José Antonio Caballero (1955) - Extremadura






Graduada como subastadora francesa y trabajó en el departamento de tasación de Sotheby’s París.
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Extremadura, óleo sobre tela de José Antonio Caballero (1955) de la década de 1990–2000, originario de España, firmado a mano, edición original, vendido con marco.
Descripción del vendedor
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a José Antonio Caballero, que representa la quietud y la permanencia de un pueblo que convive en equilibrio con el paisaje y el cielo que lo envuelven. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones del marco: 60x67x5 cm.
· Dimensiones de la obra: 38x46 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la esquina izquierda de la obra, Caballero.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro nos presenta una vista panorámica de un pueblo asentado sobre un terreno elevado, integrado de manera orgánica en un paisaje amplio y silencioso. La escena se abre con una sucesión de construcciones de tonos claros que se agrupan formando un núcleo compacto, como si el pueblo se protegiera a sí mismo frente a la inmensidad que lo rodea. Las casas, dispuestas de forma irregular, generan una sensación de vida pausada y cotidiana, reflejando una arquitectura sencilla, profundamente ligada al entorno que la sostiene.
El conjunto urbano se apoya sobre una base de terreno natural que se extiende en suaves pendientes hacia el primer plano. Este espacio inferior está marcado por campos abiertos y vegetación dispersa, donde los tonos terrosos y verdes dialogan entre sí con naturalidad. La tierra parece trabajada y vivida, mostrando un paisaje que no es salvaje ni artificial, sino moldeado con el paso del tiempo y el esfuerzo humano, reforzando la sensación de arraigo y continuidad histórica.
En el centro del pueblo destaca una edificación de mayor presencia, que actúa como punto de referencia visual y simbólico dentro de la composición. Su volumen sobresale ligeramente sobre el resto de construcciones, aportando equilibrio y jerarquía al conjunto urbano. Esta estructura central refuerza la idea de comunidad, de lugar compartido, donde la vida social y espiritual se concentra y da sentido al resto del asentamiento.
El cielo ocupa una parte esencial de la escena, extendiéndose con amplitud y dominando el ambiente general del cuadro. Su presencia es poderosa y envolvente, cargada de una atmósfera densa que contrasta con la quietud del pueblo. Las nubes parecen avanzar lentamente, creando una tensión suave entre la estabilidad del asentamiento humano y la naturaleza cambiante que lo rodea. Esta relación aporta profundidad emocional a la escena, invitando a la contemplación y al silencio.
La luz, distribuida de manera contenida, envuelve tanto el paisaje como las construcciones sin dramatismos excesivos. No hay gestos bruscos ni contrastes violentos, sino una iluminación sobria que refuerza la sensación de calma y permanencia. Todo parece detenido en un instante preciso, como si el tiempo se hubiera ralentizado para permitir al espectador observar y sentir el lugar con tranquilidad.
En conjunto, el cuadro transmite una imagen serena y reflexiva de un pueblo integrado en su paisaje, donde la arquitectura, la tierra y el cielo conviven en equilibrio. Es una escena que habla de permanencia, de identidad y de una vida pausada, profundamente conectada con el entorno natural que la rodea.
El vendedor y su historia
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a José Antonio Caballero, que representa la quietud y la permanencia de un pueblo que convive en equilibrio con el paisaje y el cielo que lo envuelven. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones del marco: 60x67x5 cm.
· Dimensiones de la obra: 38x46 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la esquina izquierda de la obra, Caballero.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro nos presenta una vista panorámica de un pueblo asentado sobre un terreno elevado, integrado de manera orgánica en un paisaje amplio y silencioso. La escena se abre con una sucesión de construcciones de tonos claros que se agrupan formando un núcleo compacto, como si el pueblo se protegiera a sí mismo frente a la inmensidad que lo rodea. Las casas, dispuestas de forma irregular, generan una sensación de vida pausada y cotidiana, reflejando una arquitectura sencilla, profundamente ligada al entorno que la sostiene.
El conjunto urbano se apoya sobre una base de terreno natural que se extiende en suaves pendientes hacia el primer plano. Este espacio inferior está marcado por campos abiertos y vegetación dispersa, donde los tonos terrosos y verdes dialogan entre sí con naturalidad. La tierra parece trabajada y vivida, mostrando un paisaje que no es salvaje ni artificial, sino moldeado con el paso del tiempo y el esfuerzo humano, reforzando la sensación de arraigo y continuidad histórica.
En el centro del pueblo destaca una edificación de mayor presencia, que actúa como punto de referencia visual y simbólico dentro de la composición. Su volumen sobresale ligeramente sobre el resto de construcciones, aportando equilibrio y jerarquía al conjunto urbano. Esta estructura central refuerza la idea de comunidad, de lugar compartido, donde la vida social y espiritual se concentra y da sentido al resto del asentamiento.
El cielo ocupa una parte esencial de la escena, extendiéndose con amplitud y dominando el ambiente general del cuadro. Su presencia es poderosa y envolvente, cargada de una atmósfera densa que contrasta con la quietud del pueblo. Las nubes parecen avanzar lentamente, creando una tensión suave entre la estabilidad del asentamiento humano y la naturaleza cambiante que lo rodea. Esta relación aporta profundidad emocional a la escena, invitando a la contemplación y al silencio.
La luz, distribuida de manera contenida, envuelve tanto el paisaje como las construcciones sin dramatismos excesivos. No hay gestos bruscos ni contrastes violentos, sino una iluminación sobria que refuerza la sensación de calma y permanencia. Todo parece detenido en un instante preciso, como si el tiempo se hubiera ralentizado para permitir al espectador observar y sentir el lugar con tranquilidad.
En conjunto, el cuadro transmite una imagen serena y reflexiva de un pueblo integrado en su paisaje, donde la arquitectura, la tierra y el cielo conviven en equilibrio. Es una escena que habla de permanencia, de identidad y de una vida pausada, profundamente conectada con el entorno natural que la rodea.
