M. Perone (1982) - Abbandono alla marea





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Descripción del vendedor
Abandono ante la marea
Óleo sobre tela, 50 × 40 cm
Un cuerpo femenino desnudo yace tendido en la orilla, capturado en el instante en que la ola se rompe y retrocede, envolviéndolo en un abrazo efímero y vibrante. La figura, reclinada con la cabeza hacia atrás y los brazos abiertos, sugiere una entrega total a la fuerza primigenia del mar, en un equilibrio suspendido entre abandono y renacimiento. La pose, dinámica y a la vez armoniosa, guía la mirada a lo largo de las líneas suaves del cuerpo, iluminadas por reflejos cálidos y dorados.
La luz del atardecer domina la escena, tiñendo el cielo de tonalidades cambiantes que oscilan entre naranja, rosa y azul profundo, creando un contraste sugestivo con los verdes intensos y los blancos espumosos de las olas. La pincelada, rica y material, confiere movimiento al agua, haciendo casi perceptible el estruendo de la ola que se rompe y la frescura de la espuma que acaricia la piel.
El tratamiento de la figura humana revela una minuciosa investigación anatómica unida a una sensibilidad lumínica que realza los volúmenes sin pesarlos, manteniendo un equilibrio entre realismo e interpretación poética. La escena se impregna así de un valor simbólico: el mar se convierte en elemento purificador, mientras el cuerpo, inmerso y vulnerable, se transforma en lugar de encuentro entre naturaleza y sensualidad.
Abandono ante la marea
Óleo sobre tela, 50 × 40 cm
Un cuerpo femenino desnudo yace tendido en la orilla, capturado en el instante en que la ola se rompe y retrocede, envolviéndolo en un abrazo efímero y vibrante. La figura, reclinada con la cabeza hacia atrás y los brazos abiertos, sugiere una entrega total a la fuerza primigenia del mar, en un equilibrio suspendido entre abandono y renacimiento. La pose, dinámica y a la vez armoniosa, guía la mirada a lo largo de las líneas suaves del cuerpo, iluminadas por reflejos cálidos y dorados.
La luz del atardecer domina la escena, tiñendo el cielo de tonalidades cambiantes que oscilan entre naranja, rosa y azul profundo, creando un contraste sugestivo con los verdes intensos y los blancos espumosos de las olas. La pincelada, rica y material, confiere movimiento al agua, haciendo casi perceptible el estruendo de la ola que se rompe y la frescura de la espuma que acaricia la piel.
El tratamiento de la figura humana revela una minuciosa investigación anatómica unida a una sensibilidad lumínica que realza los volúmenes sin pesarlos, manteniendo un equilibrio entre realismo e interpretación poética. La escena se impregna así de un valor simbólico: el mar se convierte en elemento purificador, mientras el cuerpo, inmerso y vulnerable, se transforma en lugar de encuentro entre naturaleza y sensualidad.

