Enric Ginesta (1948) - Ciudad en verde






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Óleo sobre tela Ciudad en verde de Enric Ginesta, periodo 1980-1990, España, Impresionismo, tamaño de la obra 64×48 cm y marco 80×64×5 cm, firmado a mano en la esquina inferior derecha, en buen estado.
Descripción del vendedor
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Enric Ginesta, que representa la convivencia serena entre la vida urbana y la naturaleza, transformando un rincón cotidiano en un espacio de calma y equilibrio. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones del marco: 80x64x5 cm.
· Dimensiones de la obra: 64x48 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la esquina derecha de la obra, Ginesta.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro muestra una escena urbana vista a través de una densa presencia vegetal que actúa casi como un marco natural. La mirada se introduce en el espacio como si avanzara entre hojas y ramas, descubriendo poco a poco un conjunto de edificios que se alzan al fondo. No es una visión frontal ni directa, sino una escena observada desde cierta distancia, como si el espectador estuviera escondido entre la vegetación, contemplando la vida cotidiana desde un lugar íntimo y silencioso. Esta forma de mirar aporta una sensación de calma y cercanía, haciendo que el paisaje urbano resulte acogedor y humano.
Los edificios se elevan con formas sencillas y volúmenes bien definidos, integrándose con naturalidad en el entorno. Sus fachadas claras contrastan suavemente con los verdes intensos de los árboles, creando un diálogo equilibrado entre arquitectura y naturaleza. No dominan la escena, sino que parecen convivir con ella, como si el paso del tiempo hubiera permitido que la vegetación reclamara su espacio. Las ventanas y balcones sugieren vida interior, historias silenciosas que se desarrollan tras los muros, aunque no se muestren de manera explícita.
La vegetación es abundante y envolvente, ocupando gran parte de la composición y aportando movimiento y frescura. Las hojas, dispuestas de forma libre y dinámica, generan una sensación de vibración y vitalidad. Los árboles no solo decoran el entorno, sino que estructuran la escena, guiando la mirada hacia el centro y creando profundidad. Esta presencia vegetal transmite una sensación de refugio, como si el espacio urbano se suavizara gracias al contacto constante con la naturaleza.
En la parte inferior del cuadro, el camino introduce un eje de profundidad que conduce la mirada hacia el fondo. Sobre él aparecen algunos elementos cotidianos, como vehículos y una figura humana apenas insinuada, que aportan escala y refuerzan la idea de vida diaria. Estos detalles no rompen la tranquilidad de la escena, sino que la completan, mostrando un instante detenido, un momento cualquiera transformado en algo digno de contemplación. La vida transcurre sin prisa, integrada en el paisaje.
La luz impregna toda la escena de una atmósfera clara y abierta, reforzando la sensación de serenidad. No hay contrastes violentos ni sombras dramáticas, sino una iluminación equilibrada que unifica todos los elementos. El cielo, visible entre los edificios y las copas de los árboles, aporta amplitud y respiro visual, cerrando la composición con una sensación de claridad y orden natural.
En conjunto, el cuadro transmite una visión armoniosa de la vida urbana en diálogo con la naturaleza, donde lo cotidiano se vuelve poético y cercano. Es una escena que invita a la contemplación pausada, al disfrute de los pequeños rincones y a la sensación de bienestar que surge cuando ciudad y vegetación conviven en equilibrio.
El vendedor y su historia
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Enric Ginesta, que representa la convivencia serena entre la vida urbana y la naturaleza, transformando un rincón cotidiano en un espacio de calma y equilibrio. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones del marco: 80x64x5 cm.
· Dimensiones de la obra: 64x48 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la esquina derecha de la obra, Ginesta.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro muestra una escena urbana vista a través de una densa presencia vegetal que actúa casi como un marco natural. La mirada se introduce en el espacio como si avanzara entre hojas y ramas, descubriendo poco a poco un conjunto de edificios que se alzan al fondo. No es una visión frontal ni directa, sino una escena observada desde cierta distancia, como si el espectador estuviera escondido entre la vegetación, contemplando la vida cotidiana desde un lugar íntimo y silencioso. Esta forma de mirar aporta una sensación de calma y cercanía, haciendo que el paisaje urbano resulte acogedor y humano.
Los edificios se elevan con formas sencillas y volúmenes bien definidos, integrándose con naturalidad en el entorno. Sus fachadas claras contrastan suavemente con los verdes intensos de los árboles, creando un diálogo equilibrado entre arquitectura y naturaleza. No dominan la escena, sino que parecen convivir con ella, como si el paso del tiempo hubiera permitido que la vegetación reclamara su espacio. Las ventanas y balcones sugieren vida interior, historias silenciosas que se desarrollan tras los muros, aunque no se muestren de manera explícita.
La vegetación es abundante y envolvente, ocupando gran parte de la composición y aportando movimiento y frescura. Las hojas, dispuestas de forma libre y dinámica, generan una sensación de vibración y vitalidad. Los árboles no solo decoran el entorno, sino que estructuran la escena, guiando la mirada hacia el centro y creando profundidad. Esta presencia vegetal transmite una sensación de refugio, como si el espacio urbano se suavizara gracias al contacto constante con la naturaleza.
En la parte inferior del cuadro, el camino introduce un eje de profundidad que conduce la mirada hacia el fondo. Sobre él aparecen algunos elementos cotidianos, como vehículos y una figura humana apenas insinuada, que aportan escala y refuerzan la idea de vida diaria. Estos detalles no rompen la tranquilidad de la escena, sino que la completan, mostrando un instante detenido, un momento cualquiera transformado en algo digno de contemplación. La vida transcurre sin prisa, integrada en el paisaje.
La luz impregna toda la escena de una atmósfera clara y abierta, reforzando la sensación de serenidad. No hay contrastes violentos ni sombras dramáticas, sino una iluminación equilibrada que unifica todos los elementos. El cielo, visible entre los edificios y las copas de los árboles, aporta amplitud y respiro visual, cerrando la composición con una sensación de claridad y orden natural.
En conjunto, el cuadro transmite una visión armoniosa de la vida urbana en diálogo con la naturaleza, donde lo cotidiano se vuelve poético y cercano. Es una escena que invita a la contemplación pausada, al disfrute de los pequeños rincones y a la sensación de bienestar que surge cuando ciudad y vegetación conviven en equilibrio.
