Tom Wesselmann (1931-2004) - Nude (for sedfre)






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Descripción del vendedor
Técnica: Serigrafía
Soporte : Papier Strathmore
Numeración: 42/100
Firma: Firmada a mano « Wesselmann 69 »
Dimensiones de la hoja: 59x74 cm
Enmarcado: vidrio museográfico y moldura dorada
Estado : Muy buen estado
Autenticación: Obra vendida con certificado de autenticidad. Publicada e impresa por Chiron Press, Nueva York.
Información sobre la obra
Tom Wesselmann ocupa un lugar singular en el panteón de los grandes artistas estadounidenses, no por un exceso de radicalidad o de teoría, sino porque supo cristalizar con una agudeza poco común la ambigüedad del deseo moderno. A menudo se le etiqueta 'Pop Art', pero en verdad su obra excede esa clasificación. Lo que logra no es simplemente una relectura de los códigos publicitarios o un homenaje al consumo; es una puesta en escena plástica de la fantasía estadounidense, en toda su tensión entre erotismo, abstracción y vacío.
Sus desnudos, recortados, fragmentados, exaltados, no se basan en un simple elogio del cuerpo femenino; revelan la superficie como obsesión, el fragmento como absoluto, el plano como límite de lo real. Las bocas carnosas, los pezones erguidos, las piernas cruzadas nunca están completamente encarnados: flotan en un espacio suspendido, reducido a la pureza de un cromatismo violento o a la neutralidad blanca del soporte. Wesselmann pinta el deseo no como realidad, sino como icono. Ya no es el hombre quien desea a la mujer; es la forma misma la que se vuelve deseante. Y en eso, él prolonga, pero radicaliza, la intuición de Matisse: que la forma pura, por su misma intensidad, puede volverse una experiencia sensual.
Al negarse también al crítica demasiado contundente, se inscribe en una línea poco común: la de la ambigüedad estética, lo bello como trampa, la luz como señuelo. Por eso es uno de los pocos que ha podido, sin contradicción, hacer coexistir el placer de la mirada, la belleza plástica y una forma de lucidez sobre los límites mismos de esa belleza.
En una palabra: Wesselmann pinta la superficie como una verdad, no para denunciar la superficialidad, sino para explorar su poder erótico, psíquico y estético. No es un moralista. Es un anatomista de la mirada estadounidense, de sus pulsiones, de sus reflejos, de sus vacíos. En ello, es sin duda uno de los artistas más lúcidos, y de los más plásticamente vertiginosos, del siglo XX estadounidense.
El vendedor y su historia
Traducido por el Traductor de GoogleTécnica: Serigrafía
Soporte : Papier Strathmore
Numeración: 42/100
Firma: Firmada a mano « Wesselmann 69 »
Dimensiones de la hoja: 59x74 cm
Enmarcado: vidrio museográfico y moldura dorada
Estado : Muy buen estado
Autenticación: Obra vendida con certificado de autenticidad. Publicada e impresa por Chiron Press, Nueva York.
Información sobre la obra
Tom Wesselmann ocupa un lugar singular en el panteón de los grandes artistas estadounidenses, no por un exceso de radicalidad o de teoría, sino porque supo cristalizar con una agudeza poco común la ambigüedad del deseo moderno. A menudo se le etiqueta 'Pop Art', pero en verdad su obra excede esa clasificación. Lo que logra no es simplemente una relectura de los códigos publicitarios o un homenaje al consumo; es una puesta en escena plástica de la fantasía estadounidense, en toda su tensión entre erotismo, abstracción y vacío.
Sus desnudos, recortados, fragmentados, exaltados, no se basan en un simple elogio del cuerpo femenino; revelan la superficie como obsesión, el fragmento como absoluto, el plano como límite de lo real. Las bocas carnosas, los pezones erguidos, las piernas cruzadas nunca están completamente encarnados: flotan en un espacio suspendido, reducido a la pureza de un cromatismo violento o a la neutralidad blanca del soporte. Wesselmann pinta el deseo no como realidad, sino como icono. Ya no es el hombre quien desea a la mujer; es la forma misma la que se vuelve deseante. Y en eso, él prolonga, pero radicaliza, la intuición de Matisse: que la forma pura, por su misma intensidad, puede volverse una experiencia sensual.
Al negarse también al crítica demasiado contundente, se inscribe en una línea poco común: la de la ambigüedad estética, lo bello como trampa, la luz como señuelo. Por eso es uno de los pocos que ha podido, sin contradicción, hacer coexistir el placer de la mirada, la belleza plástica y una forma de lucidez sobre los límites mismos de esa belleza.
En una palabra: Wesselmann pinta la superficie como una verdad, no para denunciar la superficialidad, sino para explorar su poder erótico, psíquico y estético. No es un moralista. Es un anatomista de la mirada estadounidense, de sus pulsiones, de sus reflejos, de sus vacíos. En ello, es sin duda uno de los artistas más lúcidos, y de los más plásticamente vertiginosos, del siglo XX estadounidense.
