Josep Vilaseca (1954) - Oleaje y ciudad





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Oleaje y ciudad, una pintura al óleo de Josep Vilaseca (1954) de España, periodo 1960-1970, vendida con marco.
Descripción del vendedor
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Josep Vilaseca, que representa la poderosa energía del mar enfrentándose a la costa y a la ciudad, simbolizando la fuerza imparable de la naturaleza frente a la presencia humana. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones del marco: 51x59x4 cm.
· Dimensiones de la obra: 38x46 cm.
· Óleo sobre tabla firmado a mano por el artista en la esquina derecha de la obra, Vilaseca.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta una escena costera dominada por la fuerza del mar en un día gris y ventoso, donde la naturaleza se impone con intensidad frente a la presencia lejana de la ciudad. En primer plano, el oleaje se arremolina con energía, formando crestas blancas que rompen con violencia contra las rocas oscuras. La composición sitúa al espectador casi a nivel del agua, permitiéndole sentir la proximidad del mar embravecido y la potencia de cada embate. La atmósfera es húmeda, densa y cargada de movimiento, transmitiendo una sensación de inmediatez y realismo que envuelve la mirada.
Las olas se suceden en planos superpuestos que aportan profundidad y ritmo visual. Los tonos predominantes son grises, verdes oscuros y blancos espumosos, creando un contraste dramático que resalta la turbulencia del agua. Cada ola parece tener su propia dirección y carácter, generando una coreografía natural donde la espuma se dispersa en múltiples direcciones. Las rocas que emergen en el primer plano actúan como anclaje visual, ofreciendo un contrapunto sólido frente a la fluidez del mar. El choque entre agua y piedra simboliza la tensión constante entre lo efímero y lo permanente.
En el plano medio se distingue una franja de costa protegida por una línea de escollera que separa el mar abierto de la playa. Sobre la arena, pequeñas figuras humanas aportan escala y vida a la escena. Sus colores vivos destacan sutilmente frente a la paleta más sobria del entorno, sugiriendo actividad cotidiana a pesar del clima adverso. Estas figuras, diminutas en comparación con la vastedad del mar, refuerzan la idea de la naturaleza como fuerza dominante. La playa se convierte así en un espacio de transición entre el caos del agua y la estabilidad urbana.
Al fondo se alza una línea de edificios que define el perfil de la ciudad costera. Las construcciones, de tonos apagados, se recortan bajo un cielo cubierto de nubes espesas que anuncian inestabilidad atmosférica. El horizonte aparece ligeramente difuminado, como si la humedad del aire suavizara los contornos. La ciudad parece observar desde la distancia el espectáculo del mar, manteniendo una presencia discreta pero constante. Este contraste entre lo natural y lo construido añade una dimensión narrativa que enriquece la composición.
El cielo, amplio y pesado, ocupa una parte importante del cuadro, reforzando la sensación de temporal cambiante. Las nubes se extienden en capas irregulares que reflejan la misma agitación que el agua inferior. La luz es difusa, sin sombras marcadas, lo que intensifica la atmósfera melancólica y dramática. La escena transmite una emoción poderosa, casi épica, donde el mar se convierte en protagonista absoluto y la ciudad en espectadora paciente de su energía incontrolable.
En conjunto. la obra representa la fuerza indómita del mar frente a la presencia humana y urbana, evocando la tensión y el equilibrio entre naturaleza y civilización en un día de oleaje intenso.
El vendedor y su historia
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Josep Vilaseca, que representa la poderosa energía del mar enfrentándose a la costa y a la ciudad, simbolizando la fuerza imparable de la naturaleza frente a la presencia humana. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones del marco: 51x59x4 cm.
· Dimensiones de la obra: 38x46 cm.
· Óleo sobre tabla firmado a mano por el artista en la esquina derecha de la obra, Vilaseca.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta una escena costera dominada por la fuerza del mar en un día gris y ventoso, donde la naturaleza se impone con intensidad frente a la presencia lejana de la ciudad. En primer plano, el oleaje se arremolina con energía, formando crestas blancas que rompen con violencia contra las rocas oscuras. La composición sitúa al espectador casi a nivel del agua, permitiéndole sentir la proximidad del mar embravecido y la potencia de cada embate. La atmósfera es húmeda, densa y cargada de movimiento, transmitiendo una sensación de inmediatez y realismo que envuelve la mirada.
Las olas se suceden en planos superpuestos que aportan profundidad y ritmo visual. Los tonos predominantes son grises, verdes oscuros y blancos espumosos, creando un contraste dramático que resalta la turbulencia del agua. Cada ola parece tener su propia dirección y carácter, generando una coreografía natural donde la espuma se dispersa en múltiples direcciones. Las rocas que emergen en el primer plano actúan como anclaje visual, ofreciendo un contrapunto sólido frente a la fluidez del mar. El choque entre agua y piedra simboliza la tensión constante entre lo efímero y lo permanente.
En el plano medio se distingue una franja de costa protegida por una línea de escollera que separa el mar abierto de la playa. Sobre la arena, pequeñas figuras humanas aportan escala y vida a la escena. Sus colores vivos destacan sutilmente frente a la paleta más sobria del entorno, sugiriendo actividad cotidiana a pesar del clima adverso. Estas figuras, diminutas en comparación con la vastedad del mar, refuerzan la idea de la naturaleza como fuerza dominante. La playa se convierte así en un espacio de transición entre el caos del agua y la estabilidad urbana.
Al fondo se alza una línea de edificios que define el perfil de la ciudad costera. Las construcciones, de tonos apagados, se recortan bajo un cielo cubierto de nubes espesas que anuncian inestabilidad atmosférica. El horizonte aparece ligeramente difuminado, como si la humedad del aire suavizara los contornos. La ciudad parece observar desde la distancia el espectáculo del mar, manteniendo una presencia discreta pero constante. Este contraste entre lo natural y lo construido añade una dimensión narrativa que enriquece la composición.
El cielo, amplio y pesado, ocupa una parte importante del cuadro, reforzando la sensación de temporal cambiante. Las nubes se extienden en capas irregulares que reflejan la misma agitación que el agua inferior. La luz es difusa, sin sombras marcadas, lo que intensifica la atmósfera melancólica y dramática. La escena transmite una emoción poderosa, casi épica, donde el mar se convierte en protagonista absoluto y la ciudad en espectadora paciente de su energía incontrolable.
En conjunto. la obra representa la fuerza indómita del mar frente a la presencia humana y urbana, evocando la tensión y el equilibrio entre naturaleza y civilización en un día de oleaje intenso.

