Francesco Messina (1900-1995) - Cavalli

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Litografía sobre su carta a 4 colores - Opera firmada a mano en la parte inferior derecha y numerada en la inferior izquierda - cm.50x70 - año 1988 - Edición limitada - ejemplar que será enviado con certificado de garantía 86/100 - sin marco - condiciones excelentes - colección privada - compra y procedencia Italia - envío mediante UPS - SDA - TNT - DHL - BRT.
Biografía
Francesco Messina nace el 15 de diciembre de 1900 en Linguaglossa, un pequeño pueblo a los pies del Etna, de Angelo Messina e Ignazia Cristaldi. Su familia es muy humilde: para escapar de la pobreza, en 1901 sus padres deciden emigrar a América. Al llegar a Génova, la familia Messina no embarca porque es demasiado pobre para permitirse el viaje y se instala en el vicolo Fosse Del Colle, en el corazón de una de las zonas más populares de la ciudad, donde el futuro artista pasa una infancia solitaria entre las calles estrechas, los muelles del puerto y las rocas. Pronto se siente atraído por la escultura: de día Messina trabaja en los talleres de marmoreros, donde se inicia en el oficio; de noche asiste a clases para completar la educación primaria y cursos de dibujo. En los talleres de marmoreros que gravitan alrededor del Cementerio de Staglieno, Messina toma conciencia de los materiales de la escultura (principalmente mármol y bronce) y aprende las técnicas de labrado: la relación con la materia y el conocimiento de las técnicas tradicionales de la escultura serán puntos de partida y referencia imprescindibles para su hacer artístico. Después de luchar en la Primera Guerra Mundial regresa a Génova, asiste a los cursos de la Accademia Ligustica di Belle Arti y estrecha relaciones con varios escritores e intelectuales, entre ellos Eugenio Montale, que lo inicia en la poesía, y Salvatore Quasimodo. En 1921 expone en la I Bienal de Nápoles y desde 1922 empieza a participar en la de Venecia, donde está presente en todas las ediciones hasta 1942, año en el cual se lleva el Primer Premio, y donde conoce a artistas como Carlo Carrà y Adolfo Wildt. En 1922 conoce a Bianca Fochessati Clerici, mujer acaudalada ya casada y con una hija, que se convertirá en su esposa solo en 1943. Uno de los pocos amigos de la pareja es Montale: junto a él Messina realiza uno de sus primeros viajes de instrucción artística visitando las principales ciudades toscanas. En 1926 expone por primera vez en Milán, en la exposición del Novecento Italiano, donde presenta un autorretrato suyo y conoce al colega Arturo Martini, amigo y rival. En 1929 celebra en Milán su primera exposición individual presentada por Carlo Carrà y comienza a exponer cada vez con más frecuencia también en el extranjero. A los treinta y dos años se traslada a la capital lombarda, que ya frecuentaba por iniciativas culturales y fundiciones, donde entra en contacto con exponentes de la cultura, como Alfonso Gatto y Giorgio Morandi. En este periodo emprende viajes de estudio a los mayores museos europeos y a Grecia, donde entra en contacto directo con la gran estatua clásica. En estas ocasiones, Messina tiene la oportunidad de ver, y a menudo tocar con la mano, las obras de la antigüedad clásica de las que extraer enseñanza y que para él representan la perfección a la que debe tender el artista. El interés por lo antiguo y la necesidad de un contacto directo con las obras del pasado se concreten también en la creación de una pequeña colección arqueológica, formada por unos setenta piezas de producción griega, romana y etrusca, y por objetos de origen egipcio, chino y mesoamericano. El artista la mantendrá expuesta en el salón de su casa milanesa, con la intención de donarla luego a Milán, su ciudad de adopción. El núcleo más consistente de la colección está formado por estatuillas en terracota de producción griega y magno-griega, que representan caballitos, imágenes femeninas peplizadas, desnudos – todos temas apreciados por el artista y que conservan aún en algunos casos trazas de colores vivos. La