Mario Silano (1973) - Silenzio d’autunno





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Silenzio d’autunno es una pintura al óleo italiana del periodo 2020+, realizada por Mario Silano (1973) y mide 40 x 30 cm.
Descripción del vendedor
Título: Silencio otoñal
El cuadro presenta un retrato femenino de intenso refinamiento, suspendido entre realismo y sugerencia poética. La figura, tomada a medio busto, emerge de un fondo claro y matérico, atravesado por goteos, salpicaduras y veladuras que amplifican el diálogo entre el control formal y el gesto libre. El rostro de la joven mujer, iluminado por una luz suave y difusa, se reproduce con extrema delicadeza: la piel es aterciopelada, los matices rosados de las mejillas y de los labios transmiten una presencia viva y silenciosa, mientras la mirada, dirigida hacia el observador pero ligeramente apartada, sugiere introspección y distancia emocional.
El cabello castaño, recogido en un peinado suave y natural, acoge hojas otoñales de tonos cálidos ucre y dorado, elemento simbólico que evoca el paso del tiempo, la memoria y la transformación. Las hojas parecen fundirse con el fondo pictórico, como si la figura fuera parte integral del paisaje emocional que la rodea. El vestido, en tonalidades terrosas y delicadas, está tratado con pinceladas ligeras y transparentes, dejando entrever la trama del lienzo y reforzando la sensación de intimidad.
La composición es equilibrada pero deliberadamente irregular: el rostro, definido y central, contrasta con el fondo dinámico y fragmentado, creando una tensión visual que dirige la mirada e invita a la contemplación. La obra en su conjunto comunica una atmósfera suspendida, lírica, en la que la figura no es solo un retrato, sino una presencia emocional, eco de una temporada interior captada en su momento más silencioso e intenso.
Título: Silencio otoñal
El cuadro presenta un retrato femenino de intenso refinamiento, suspendido entre realismo y sugerencia poética. La figura, tomada a medio busto, emerge de un fondo claro y matérico, atravesado por goteos, salpicaduras y veladuras que amplifican el diálogo entre el control formal y el gesto libre. El rostro de la joven mujer, iluminado por una luz suave y difusa, se reproduce con extrema delicadeza: la piel es aterciopelada, los matices rosados de las mejillas y de los labios transmiten una presencia viva y silenciosa, mientras la mirada, dirigida hacia el observador pero ligeramente apartada, sugiere introspección y distancia emocional.
El cabello castaño, recogido en un peinado suave y natural, acoge hojas otoñales de tonos cálidos ucre y dorado, elemento simbólico que evoca el paso del tiempo, la memoria y la transformación. Las hojas parecen fundirse con el fondo pictórico, como si la figura fuera parte integral del paisaje emocional que la rodea. El vestido, en tonalidades terrosas y delicadas, está tratado con pinceladas ligeras y transparentes, dejando entrever la trama del lienzo y reforzando la sensación de intimidad.
La composición es equilibrada pero deliberadamente irregular: el rostro, definido y central, contrasta con el fondo dinámico y fragmentado, creando una tensión visual que dirige la mirada e invita a la contemplación. La obra en su conjunto comunica una atmósfera suspendida, lírica, en la que la figura no es solo un retrato, sino una presencia emocional, eco de una temporada interior captada en su momento más silencioso e intenso.

