Francesc Galobardes (1930) - Luz sobre el valle · XL FORMAT





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Luz sobre el valle XL FORMAT, óleo sobre tela de Francesc Galobardes (1930), 1970–1980, España, vendido con marco, firmado a mano en la esquina inferior derecha, en buen estado.
Descripción del vendedor
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Francesc Galobardes, que representa la armonía entre un pequeño pueblo de montaña y la naturaleza que lo rodea, mostrando un espacio donde el tiempo parece detenerse y la vida transcurre en silencio y equilibrio. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones con marco: 88x131x4 cm.
· Dimensiones sin marco: 73x116 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la parte inferior derecha, Galobardes.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro abre una ventana a un pequeño pueblo de montaña envuelto en una atmósfera serena y silenciosa, donde la arquitectura humilde se funde con la inmensidad del paisaje. Las casas, de piedra y tejados claros, se agrupan de manera irregular alrededor de un campanario que se alza como punto central y símbolo de vida comunitaria. El camino sinuoso que atraviesa la escena parece invitar al espectador a recorrerlo lentamente, descubriendo cada rincón con calma. La luz suave del cielo baña las construcciones y las montañas, creando una sensación de equilibrio entre lo humano y lo natural.
En el centro visual de la composición destaca la torre, esbelta y firme, que parece vigilar el paso del tiempo en este lugar apartado. A su alrededor, las viviendas muestran huellas de antigüedad, desgaste y resistencia, como si cada muro guardara historias de generaciones pasadas. Los tonos claros de los tejados contrastan con las sombras proyectadas por las montañas, reforzando la profundidad del paisaje. Los pequeños detalles, como las cercas, las piedras dispersas y los restos de madera, aportan realismo y una sensación de vida cotidiana detenida en el tiempo.
Las montañas del fondo dominan el horizonte con su presencia majestuosa, elevándose en capas sucesivas que se pierden en una bruma suave. Sus cumbres claras sugieren altitud, frío y pureza, mientras que sus laderas más oscuras aportan solidez y protección al pueblo. Estas montañas no solo enmarcan el escenario, sino que también parecen abrazarlo, creando un refugio natural donde la vida transcurre lejos del ruido y la prisa. El cielo, amplio y luminoso, refuerza la sensación de espacio y libertad.
En primer plano, el terreno irregular y los caminos de tierra revelan la relación directa entre los habitantes y su entorno. No hay signos de modernidad ni de agitación, solo huellas de un ritmo pausado y sencillo. La ausencia de figuras humanas visibles no genera vacío, sino una presencia implícita: se percibe que alguien vive allí, que alguien camina por esos senderos y cuida esas casas. Todo sugiere una existencia discreta, basada en la convivencia con la naturaleza y en la continuidad de las tradiciones.
En conjunto, la obra transmite una profunda sensación de calma, arraigo y permanencia, donde el paisaje y el pueblo forman una unidad inseparable. Cada elemento parece colocado para reforzar una idea de armonía silenciosa, de belleza sin artificios y de respeto por el entorno. El espectador no solo observa un lugar, sino que casi puede sentir el aire fresco, el eco lejano de las campanas y el paso lento de los días. Es una escena que invita a la contemplación, al recogimiento y a valorar la sencillez como una forma auténtica de riqueza.
El vendedor y su historia
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Francesc Galobardes, que representa la armonía entre un pequeño pueblo de montaña y la naturaleza que lo rodea, mostrando un espacio donde el tiempo parece detenerse y la vida transcurre en silencio y equilibrio. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones con marco: 88x131x4 cm.
· Dimensiones sin marco: 73x116 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la parte inferior derecha, Galobardes.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro abre una ventana a un pequeño pueblo de montaña envuelto en una atmósfera serena y silenciosa, donde la arquitectura humilde se funde con la inmensidad del paisaje. Las casas, de piedra y tejados claros, se agrupan de manera irregular alrededor de un campanario que se alza como punto central y símbolo de vida comunitaria. El camino sinuoso que atraviesa la escena parece invitar al espectador a recorrerlo lentamente, descubriendo cada rincón con calma. La luz suave del cielo baña las construcciones y las montañas, creando una sensación de equilibrio entre lo humano y lo natural.
En el centro visual de la composición destaca la torre, esbelta y firme, que parece vigilar el paso del tiempo en este lugar apartado. A su alrededor, las viviendas muestran huellas de antigüedad, desgaste y resistencia, como si cada muro guardara historias de generaciones pasadas. Los tonos claros de los tejados contrastan con las sombras proyectadas por las montañas, reforzando la profundidad del paisaje. Los pequeños detalles, como las cercas, las piedras dispersas y los restos de madera, aportan realismo y una sensación de vida cotidiana detenida en el tiempo.
Las montañas del fondo dominan el horizonte con su presencia majestuosa, elevándose en capas sucesivas que se pierden en una bruma suave. Sus cumbres claras sugieren altitud, frío y pureza, mientras que sus laderas más oscuras aportan solidez y protección al pueblo. Estas montañas no solo enmarcan el escenario, sino que también parecen abrazarlo, creando un refugio natural donde la vida transcurre lejos del ruido y la prisa. El cielo, amplio y luminoso, refuerza la sensación de espacio y libertad.
En primer plano, el terreno irregular y los caminos de tierra revelan la relación directa entre los habitantes y su entorno. No hay signos de modernidad ni de agitación, solo huellas de un ritmo pausado y sencillo. La ausencia de figuras humanas visibles no genera vacío, sino una presencia implícita: se percibe que alguien vive allí, que alguien camina por esos senderos y cuida esas casas. Todo sugiere una existencia discreta, basada en la convivencia con la naturaleza y en la continuidad de las tradiciones.
En conjunto, la obra transmite una profunda sensación de calma, arraigo y permanencia, donde el paisaje y el pueblo forman una unidad inseparable. Cada elemento parece colocado para reforzar una idea de armonía silenciosa, de belleza sin artificios y de respeto por el entorno. El espectador no solo observa un lugar, sino que casi puede sentir el aire fresco, el eco lejano de las campanas y el paso lento de los días. Es una escena que invita a la contemplación, al recogimiento y a valorar la sencillez como una forma auténtica de riqueza.

