Luis Sinovas (1956-2010) - Contemplación






Graduada como subastadora francesa y trabajó en el departamento de tasación de Sotheby’s París.
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Contemplación es una pintura al óleo original de Luis Sinovas (1956-2010) de los años 1970, 65 cm de ancho por 50 cm de alto, firmada a mano, vendida con marco, realizada en España en el estilo Impresionismo por Galería, con título y dimensiones indicados.
Descripción del vendedor
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Luis Sinovas, que representa la unión y la introspección de tres figuras que contemplan juntas el horizonte como símbolo de futuro y esperanza. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones de la obra: 50x65x2 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la parte inferior izquierda, Sinovas.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta una escena abierta y silenciosa en la que tres figuras se sitúan frente a un paisaje amplio y despejado, dominado por una extensa franja verde que se funde con un cielo de tonalidades azuladas y matizadas. La composición se organiza horizontalmente, con una clara división entre el primer plano, ocupado por un muro de color violáceo y textura marcada, y el fondo, donde el campo se extiende hasta el horizonte. Las figuras, colocadas sobre el muro, parecen suspendidas en un momento de pausa, como si el tiempo se hubiera detenido para capturar una escena íntima y reflexiva.
En el lado izquierdo, un niño vestido con una prenda roja intensa introduce un punto de energía cromática que contrasta con la sobriedad del entorno. Su postura, ligeramente inclinada hacia atrás y con las piernas colgando, transmite una mezcla de despreocupación y contemplación. A su lado, otro joven con vestimenta más oscura mantiene una actitud igualmente recogida, con el cuerpo girado levemente hacia el paisaje. Ambos parecen mirar hacia el campo abierto, compartiendo un silencio que no necesita palabras. Sus rostros apenas definidos refuerzan el carácter universal de la escena, invitando al espectador a proyectar emociones y recuerdos personales.
A la derecha se encuentra una figura femenina de mayor estatura, envuelta en un vestido largo de tonalidad azul que cae con elegancia hasta el borde del muro. Su presencia introduce verticalidad y equilibrio en la composición, contrarrestando la horizontalidad dominante del paisaje. La mujer inclina suavemente la cabeza hacia los niños, como si estuviera atenta a ellos o compartiera su misma contemplación. El contraste entre el azul profundo de su vestimenta y el verde luminoso del campo crea una armonía cromática serena y envolvente. La relación entre las tres figuras sugiere un vínculo cercano, quizás familiar, cargado de protección y cercanía emocional.
El paisaje del fondo, amplio y despejado, aporta una sensación de libertad y apertura. La línea del horizonte es baja, lo que otorga protagonismo al cielo y refuerza la idea de inmensidad. A lo lejos se insinúan formas suaves que podrían ser colinas o montañas, apenas perceptibles, que añaden profundidad sin distraer del núcleo de la escena. El campo verde, uniforme y extenso, funciona como símbolo de esperanza, crecimiento y continuidad. La simplicidad del entorno contrasta con la complejidad emocional sugerida por las figuras, creando una tensión poética entre lo exterior y lo interior.
El muro en primer plano actúa como elemento de transición entre el espacio del espectador y el mundo representado. Su superficie, marcada por variaciones de color y matices, aporta peso y estabilidad a la composición. Las piernas de los niños colgando sobre este muro generan un detalle dinámico que rompe la rigidez de la línea horizontal. La disposición triangular que forman las tres figuras aporta cohesión visual y equilibrio estructural, guiando la mirada de izquierda a derecha y de abajo hacia arriba. Todo en la escena respira quietud, introspección y un delicado sentimiento de conexión.
En conjunto. la obra representa un momento de contemplación compartida frente a la inmensidad del paisaje, simbolizando la unión familiar, la protección y la reflexión ante el horizonte abierto de la vida.
El vendedor y su historia
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Luis Sinovas, que representa la unión y la introspección de tres figuras que contemplan juntas el horizonte como símbolo de futuro y esperanza. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones de la obra: 50x65x2 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la parte inferior izquierda, Sinovas.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta una escena abierta y silenciosa en la que tres figuras se sitúan frente a un paisaje amplio y despejado, dominado por una extensa franja verde que se funde con un cielo de tonalidades azuladas y matizadas. La composición se organiza horizontalmente, con una clara división entre el primer plano, ocupado por un muro de color violáceo y textura marcada, y el fondo, donde el campo se extiende hasta el horizonte. Las figuras, colocadas sobre el muro, parecen suspendidas en un momento de pausa, como si el tiempo se hubiera detenido para capturar una escena íntima y reflexiva.
En el lado izquierdo, un niño vestido con una prenda roja intensa introduce un punto de energía cromática que contrasta con la sobriedad del entorno. Su postura, ligeramente inclinada hacia atrás y con las piernas colgando, transmite una mezcla de despreocupación y contemplación. A su lado, otro joven con vestimenta más oscura mantiene una actitud igualmente recogida, con el cuerpo girado levemente hacia el paisaje. Ambos parecen mirar hacia el campo abierto, compartiendo un silencio que no necesita palabras. Sus rostros apenas definidos refuerzan el carácter universal de la escena, invitando al espectador a proyectar emociones y recuerdos personales.
A la derecha se encuentra una figura femenina de mayor estatura, envuelta en un vestido largo de tonalidad azul que cae con elegancia hasta el borde del muro. Su presencia introduce verticalidad y equilibrio en la composición, contrarrestando la horizontalidad dominante del paisaje. La mujer inclina suavemente la cabeza hacia los niños, como si estuviera atenta a ellos o compartiera su misma contemplación. El contraste entre el azul profundo de su vestimenta y el verde luminoso del campo crea una armonía cromática serena y envolvente. La relación entre las tres figuras sugiere un vínculo cercano, quizás familiar, cargado de protección y cercanía emocional.
El paisaje del fondo, amplio y despejado, aporta una sensación de libertad y apertura. La línea del horizonte es baja, lo que otorga protagonismo al cielo y refuerza la idea de inmensidad. A lo lejos se insinúan formas suaves que podrían ser colinas o montañas, apenas perceptibles, que añaden profundidad sin distraer del núcleo de la escena. El campo verde, uniforme y extenso, funciona como símbolo de esperanza, crecimiento y continuidad. La simplicidad del entorno contrasta con la complejidad emocional sugerida por las figuras, creando una tensión poética entre lo exterior y lo interior.
El muro en primer plano actúa como elemento de transición entre el espacio del espectador y el mundo representado. Su superficie, marcada por variaciones de color y matices, aporta peso y estabilidad a la composición. Las piernas de los niños colgando sobre este muro generan un detalle dinámico que rompe la rigidez de la línea horizontal. La disposición triangular que forman las tres figuras aporta cohesión visual y equilibrio estructural, guiando la mirada de izquierda a derecha y de abajo hacia arriba. Todo en la escena respira quietud, introspección y un delicado sentimiento de conexión.
En conjunto. la obra representa un momento de contemplación compartida frente a la inmensidad del paisaje, simbolizando la unión familiar, la protección y la reflexión ante el horizonte abierto de la vida.