policromía, típica del arte clásico, se halla presente en muchas obras de Messina, que prestará gran atención al color en sus esculturas en terracota, yeso y bronce. Su reflexión sobre el arte clásico y la tradición se entrelaza con continuas experimentaciones y una búsqueda abierta a las impulsiones de su tiempo. A finales de los años veinte se convierte en artista de renombre nacional y se convierte en uno de los mayores representantes del arte italiano. En 1934 obtiene por concurso la cátedra de escultura en la Accademia di Brera como sucesor de Adolfo Wildt; dos años después es nombrado además director de todas las escuelas de arte de la Academia. Debido a su cercanía al régimen fascista, evidente en las commissions y en los numerosos retratos de los máximos exponentes del gobierno que realiza durante el Ventennio, al final de la Segunda Guerra Mundial es apartad de la enseñanza. Ya en 1947, sin embargo, recupera la cátedra en Brera, también gracias a la intervención de algunos amigos antifascistas, entre ellos Renato Guttuso y Sirio Musso. En ese mismo año obtiene reconocimientos internacionales de crítica y público, exponiendo en Buenos Aires, por impulso del amigo Lucio Fontana, y en Filadelfia. En los años cincuenta el escultor está muy ocupado en exposiciones en Italia y en el extranjero y es muy demandado tanto para obras públicas y monumentales, como para obras privadas. Entre sus obras públicas más famosas, realizadas entre finales de los años cincuenta y los sesenta, están los bustos de Giacomo Puccini y Pietro Mascagni para el Teatro alla Scala, el Monumento a Santa Caterina en Castel Sant’Angelo, el Monumento a Pío XII para la Basílica de San Pedro, el Caballo moribundo para la RAI, que lo hizo famoso al gran público. Se hacen habituales también las entrevistas y las apariciones públicas, en las que se elogia su habilidad de dibujante, escultor, pintor y también de poeta. También en estos años continúa su investigación figurativa y de derivación clásica, que recibe consensos pero también resistencias y oposiciones. Messina permanece fiel a esa elección hacia la tradición y el realismo incluso cuando colegas y amigos toman caminos diferentes. Con estas premisas, el escultor aborda los temas que más interesan a su investigación artística: el retrato; la representación del cuerpo y del movimiento; el gusto por el fragmento, típico del Novecento, pero que para Messina es también un llamado arqueológico a las ruinas, útil para expresar la caducidad de las cosas. Su proceso creativo parte del estudio del natural, del dibujo, seguido por el molde en terracota para traducir, es decir realizar, en bronce o en mármol. A principios de los años setenta, tras la jubilación, Francesco Messina establece su estudio en la antigua iglesia de San Sisto, cedido por el Comune a cambio de una completa restauración del edificio. En este espacio Messina realiza no solo su nuevo laboratorio, sino también su museo monográfico, gracias sobre todo a una selección de obras donadas a la Ciudad de Milán y que constituye el primer núcleo de la colección del Studio Museo. Paralelamente, Messina decide donar algunas de sus obras a museos importantes italianos, como el Museo Nacional del Bargello en Florencia, y extranjeros, como la Galerie de Arte Moderne de Múnich, el Museo Pushkin de Moscú y el Hermitage de San Petersburgo. En 1994 recibe el Premio a la Escultura por parte de la Presidencia del Consejo de Ministros. Fallece el 13 de septiembre de 1995 en Milán, ciudad que lo había acogido y hospedado durante gran parte de su vida y que le había conferido años antes la ciudadanía honoraria. La Presidencia de la República le otorga, póstumamente, el Premio a la Cultura.

Litografía sobre su carta a 4 colores - Opera firmada a mano en la parte inferior derecha y numerada en la inferior izquierda - cm.50x70 - año 1988 - Edición limitada - ejemplar que será enviado con certificado de garantía 86/100 - sin marco - condiciones excelentes - colección privada - compra y procedencia Italia - envío mediante UPS - SDA - TNT - DHL - BRT.
