Albert Clota i Gras (1928) - El estanque






Graduada como subastadora francesa y trabajó en el departamento de tasación de Sotheby’s París.
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El estanque, una pintura al óleo de Albert Clota i Gras (España, 1950–1960), firmada a mano y vendida con marco.
Descripción del vendedor
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Clota Gras, que representa un sendero en el bosque como símbolo de introspección, calma y conexión profunda con la naturaleza. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones del marco: 74x66x6 cm.
· Dimensiones de la obra: 41x33 cm.
· Óleo sobre tabla firmado a mano por el artista en la esquina derecha de la obra.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro nos introduce en el corazón de un bosque sereno y silencioso, donde un sendero sinuoso se abre paso entre altos troncos y una vegetación delicadamente transformada por el paso de las estaciones. Desde el primer momento, la escena transmite una sensación de recogimiento y calma, como si el espectador estuviera a punto de iniciar un paseo solitario en medio de la naturaleza. Los árboles, altos y esbeltos, se alzan hacia el cielo con ramas casi desnudas, dejando filtrar una luz suave que envuelve todo el paisaje en una atmósfera íntima y contemplativa.
El camino ocupa un lugar central en la composición y actúa como guía visual y emocional. Su trazado curvo invita a avanzar lentamente, despertando la curiosidad por lo que se oculta más allá. El suelo está cubierto por una mezcla de hojas secas, tierra húmeda y pequeñas piedras, creando una superficie rica en matices y detalles. Los tonos ocres, marrones y grises reflejan el carácter otoñal del entorno, evocando una sensación de transición, de cambio y de tiempo detenido entre estaciones.
La vegetación que rodea el sendero se presenta de forma natural y espontánea, sin rigidez ni simetría. Pequeños arbustos, ramas caídas y hojas dispersas refuerzan la sensación de autenticidad del paisaje. Algunas hojas conservan aún tonalidades cálidas, como naranjas y amarillos, aportando destellos de vida en medio de la sobriedad cromática. Estos detalles enriquecen la escena y sugieren la persistencia silenciosa de la naturaleza incluso en sus momentos más discretos.
El fondo del cuadro se diluye suavemente en una bruma ligera, creando una profundidad envolvente que da la impresión de un bosque interminable. Los árboles se vuelven más difusos a medida que se alejan, integrándose con el cielo y generando una transición sutil entre los distintos planos. Esta pérdida progresiva de definición refuerza la sensación de distancia y misterio, invitando al espectador a imaginar lo que se encuentra más allá del sendero visible.
La luz se distribuye de manera uniforme y delicada, sin contrastes agresivos, aportando una sensación de equilibrio y serenidad. No se trata de una luz brillante, sino de una claridad suave que parece filtrarse entre las ramas, iluminando el camino y resaltando las texturas del suelo y los troncos. Gracias a esta iluminación, el paisaje adquiere una cualidad casi meditativa, propicia para la introspección y el silencio interior.
En conjunto, la obra transmite una profunda conexión con la naturaleza y con el ritmo pausado del tiempo, mostrando un sendero que simboliza el recorrido interior del ser humano en busca de calma y reflexión. El equilibrio entre luz, color y composición crea una escena envolvente que invita a detenerse, respirar y dejarse llevar por la quietud del entorno.
El vendedor y su historia
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Clota Gras, que representa un sendero en el bosque como símbolo de introspección, calma y conexión profunda con la naturaleza. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones del marco: 74x66x6 cm.
· Dimensiones de la obra: 41x33 cm.
· Óleo sobre tabla firmado a mano por el artista en la esquina derecha de la obra.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro nos introduce en el corazón de un bosque sereno y silencioso, donde un sendero sinuoso se abre paso entre altos troncos y una vegetación delicadamente transformada por el paso de las estaciones. Desde el primer momento, la escena transmite una sensación de recogimiento y calma, como si el espectador estuviera a punto de iniciar un paseo solitario en medio de la naturaleza. Los árboles, altos y esbeltos, se alzan hacia el cielo con ramas casi desnudas, dejando filtrar una luz suave que envuelve todo el paisaje en una atmósfera íntima y contemplativa.
El camino ocupa un lugar central en la composición y actúa como guía visual y emocional. Su trazado curvo invita a avanzar lentamente, despertando la curiosidad por lo que se oculta más allá. El suelo está cubierto por una mezcla de hojas secas, tierra húmeda y pequeñas piedras, creando una superficie rica en matices y detalles. Los tonos ocres, marrones y grises reflejan el carácter otoñal del entorno, evocando una sensación de transición, de cambio y de tiempo detenido entre estaciones.
La vegetación que rodea el sendero se presenta de forma natural y espontánea, sin rigidez ni simetría. Pequeños arbustos, ramas caídas y hojas dispersas refuerzan la sensación de autenticidad del paisaje. Algunas hojas conservan aún tonalidades cálidas, como naranjas y amarillos, aportando destellos de vida en medio de la sobriedad cromática. Estos detalles enriquecen la escena y sugieren la persistencia silenciosa de la naturaleza incluso en sus momentos más discretos.
El fondo del cuadro se diluye suavemente en una bruma ligera, creando una profundidad envolvente que da la impresión de un bosque interminable. Los árboles se vuelven más difusos a medida que se alejan, integrándose con el cielo y generando una transición sutil entre los distintos planos. Esta pérdida progresiva de definición refuerza la sensación de distancia y misterio, invitando al espectador a imaginar lo que se encuentra más allá del sendero visible.
La luz se distribuye de manera uniforme y delicada, sin contrastes agresivos, aportando una sensación de equilibrio y serenidad. No se trata de una luz brillante, sino de una claridad suave que parece filtrarse entre las ramas, iluminando el camino y resaltando las texturas del suelo y los troncos. Gracias a esta iluminación, el paisaje adquiere una cualidad casi meditativa, propicia para la introspección y el silencio interior.
En conjunto, la obra transmite una profunda conexión con la naturaleza y con el ritmo pausado del tiempo, mostrando un sendero que simboliza el recorrido interior del ser humano en busca de calma y reflexión. El equilibrio entre luz, color y composición crea una escena envolvente que invita a detenerse, respirar y dejarse llevar por la quietud del entorno.
