Jarrón - Madera - Faisanes Selva Negra - H : 20 cm





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Jarrón de madera oscura procedente de Suiza, con dos aves esculpidas en la base, 20 cm de alto, 25 cm de ancho y 16 cm de profundo, en buen estado de uso con signos de desgaste e imperfecciones, estilo Jugendstil suizo de principios del siglo XX.
Descripción del vendedor
Imagina un jarrón que no se limita a contener flores, sino que parece surgir directamente del bosque alpino, como si la propia naturaleza hubiese decidido adoptar la forma de un objeto doméstico. La madera oscura, densa y satinada, conserva ese carácter profundo típico de la Selva Negra suiza, donde cada veta cuenta una historia de humedad, sombra y silencio. La pieza se eleva con un movimiento orgánico, casi vegetal, como si el tronco de un árbol joven hubiese sido persuadido para transformarse en recipiente sin perder su impulso ascendente.
En la base, dos aves —claramente inspiradas en faisanes o urogallos de montaña— se integran en la composición con una naturalidad sorprendente. No están simplemente añadidas: parecen emerger del mismo bloque, como criaturas sorprendidas en plena actividad. Una inclina el cuello hacia el suelo, concentrada en un gesto de búsqueda, mientras la otra mantiene la cabeza erguida, alerta, con ese aire orgulloso y algo teatral tan propio del Art Nouveau cuando se inspira en la fauna. Las plumas están talladas con una minuciosidad que roza lo obsesivo, alternando zonas de relieve profundo con otras más suaves que captan la luz de forma delicada.
El cuerpo del jarrón asciende como un tronco desgajado, con superficies rugosas que evocan corteza y otras más fluidas que recuerdan hojas o brotes. Esa mezcla de rusticidad y elegancia es muy característica de la producción suiza de principios del siglo XX, donde el espíritu del Jugendstil centroeuropeo se fusiona con la tradición alpina de talla en madera. No hay líneas rectas ni simetrías rígidas: todo fluye, se curva, se retuerce suavemente, como si la pieza respirara.
El conjunto transmite una sensación de vida detenida, de naturaleza capturada en un instante perpetuo. Es un jarrón, sí, pero también un pequeño paisaje, un fragmento de bosque convertido en escultura utilitaria. Y en esa dualidad —objeto funcional y obra artística— reside su encanto más profundo.
Envío certificado y buen embalaje.
El vendedor y su historia
Imagina un jarrón que no se limita a contener flores, sino que parece surgir directamente del bosque alpino, como si la propia naturaleza hubiese decidido adoptar la forma de un objeto doméstico. La madera oscura, densa y satinada, conserva ese carácter profundo típico de la Selva Negra suiza, donde cada veta cuenta una historia de humedad, sombra y silencio. La pieza se eleva con un movimiento orgánico, casi vegetal, como si el tronco de un árbol joven hubiese sido persuadido para transformarse en recipiente sin perder su impulso ascendente.
En la base, dos aves —claramente inspiradas en faisanes o urogallos de montaña— se integran en la composición con una naturalidad sorprendente. No están simplemente añadidas: parecen emerger del mismo bloque, como criaturas sorprendidas en plena actividad. Una inclina el cuello hacia el suelo, concentrada en un gesto de búsqueda, mientras la otra mantiene la cabeza erguida, alerta, con ese aire orgulloso y algo teatral tan propio del Art Nouveau cuando se inspira en la fauna. Las plumas están talladas con una minuciosidad que roza lo obsesivo, alternando zonas de relieve profundo con otras más suaves que captan la luz de forma delicada.
El cuerpo del jarrón asciende como un tronco desgajado, con superficies rugosas que evocan corteza y otras más fluidas que recuerdan hojas o brotes. Esa mezcla de rusticidad y elegancia es muy característica de la producción suiza de principios del siglo XX, donde el espíritu del Jugendstil centroeuropeo se fusiona con la tradición alpina de talla en madera. No hay líneas rectas ni simetrías rígidas: todo fluye, se curva, se retuerce suavemente, como si la pieza respirara.
El conjunto transmite una sensación de vida detenida, de naturaleza capturada en un instante perpetuo. Es un jarrón, sí, pero también un pequeño paisaje, un fragmento de bosque convertido en escultura utilitaria. Y en esa dualidad —objeto funcional y obra artística— reside su encanto más profundo.
Envío certificado y buen embalaje.