Biografía
Francesco Messina nace el 15 de diciembre de 1900 en Linguaglossa, un pequeño pueblo a los pies del Etna, de Angelo Messina e Ignazia Cristaldi. Su familia es muy humilde: para escapar de la pobreza, en 1901 sus padres deciden emigrar a América. Al llegar a Génova, la familia Messina no embarca porque es demasiado pobre para permitirse el viaje y se instala en el vicolo Fosse Del Colle, en el corazón de una de las zonas más populares de la ciudad, donde el futuro artista pasa una infancia solitaria entre las calles estrechas, los muelles del puerto y las rocas. Pronto se siente atraído por la escultura: de día Messina trabaja en los talleres de marmoreros, donde se inicia en el oficio; de noche asiste a clases para completar la educación primaria y cursos de dibujo. En los talleres de marmoreros que gravitan alrededor del Cementerio de Staglieno, Messina toma conciencia de los materiales de la escultura (principalmente mármol y bronce) y aprende las técnicas de labrado: la relación con la materia y el conocimiento de las técnicas tradicionales de la escultura serán puntos de partida y referencia imprescindibles para su hacer artístico. Después de luchar en la Primera Guerra Mundial regresa a Génova, asiste a los cursos de la Accademia Ligustica di Belle Arti y estrecha relaciones con varios escritores e intelectuales, entre ellos Eugenio Montale, que lo inicia en la poesía, y Salvatore Quasimodo. En 1921 expone en la I Bienal de Nápoles y desde 1922 empieza a participar en la de Venecia, donde está presente en todas las ediciones hasta 1942, año en el cual se lleva el Primer Premio, y donde conoce a artistas como Carlo Carrà y Adolfo Wildt. En 1922 conoce a Bianca Fochessati Clerici, mujer acaudalada ya casada y con una hija, que se convertirá en su esposa solo en 1943. Uno de los pocos amigos de la pareja es Montale: junto a él Messina realiza uno de sus primeros viajes de instrucción artística visitando las principales ciudades toscanas. En 1926 expone por primera vez en Milán, en la exposición del Novecento Italiano, donde presenta un autorretrato suyo y conoce al colega Arturo Martini, amigo y rival. En 1929 celebra en Milán su primera exposición individual presentada por Carlo Carrà y comienza a exponer cada vez con más frecuencia también en el extranjero. A los treinta y dos años se traslada a la capital lombarda, que ya frecuentaba por iniciativas culturales y fundiciones, donde entra en contacto con exponentes de la cultura, como Alfonso Gatto y Giorgio Morandi. En este periodo emprende viajes de estudio a los mayores museos europeos y a Grecia, donde entra en contacto directo con la gran estatua clásica. En estas ocasiones, Messina tiene la oportunidad de ver, y a menudo tocar con la mano, las obras de la antigüedad clásica de las que extraer enseñanza y que para él representan la perfección a la que debe tender el artista. El interés por lo antiguo y la necesidad de un contacto directo con las obras del pasado se concreten también en la creación de una pequeña colección arqueológica, formada por unos setenta piezas de producción griega, romana y etrusca, y por objetos de origen egipcio, chino y mesoamericano. El artista la mantendrá expuesta en el salón de su casa milanesa, con la intención de donarla luego a Milán, su ciudad de adopción. El núcleo más consistente de la colección está formado por estatuillas en terracota de producción griega y magno-griega, que representan caballitos, imágenes femeninas peplizadas, desnudos – todos temas apreciados por el artista y que conservan aún en algunos casos trazas de colores vivos. La policromía, típica del arte clásico, se halla presente en muchas obras de Messina, que prestará gran atención al color en sus esculturas en terracota, yeso y bronce. Su reflexión sobre el arte clásico y la tradición se entrelaza con continuas experimentaciones y una búsqueda abierta