su obra, su capacidad para atravesar el tiempo sin diluirse nunca en los efectos de moda, lo que atrae a los coleccionistas exigentes. Su nombre, en la encrucijada de surrealistas y metafísicos, encarna una estética a la vez completa, inmediatamente identificable, y, sin embargo, inagotable. Adquirir una obra de Delvaux, incluso en el ámbito de la edición, es así inscribirse en una historia profunda de la pintura del siglo XX, una historia reconocida, expuesta, cotizada, y siempre en movimiento.
