Emilio Isgrò (1937) - Cancellature - 1969





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Descripción del vendedor
Es un placer presentarles una obra rarísima del maestro Isgrò de 1969.
La simplicidad estética de esta obra de 1969 premia la precocidad a nivel temporal de la idea conceptual de la cancelación de Isgrò.
El año es fundamental, ya que la primera señal de la “cancelación” el maestro siciliano la ejecutó en 1964; por consiguiente, nuestra obra se halla a solamente 5 años de una gran revolución artística gráfica y artística conceptual.
El pareado correcto sería verlo, y tenerlo, como uno de los primeros “Concetti Spaziali” de Fontana o una de las primeras “Combustioni” de Burri.
Emilio Isgrò con la cancelación ha sido un gran precursor de la notificación de la devaluación y la decadencia de la palabra, del lenguaje, del valor que las palabras poseen, un fenómeno que hoy en día estamos viviendo más que nunca.
El maestro empezó a denunciar en 1964 aquello que ahora es cotidiano, plausible; notemos esta falta de valor de la palabra, entendida como objeto vehiculante de ideas, declinable en todas sus formas, desde los debates televisivos, en los informativos impresos, en la divulgación por parte de los mass media y en la cada vez menor sociedad lectora que estamos creando.
Menos palabras, menos cultura en circulación, pero esto, más allá de los discursos críticos sobre el arte, ¿qué conlleva en lo social?
La capacidad de razonar, y añadiría la capacidad de razonar con un pensamiento crítico y propio, está determinada por la cantidad y calidad del vocabulario que un individuo posee; no podemos pensar más allá de las palabras que conocemos, como no se puede construir una casa sin todo el material necesario, cuanto más falte material menos estará completa, estable, realizable.
Limitar las palabras limita también los conceptos que uno puede crear y la capacidad de expresarlos o de expresarse.
Comprendido el axioma de menos palabras igual a menos pensamientos, el trabajo de Isgrò adquiere un valor altísimo a nivel cultural y artístico.
Ocultar las palabras tras la cancelación es una manera del maestro de hacer nacer la curiosidad en el espectador de la obra, una forma de aconsejarnos ir a explorar debajo de la palabra, a imaginar qué podría haber en relación con aquello que se deja “libre” de ser leído.
Un proceso conceptual, de descubrimiento, de investigación, de reflexión sobre las palabras y su disposición, casi como si Isgrò asumiera el rol pedagógico de maestro, así como de intelectual.
Pero Isgrò no es solo un “docente”, también es creador de nuevas reglas sintácticas y formales, un desarrollador de historias nuevas, pero también un atento satírico; el maestro es aquello que un intelectual debería ser, un “despertador de conciencias”.
Emilio Isgrò, por tanto, se sitúa en la historia del arte como un guardián de la palabra y, por extensión, de la cultura, un rol fundamental que cada vez necesitamos más.
La obra se halla en perfectas condiciones; solo hay un leve ennegrecimiento fisiológico del papel debido a los 57 años de la obra.
La procedencia de la obra es de la galería Grafica Manzoni, la cual emite su certificado de autenticidad.
Es un placer presentarles una obra rarísima del maestro Isgrò de 1969.
La simplicidad estética de esta obra de 1969 premia la precocidad a nivel temporal de la idea conceptual de la cancelación de Isgrò.
El año es fundamental, ya que la primera señal de la “cancelación” el maestro siciliano la ejecutó en 1964; por consiguiente, nuestra obra se halla a solamente 5 años de una gran revolución artística gráfica y artística conceptual.
El pareado correcto sería verlo, y tenerlo, como uno de los primeros “Concetti Spaziali” de Fontana o una de las primeras “Combustioni” de Burri.
Emilio Isgrò con la cancelación ha sido un gran precursor de la notificación de la devaluación y la decadencia de la palabra, del lenguaje, del valor que las palabras poseen, un fenómeno que hoy en día estamos viviendo más que nunca.
El maestro empezó a denunciar en 1964 aquello que ahora es cotidiano, plausible; notemos esta falta de valor de la palabra, entendida como objeto vehiculante de ideas, declinable en todas sus formas, desde los debates televisivos, en los informativos impresos, en la divulgación por parte de los mass media y en la cada vez menor sociedad lectora que estamos creando.
Menos palabras, menos cultura en circulación, pero esto, más allá de los discursos críticos sobre el arte, ¿qué conlleva en lo social?
La capacidad de razonar, y añadiría la capacidad de razonar con un pensamiento crítico y propio, está determinada por la cantidad y calidad del vocabulario que un individuo posee; no podemos pensar más allá de las palabras que conocemos, como no se puede construir una casa sin todo el material necesario, cuanto más falte material menos estará completa, estable, realizable.
Limitar las palabras limita también los conceptos que uno puede crear y la capacidad de expresarlos o de expresarse.
Comprendido el axioma de menos palabras igual a menos pensamientos, el trabajo de Isgrò adquiere un valor altísimo a nivel cultural y artístico.
Ocultar las palabras tras la cancelación es una manera del maestro de hacer nacer la curiosidad en el espectador de la obra, una forma de aconsejarnos ir a explorar debajo de la palabra, a imaginar qué podría haber en relación con aquello que se deja “libre” de ser leído.
Un proceso conceptual, de descubrimiento, de investigación, de reflexión sobre las palabras y su disposición, casi como si Isgrò asumiera el rol pedagógico de maestro, así como de intelectual.
Pero Isgrò no es solo un “docente”, también es creador de nuevas reglas sintácticas y formales, un desarrollador de historias nuevas, pero también un atento satírico; el maestro es aquello que un intelectual debería ser, un “despertador de conciencias”.
Emilio Isgrò, por tanto, se sitúa en la historia del arte como un guardián de la palabra y, por extensión, de la cultura, un rol fundamental que cada vez necesitamos más.
La obra se halla en perfectas condiciones; solo hay un leve ennegrecimiento fisiológico del papel debido a los 57 años de la obra.
La procedencia de la obra es de la galería Grafica Manzoni, la cual emite su certificado de autenticidad.
