French School (XX) - Rough horizon





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Rough horizon es una pintura al óleo sobre lienzo de la Escuela Francesa (XX) de los años 1960–1970, en estilo impresionista, firmado a mano, edición original, 27 × 41 cm, Francia.
Descripción del vendedor
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a la escuela francesa, que representa la resistencia silenciosa de la naturaleza frente al paso del tiempo, mostrando la belleza austera de un paisaje desnudo y profundamente introspectivo. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones de la obra: 27x41x2 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la parte inferior derecha.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta un paisaje austero y profundamente expresivo, donde una hilera de árboles desnudos se extiende a lo largo de un terreno abierto y silencioso. Las figuras arbóreas, retorcidas y marcadas por el tiempo, se alinean como testigos inmóviles de un entorno duro y cambiante. No hay exuberancia ni abundancia, sino una belleza contenida que nace de la resistencia y de la permanencia. La escena transmite una sensación de soledad serena, donde el espacio parece suspendido en un instante de quietud absoluta.
El terreno se muestra irregular y dinámico, compuesto por capas superpuestas de tonos terrosos, grises y verdosos que sugieren un paisaje trabajado y erosionado. Estas franjas horizontales crean profundidad y movimiento, guiando la mirada de un extremo a otro del cuadro. El suelo no es uniforme ni estable, sino vivo, marcado por surcos y huellas que evocan el paso del tiempo, las estaciones y el esfuerzo silencioso de la naturaleza. Esta textura visual aporta una carga emocional intensa, casi melancólica.
Los árboles, despojados de hojas, destacan por sus formas angulosas y orgánicas, como si cada uno tuviera una personalidad propia. Sus ramas se elevan en gestos irregulares, algunos más abiertos, otros más contenidos, creando un ritmo visual que recorre toda la composición. A pesar de su desnudez, no transmiten fragilidad, sino fortaleza y perseverancia. Son símbolos de resistencia frente a un entorno áspero, capaces de mantenerse en pie incluso en los momentos más duros.
El cielo y el fondo se funden en una atmósfera pesada y cambiante, donde los tonos apagados refuerzan la sensación de un clima inestable o de un tiempo detenido. No hay un horizonte claramente definido, lo que intensifica la sensación de aislamiento y de introspección. El paisaje parece extenderse más allá del cuadro, sin un final concreto, como si formara parte de un ciclo continuo e ininterrumpido.
La ausencia de figuras humanas refuerza el carácter introspectivo de la escena, permitiendo que la naturaleza sea la única protagonista. El silencio es casi palpable, y el espectador se ve invitado a contemplar el paisaje sin distracciones, a conectar con su crudeza y su honestidad. Cada elemento parece colocado con intención, no para embellecer, sino para transmitir una emoción profunda y sincera.
En conjunto, el cuadro ofrece una visión poderosa y melancólica del paisaje, donde la desnudez de los árboles y la dureza del terreno se convierten en una reflexión sobre el paso del tiempo, la resistencia y la belleza austera de la naturaleza en su estado más esencial.
El vendedor y su historia
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a la escuela francesa, que representa la resistencia silenciosa de la naturaleza frente al paso del tiempo, mostrando la belleza austera de un paisaje desnudo y profundamente introspectivo. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones de la obra: 27x41x2 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la parte inferior derecha.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta un paisaje austero y profundamente expresivo, donde una hilera de árboles desnudos se extiende a lo largo de un terreno abierto y silencioso. Las figuras arbóreas, retorcidas y marcadas por el tiempo, se alinean como testigos inmóviles de un entorno duro y cambiante. No hay exuberancia ni abundancia, sino una belleza contenida que nace de la resistencia y de la permanencia. La escena transmite una sensación de soledad serena, donde el espacio parece suspendido en un instante de quietud absoluta.
El terreno se muestra irregular y dinámico, compuesto por capas superpuestas de tonos terrosos, grises y verdosos que sugieren un paisaje trabajado y erosionado. Estas franjas horizontales crean profundidad y movimiento, guiando la mirada de un extremo a otro del cuadro. El suelo no es uniforme ni estable, sino vivo, marcado por surcos y huellas que evocan el paso del tiempo, las estaciones y el esfuerzo silencioso de la naturaleza. Esta textura visual aporta una carga emocional intensa, casi melancólica.
Los árboles, despojados de hojas, destacan por sus formas angulosas y orgánicas, como si cada uno tuviera una personalidad propia. Sus ramas se elevan en gestos irregulares, algunos más abiertos, otros más contenidos, creando un ritmo visual que recorre toda la composición. A pesar de su desnudez, no transmiten fragilidad, sino fortaleza y perseverancia. Son símbolos de resistencia frente a un entorno áspero, capaces de mantenerse en pie incluso en los momentos más duros.
El cielo y el fondo se funden en una atmósfera pesada y cambiante, donde los tonos apagados refuerzan la sensación de un clima inestable o de un tiempo detenido. No hay un horizonte claramente definido, lo que intensifica la sensación de aislamiento y de introspección. El paisaje parece extenderse más allá del cuadro, sin un final concreto, como si formara parte de un ciclo continuo e ininterrumpido.
La ausencia de figuras humanas refuerza el carácter introspectivo de la escena, permitiendo que la naturaleza sea la única protagonista. El silencio es casi palpable, y el espectador se ve invitado a contemplar el paisaje sin distracciones, a conectar con su crudeza y su honestidad. Cada elemento parece colocado con intención, no para embellecer, sino para transmitir una emoción profunda y sincera.
En conjunto, el cuadro ofrece una visión poderosa y melancólica del paisaje, donde la desnudez de los árboles y la dureza del terreno se convierten en una reflexión sobre el paso del tiempo, la resistencia y la belleza austera de la naturaleza en su estado más esencial.

