Josefina Coderch (1934) - La flor del instante





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Descripción del vendedor
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Josefina Coderch, que representa la unión entre la feminidad, la naturaleza y la introspección, mostrando un instante de calma, belleza y contemplación suspendido en el tiempo. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones del marco: 54x43x6 cm.
· Dimensiones de la obra: 35x24 cm.
· Gouache firmada a mano por el artista en la esquina derecha de la obra, J. Coderch.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco con vidrio protector (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro nos presenta una escena llena de delicadeza, sensibilidad y poesía visual, en la que una figura femenina se convierte en el centro absoluto de la composición. La joven aparece situada en medio de un campo florido, rodeada de una naturaleza viva y luminosa que parece envolverla con suavidad. Su postura es elegante y relajada, como si estuviera detenida en un instante íntimo, ajeno al paso del tiempo. En una de sus manos sostiene una flor, acercándola a su rostro con un gesto delicado, mientras que en la otra mantiene un objeto alargado que se apoya con ligereza sobre su hombro. Todo en su actitud transmite calma, introspección y una sensación de armonía profunda con el entorno.
La vestimenta oscura que lleva la figura crea un contraste poderoso con los colores claros y vibrantes del paisaje. Su vestido cae con suavidad, marcando la silueta sin rigidez, aportando elegancia y sobriedad a la escena. Este contraste no solo resalta su presencia, sino que también refuerza su carácter casi etéreo, como si fuera parte del paisaje y al mismo tiempo una figura aparte. El amplio sombrero que enmarca su rostro añade un toque romántico y nostálgico, recordando épocas pasadas y evocando una feminidad serena y contemplativa. Su rostro, ligeramente inclinado, refleja una expresión tranquila, casi soñadora, que invita al espectador a imaginar sus pensamientos.
El entorno natural juega un papel fundamental en la obra, convirtiéndose en un escenario lleno de vida y movimiento. El campo está cubierto de flores de distintos colores, dispersas de manera aparentemente espontánea, creando una sensación de libertad y frescura. Estas flores no solo decoran el espacio, sino que parecen dialogar con la figura central, como si formaran parte de su mundo interior. Al fondo, se insinúa un paisaje más amplio con árboles y estructuras lejanas, lo que aporta profundidad y amplía la perspectiva. Este fondo suavemente difuminado refuerza la sensación de lejanía y ensueño, como si la escena perteneciera a un recuerdo o a una ensoñación.
La luz que envuelve la composición es suave y envolvente, sin brusquedades, creando una atmósfera íntima y acogedora. No se trata de una iluminación intensa, sino de una claridad delicada que acaricia cada elemento. Esta luz realza los matices del vestido, los tonos de las flores y los detalles del rostro, sin imponerse sobre ellos. Gracias a este tratamiento luminoso, la escena adquiere una dimensión casi poética, donde todo parece suspendido en un instante eterno. El paisaje no es solo un fondo, sino un espacio emocional que refleja serenidad, nostalgia y belleza silenciosa.
La relación entre la figura femenina y la naturaleza es uno de los aspectos más significativos del cuadro. Ella no aparece como una visitante externa, sino como una parte integral del entorno, como si hubiera nacido en ese campo o perteneciera a él desde siempre. Su gesto al acercar la flor al rostro sugiere una conexión profunda con lo natural, una búsqueda de sensaciones simples y auténticas. El objeto que sostiene sobre el hombro introduce un elemento de misterio, dejando abierta la interpretación: puede simbolizar trabajo, viaje, defensa o simplemente una presencia cotidiana. Esta ambigüedad enriquece la obra, permitiendo múltiples lecturas y emociones.
En conjunto, el cuadro transmite una sensación de delicadeza, introspección y belleza atemporal, donde la figura femenina y el paisaje se funden en una misma atmósfera de calma y poesía. Cada elemento parece cuidadosamente integrado para crear una escena equilibrada, emotiva y profundamente evocadora. La obra invita a detenerse, contemplar y sentir, despertando recuerdos, sueños y emociones íntimas en quien la observa.
