Jon Elisburu (1936) - Orilla tranquila






Graduada como subastadora francesa y trabajó en el departamento de tasación de Sotheby’s París.
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Orilla tranquila, obra original de los años 1960-1970, óleo sobre tabla de Jon Elisburu (1936) de España, impresionista, dimensiones de la obra 54×45 cm en un marco de 60×51×3 cm, firmado a mano, vendido por Galería, en buen estado.
Descripción del vendedor
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Jon Elisburu, que representa la serenidad de un paisaje costero donde mar, montaña y cielo se funden en un instante de calma y contemplación. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones del marco: 60x51x3 cm.
· Dimensiones de la obra: 54x45 cm.
· Óleo sobre tabla firmado a mano por el artista en la esquina derecha de la obra, Elisburu.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta una escena marina serena y contemplativa en la que el horizonte se abre con amplitud bajo un cielo cubierto de nubes suaves y difusas. La composición se organiza en franjas horizontales muy claras: la arena en primer plano, el mar en movimiento moderado en el plano intermedio y, al fondo, dos formaciones montañosas que se recortan con sobriedad sobre el cielo. La atmósfera general transmite calma, silencio y una cierta melancolía luminosa, como si se tratara de un día gris claro en el que la luz se filtra de manera uniforme sin sombras intensas.
En primer término, la playa aparece amplia y despejada, con una superficie lisa y ligeramente húmeda que refleja tenuemente la claridad del cielo. La arena, de tonos beige y ocres apagados, se extiende de izquierda a derecha creando una base sólida y tranquila para el resto de la escena. No hay figuras humanas ni objetos que interrumpan esta extensión, lo que refuerza la sensación de soledad y recogimiento. La ausencia de elementos anecdóticos centra la atención en la relación entre tierra, agua y cielo, destacando la pureza del paisaje.
El mar ocupa el espacio central con una serie de olas suaves que avanzan hacia la orilla en ritmos pausados. Las crestas blancas se forman con delicadeza, sin violencia ni dramatismo, sugiriendo un oleaje constante pero moderado. Los tonos predominantes son azules grisáceos y verdes muy suaves, armonizados con blancos espumosos que aportan textura y movimiento. La línea del horizonte es estable y clara, aportando equilibrio visual y reforzando la sensación de amplitud infinita. El agua parece respirar con tranquilidad, marcando un compás regular que invita a la contemplación.
En el fondo se alzan dos masas montañosas oscuras que aportan profundidad y contraste. La más grande, situada a la izquierda, presenta una silueta elevada y firme, mientras que la formación a la derecha es más baja y compacta. Estas montañas crean un punto de anclaje visual que rompe la horizontalidad dominante del mar y la playa. Sus tonos oscuros contrastan con el cielo claro, estableciendo un juego sutil entre luz y sombra. La distancia en la que se encuentran sugiere perspectiva y amplía el espacio representado, reforzando la sensación de vastedad.
El cielo ocupa una parte significativa del cuadro, cubierto por nubes densas pero suaves que difuminan la luz. No se perciben contrastes bruscos ni dramatismos atmosféricos, sino una claridad uniforme que envuelve toda la escena. Esta luminosidad contenida contribuye a la atmósfera introspectiva del paisaje. La composición, sencilla en su estructura, resulta poderosa en su serenidad. Cada elemento parece colocado con intención, creando un equilibrio armónico entre estabilidad y movimiento.
En conjunto. la obra representa la calma atemporal de una playa solitaria frente al mar, evocando silencio, equilibrio y una profunda sensación de paz interior.
El vendedor y su historia
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Jon Elisburu, que representa la serenidad de un paisaje costero donde mar, montaña y cielo se funden en un instante de calma y contemplación. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones del marco: 60x51x3 cm.
· Dimensiones de la obra: 54x45 cm.
· Óleo sobre tabla firmado a mano por el artista en la esquina derecha de la obra, Elisburu.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta una escena marina serena y contemplativa en la que el horizonte se abre con amplitud bajo un cielo cubierto de nubes suaves y difusas. La composición se organiza en franjas horizontales muy claras: la arena en primer plano, el mar en movimiento moderado en el plano intermedio y, al fondo, dos formaciones montañosas que se recortan con sobriedad sobre el cielo. La atmósfera general transmite calma, silencio y una cierta melancolía luminosa, como si se tratara de un día gris claro en el que la luz se filtra de manera uniforme sin sombras intensas.
En primer término, la playa aparece amplia y despejada, con una superficie lisa y ligeramente húmeda que refleja tenuemente la claridad del cielo. La arena, de tonos beige y ocres apagados, se extiende de izquierda a derecha creando una base sólida y tranquila para el resto de la escena. No hay figuras humanas ni objetos que interrumpan esta extensión, lo que refuerza la sensación de soledad y recogimiento. La ausencia de elementos anecdóticos centra la atención en la relación entre tierra, agua y cielo, destacando la pureza del paisaje.
El mar ocupa el espacio central con una serie de olas suaves que avanzan hacia la orilla en ritmos pausados. Las crestas blancas se forman con delicadeza, sin violencia ni dramatismo, sugiriendo un oleaje constante pero moderado. Los tonos predominantes son azules grisáceos y verdes muy suaves, armonizados con blancos espumosos que aportan textura y movimiento. La línea del horizonte es estable y clara, aportando equilibrio visual y reforzando la sensación de amplitud infinita. El agua parece respirar con tranquilidad, marcando un compás regular que invita a la contemplación.
En el fondo se alzan dos masas montañosas oscuras que aportan profundidad y contraste. La más grande, situada a la izquierda, presenta una silueta elevada y firme, mientras que la formación a la derecha es más baja y compacta. Estas montañas crean un punto de anclaje visual que rompe la horizontalidad dominante del mar y la playa. Sus tonos oscuros contrastan con el cielo claro, estableciendo un juego sutil entre luz y sombra. La distancia en la que se encuentran sugiere perspectiva y amplía el espacio representado, reforzando la sensación de vastedad.
El cielo ocupa una parte significativa del cuadro, cubierto por nubes densas pero suaves que difuminan la luz. No se perciben contrastes bruscos ni dramatismos atmosféricos, sino una claridad uniforme que envuelve toda la escena. Esta luminosidad contenida contribuye a la atmósfera introspectiva del paisaje. La composición, sencilla en su estructura, resulta poderosa en su serenidad. Cada elemento parece colocado con intención, creando un equilibrio armónico entre estabilidad y movimiento.
En conjunto. la obra representa la calma atemporal de una playa solitaria frente al mar, evocando silencio, equilibrio y una profunda sensación de paz interior.
