Rosa Serra (1944) - Mar púrpura






Graduada como subastadora francesa y trabajó en el departamento de tasación de Sotheby’s París.
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Mar púrpura es una pintura al óleo original de Rosa Serra (1944), realizada entre 1970 y 1980 en España, vendida con marco, firmada a mano, en buen estado, dimensiones 46 × 55 cm.
Descripción del vendedor
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Rosa Serra, que representa la calma poética del mar al atardecer, donde las embarcaciones se funden con el cielo en un instante de silencio y contemplación. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones de la obra: 46x55x2 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la parte inferior izquierda, Rosa Serra.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro nos sumerge en una escena marítima impregnada de una atmósfera envolvente y casi onírica, donde el cielo teñido de tonos rosados y violetas se funde con la superficie tranquila del agua. En primer plano destaca una pequeña embarcación de vela oscura que ocupa gran parte del espacio visual, inclinándose suavemente hacia la izquierda como si avanzara con calma o permaneciera suspendida en un instante detenido. La vela, amplia y triangular, se erige como un elemento dominante que corta el horizonte en diagonal, aportando dinamismo a la composición y generando un contraste profundo frente a la claridad difusa del cielo.
El agua refleja con delicadeza los colores del firmamento, creando una superficie espejada en la que se diluyen matices malvas, púrpuras y plateados. Las ondulaciones suaves no transmiten turbulencia, sino un movimiento lento y acompasado, casi imperceptible. Las sombras de las embarcaciones se proyectan en el agua con una ligera distorsión que refuerza la sensación de profundidad y serenidad. Este juego de reflejos aporta una dimensión poética a la escena, como si el mar guardara en su superficie la memoria del cielo.
En segundo plano se alza un barco de mayor tamaño, con mástiles elevados y estructuras que se recortan con sutileza contra el horizonte luminoso. Su presencia aporta equilibrio a la composición, estableciendo un diálogo visual entre lo cercano y lo distante, entre la embarcación íntima del primer plano y la majestuosa silueta del fondo. Los mástiles, con sus líneas verticales y diagonales, añaden ritmo y estructura al conjunto, mientras el casco oscuro se funde con las tonalidades suaves del crepúsculo.
El horizonte aparece bajo y discreto, permitiendo que el cielo adquiera protagonismo absoluto. Las nubes se presentan difusas, casi etéreas, extendiéndose en pinceladas amplias que sugieren un momento de transición entre el día y la noche. La luz no es intensa, sino envolvente y suave, como si el sol ya se hubiera ocultado y quedara solo su eco cromático sobre el paisaje. La escena transmite una calma introspectiva, invitando al espectador a detenerse y contemplar la quietud del mar en ese instante suspendido.
La composición general equilibra masas y vacíos con armonía: la gran vela oscura compensa la amplitud del cielo claro, mientras el barco lejano sostiene visualmente el lado derecho de la obra. Todo parece dispuesto para sugerir silencio, espera y contemplación. No hay figuras humanas visibles ni acción evidente; lo que domina es la sensación de tiempo pausado, de viaje detenido en un instante lírico donde el mar y el cielo se funden en una misma emoción.
En conjunto. la obra representa la serenidad del mar al atardecer, simbolizando el equilibrio entre movimiento y quietud en un instante de contemplación suspendida.
El vendedor y su historia
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Rosa Serra, que representa la calma poética del mar al atardecer, donde las embarcaciones se funden con el cielo en un instante de silencio y contemplación. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones de la obra: 46x55x2 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la parte inferior izquierda, Rosa Serra.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro nos sumerge en una escena marítima impregnada de una atmósfera envolvente y casi onírica, donde el cielo teñido de tonos rosados y violetas se funde con la superficie tranquila del agua. En primer plano destaca una pequeña embarcación de vela oscura que ocupa gran parte del espacio visual, inclinándose suavemente hacia la izquierda como si avanzara con calma o permaneciera suspendida en un instante detenido. La vela, amplia y triangular, se erige como un elemento dominante que corta el horizonte en diagonal, aportando dinamismo a la composición y generando un contraste profundo frente a la claridad difusa del cielo.
El agua refleja con delicadeza los colores del firmamento, creando una superficie espejada en la que se diluyen matices malvas, púrpuras y plateados. Las ondulaciones suaves no transmiten turbulencia, sino un movimiento lento y acompasado, casi imperceptible. Las sombras de las embarcaciones se proyectan en el agua con una ligera distorsión que refuerza la sensación de profundidad y serenidad. Este juego de reflejos aporta una dimensión poética a la escena, como si el mar guardara en su superficie la memoria del cielo.
En segundo plano se alza un barco de mayor tamaño, con mástiles elevados y estructuras que se recortan con sutileza contra el horizonte luminoso. Su presencia aporta equilibrio a la composición, estableciendo un diálogo visual entre lo cercano y lo distante, entre la embarcación íntima del primer plano y la majestuosa silueta del fondo. Los mástiles, con sus líneas verticales y diagonales, añaden ritmo y estructura al conjunto, mientras el casco oscuro se funde con las tonalidades suaves del crepúsculo.
El horizonte aparece bajo y discreto, permitiendo que el cielo adquiera protagonismo absoluto. Las nubes se presentan difusas, casi etéreas, extendiéndose en pinceladas amplias que sugieren un momento de transición entre el día y la noche. La luz no es intensa, sino envolvente y suave, como si el sol ya se hubiera ocultado y quedara solo su eco cromático sobre el paisaje. La escena transmite una calma introspectiva, invitando al espectador a detenerse y contemplar la quietud del mar en ese instante suspendido.
La composición general equilibra masas y vacíos con armonía: la gran vela oscura compensa la amplitud del cielo claro, mientras el barco lejano sostiene visualmente el lado derecho de la obra. Todo parece dispuesto para sugerir silencio, espera y contemplación. No hay figuras humanas visibles ni acción evidente; lo que domina es la sensación de tiempo pausado, de viaje detenido en un instante lírico donde el mar y el cielo se funden en una misma emoción.
En conjunto. la obra representa la serenidad del mar al atardecer, simbolizando el equilibrio entre movimiento y quietud en un instante de contemplación suspendida.