El vendedor y su historia
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Josefina Coderch, que representa la unión entre la feminidad, la naturaleza y la introspección, mostrando un instante de calma, belleza y contemplación suspendido en el tiempo. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones del marco: 54x43x6 cm.
· Dimensiones de la obra: 35x24 cm.
· Gouache firmada a mano por el artista en la esquina derecha de la obra, J. Coderch.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco con vidrio protector (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro nos presenta una escena llena de delicadeza, sensibilidad y poesía visual, en la que una figura femenina se convierte en el centro absoluto de la composición. La joven aparece situada en medio de un campo florido, rodeada de una naturaleza viva y luminosa que parece envolverla con suavidad. Su postura es elegante y relajada, como si estuviera detenida en un instante íntimo, ajeno al paso del tiempo. En una de sus manos sostiene una flor, acercándola a su rostro con un gesto delicado, mientras que en la otra mantiene un objeto alargado que se apoya con ligereza sobre su hombro. Todo en su actitud transmite calma, introspección y una sensación de armonía profunda con el entorno.
La vestimenta oscura que lleva la figura crea un contraste poderoso con los colores claros y vibrantes del paisaje. Su vestido cae con suavidad, marcando la silueta sin rigidez, aportando elegancia y sobriedad a la escena. Este contraste no solo resalta su presencia, sino que también refuerza su carácter casi etéreo, como si fuera parte del paisaje y al mismo tiempo una figura aparte. El amplio sombrero que enmarca su rostro añade un toque romántico y nostálgico, recordando épocas pasadas y evocando una feminidad serena y contemplativa. Su rostro, ligeramente inclinado, refleja una expresión tranquila, casi soñadora, que invita al espectador a imaginar sus pensamientos.
El entorno natural juega un papel fundamental en la obra, convirtiéndose en un escenario lleno de vida y movimiento. El campo está cubierto de flores de distintos colores, dispersas de manera aparentemente espontánea, creando una sensación de libertad y frescura. Estas flores no solo decoran el espacio, sino que parecen dialogar con la figura central, como si formaran parte de su mundo interior. Al fondo, se insinúa un paisaje más amplio con árboles y estructuras lejanas, lo que aporta profundidad y amplía la perspectiva. Este fondo suavemente difuminado refuerza la sensación de lejanía y ensueño, como si la escena perteneciera a un recuerdo o a una ensoñación.
La luz que envuelve la composición es suave y envolvente, sin brusquedades, creando una atmósfera íntima y acogedora. No se trata de una iluminación intensa, sino de una claridad delicada que acaricia cada elemento. Esta luz realza los matices del vestido, los tonos de las flores y los detalles del rostro, sin imponerse sobre ellos. Gracias a este tratamiento luminoso, la escena adquiere una dimensión casi poética, donde todo parece suspendido en un instante eterno. El paisaje no es solo un fondo, sino un espacio emocional que refleja serenidad, nostalgia y belleza silenciosa.
La relación entre la figura femenina y la naturaleza es uno de los aspectos más significativos del cuadro. Ella no aparece como una visitante externa, sino como una parte integral del entorno, como si hubiera nacido en ese campo o perteneciera a él desde siempre. Su gesto al acercar la flor al rostro sugiere una conexión profunda con lo natural, una búsqueda de sensaciones simples y auténticas. El objeto que sostiene sobre el hombro introduce un elemento de misterio, dejando abierta la interpretación: puede simbolizar trabajo, viaje, defensa o simplemente una presencia cotidiana. Esta ambigüedad enriquece la obra, permitiendo múltiples lecturas y emociones.
En conjunto, el cuadro transmite una sensación de delicadeza, introspección y belleza atemporal, donde la figura femenina y el paisaje se funden en una misma atmósfera de calma y poesía. Cada elemento parece cuidadosamente integrado para crear una escena equilibrada, emotiva y profundamente evocadora. La obra invita a detenerse, contemplar y sentir, despertando recuerdos, sueños y emociones íntimas en quien la observa.