a las impulsiones de su tiempo. A finales de los años veinte se convierte en artista de renombre nacional y se convierte en uno de los mayores representantes del arte italiano. En 1934 obtiene por concurso la cátedra de escultura en la Accademia di Brera como sucesor de Adolfo Wildt; dos años después es nombrado además director de todas las escuelas de arte de la Academia. Debido a su cercanía al régimen fascista, evidente en las commissions y en los numerosos retratos de los máximos exponentes del gobierno que realiza durante el Ventennio, al final de la Segunda Guerra Mundial es apartad de la enseñanza. Ya en 1947, sin embargo, recupera la cátedra en Brera, también gracias a la intervención de algunos amigos antifascistas, entre ellos Renato Guttuso y Sirio Musso. En ese mismo año obtiene reconocimientos internacionales de crítica y público, exponiendo en Buenos Aires, por impulso del amigo Lucio Fontana, y en Filadelfia. En los años cincuenta el escultor está muy ocupado en exposiciones en Italia y en el extranjero y es muy demandado tanto para obras públicas y monumentales, como para obras privadas. Entre sus obras públicas más famosas, realizadas entre finales de los años cincuenta y los sesenta, están los bustos de Giacomo Puccini y Pietro Mascagni para el Teatro alla Scala, el Monumento a Santa Caterina en Castel Sant’Angelo, el Monumento a Pío XII para la Basílica de San Pedro, el Caballo moribundo para la RAI, que lo hizo famoso al gran público. Se hacen habituales también las entrevistas y las apariciones públicas, en las que se elogia su habilidad de dibujante, escultor, pintor y también de poeta. También en estos años continúa su investigación figurativa y de derivación clásica, que recibe consensos pero también resistencias y oposiciones. Messina permanece fiel a esa elección hacia la tradición y el realismo incluso cuando colegas y amigos toman caminos diferentes. Con estas premisas, el escultor aborda los temas que más interesan a su investigación artística: el retrato; la representación del cuerpo y del movimiento; el gusto por el fragmento, típico del Novecento, pero que para Messina es también un llamado arqueológico a las ruinas, útil para expresar la caducidad de las cosas. Su proceso creativo parte del estudio del natural, del dibujo, seguido por el molde en terracota para traducir, es decir realizar, en bronce o en mármol. A principios de los años setenta, tras la jubilación, Francesco Messina establece su estudio en la antigua iglesia de San Sisto, cedido por el Comune a cambio de una completa restauración del edificio. En este espacio Messina realiza no solo su nuevo laboratorio, sino también su museo monográfico, gracias sobre todo a una selección de obras donadas a la Ciudad de Milán y que constituye el primer núcleo de la colección del Studio Museo. Paralelamente, Messina decide donar algunas de sus obras a museos importantes italianos, como el Museo Nacional del Bargello en Florencia, y extranjeros, como la Galerie de Arte Moderne de Múnich, el Museo Pushkin de Moscú y el Hermitage de San Petersburgo. En 1994 recibe el Premio a la Escultura por parte de la Presidencia del Consejo de Ministros. Fallece el 13 de septiembre de 1995 en Milán, ciudad que lo había acogido y hospedado durante gran parte de su vida y que le había conferido años antes la ciudadanía honoraria. La Presidencia de la República le otorga, póstumamente, el Premio a la Cultura.

Datos

Artista
Francesco Messina (1900-1995)
Vendido por
Propietario o revendedor
Edición
Edición limitada
Edition number
86/100
Título de la obra
Cavalli
Técnica
Litografía
Firma
Firmado a mano
País de origen
Italia
Año
1988
Estado
En excelente estado
Alto
70 cm
Ancho
50 cm
Representación/tema
Animales
Estilo
Contemporáneo
Periodo
1980-1990
Se vende con marco
No
Vendido por
ItaliaVerificado
Particular

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