Francesco Messina (1900-1995) - Nudo






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Litografía sobre papel a 3 colores - Obra firmada a mano en la parte inferior derecha y numerada en la inferior izquierda - cm.50x70 - año 1989 - Edición limitada - ejemplar que será enviado con certificado de garantía 57/100 - sin marco - condiciones excelentes - colección privada - compra y procedencia Italia - envío mediante UPS - SDA - DHL - TNT - BRT.
Biografía
Francesco Messina nace el 15 de diciembre de 1900 en Linguaglossa, un pequeño pueblo a los pies del Etna, hijo de Angelo Messina e Ignazia Cristaldi. Su familia es muy humilde: para escapar de la pobreza, en 1901, sus padres deciden emigrar a América. Al llegar a Génova, la familia Messina no embarca porque es demasiado pobre para permitirse el viaje y se establece en el vicolo Fosse Del Colle, en el corazón de una de las zonas más populares de la ciudad, donde el futuro artista pasa una infancia solitaria entre las calles estrechas, las dársenas del puerto y las rocas. Pronto se siente atraído por la escultura: de día Messina trabaja en los talleres de marmoreros, donde le inician en el oficio; de noche asiste a clases para completar la educación primaria y cursos de dibujo. En los talleres de marmoreros que gravitan alrededor del Cementerio de Staglieno, Messina toma conciencia de los materiales de la escultura (principalmente mármol y bronce) y aprende las técnicas de Trabajo: la relación con la materia y el conocimiento de las técnicas tradicionales de escultura serán puntos de partida y referencia imprescindibles de su hacer artístico. Después de haber luchado en la Primera Guerra Mundial regresa a Génova, asiste a los cursos de la Accademia Ligustica di Belle Arti y estrecha relaciones con varios escritores e intelectuales, entre ellos Eugenio Montale, que lo inicia en la poesía, y Salvatore Quasimodo. En 1921 expone en la I Bienal de Nápoles y desde 1922 empieza a participar en la de Venecia, donde está presente en todas las ediciones hasta 1942, año en el que obtiene el Primer Premio, y donde conoce a artistas como Carlo Carrà y Adolfo Wildt. En 1922 conoce a Bianca Fochessati Clerici, mujer adinerada ya casada y con una hija, que se convertirá en su esposa solo en 1943. Uno de los pocos amigos de la pareja es Montale: junto a él Messina realiza uno de sus primeros viajes de instrucción artística visitando las principales ciudades toscanas. En 1926 expone por primera vez en Milán, en la exposición del Novecento Italiano, donde presenta un Auto retrato y conoce al colega Arturo Martini, amigo y rival. En 1929 mantiene también en Milán su primera individual presentada por Carlo Carrà y comienza a exponer cada vez con más frecuencia también al extranjero. A los treinta y dos años se traslada a la capital lombarda, que ya frecuentaba para las iniciativas culturales y las fundiciones, donde entra en contacto con exponentes de la cultura, como Alfonso Gatto y Giorgio Morandi. En este periodo emprende viajes de estudio a los principales museos europeos y a Grecia, donde entra en contacto directo con la gran estatuaria clásica. En estas ocasiones, Messina tiene la oportunidad de ver, y a menudo tocar con la mano, las obras de la antigüedad clásica de las que extraer enseñanza y que para él representan la perfección a la que el artista debe tender. El interés por lo antiguo y la necesidad de un contacto directo con las obras del pasado se concretan también en la creación de una pequeña colección arqueológica, constituida por una setentena de piezas de producción griega, romana y etrusca, y por manufacturas de origen egipcio, chino y mesoamericano. El artista la mantendrá expuesta en el salón de su casa milanesa, con la intención de donarla luego a Milán, su ciudad de adopción. El núcleo más consistente de la colección está formado por estatuillas en terracota de producción griega y magnetensis, que representan caballitos, imágenes femeninas drapeadas, desnudos – todos temas queridos por el artista y que conservan aún en algunos casos trazas de colores vivos. La policromía, típica del arte clásico, se halla en muchas obras de Messina, que reservará gran atención al color en sus esculturas en terracota, yeso y bronce. Su reflexión sobre el arte clásico y la tradición se entrelaza con continuas experimentaciones y una búsqueda abierta a los estímulos de su tiempo. A finales de los años veinte se convierte en artista de renombre nacional, y se convierte en uno de los principales representantes del arte italiano. En 1934 obtiene por concurso la cátedra de escultura en la Accademia di Brera como sucesor de Adolfo Wildt; dos años después es también nombrado director de todas las escuelas de arte de la Academia. Debido a su cercanía al régimen fascista, evidente en las comisiones y en los numerosos retratos de los máximos exponentes del gobierno que realiza durante el Ventennio, al final de la Segunda Guerra Mundial es separado de la enseñanza. Ya en 1947, sin embargo, recupera la cátedra en Brera, también gracias a la intervención de algunos amigos antifascistas, entre ellos Renato Guttuso y Sirio Musso. En el mismo año obtiene reconocimientos internacionales de crítica y público, exponiendo en Buenos Aires, por impulso del amigo Lucio Fontana, y en Filadelfia. En los años cincuenta el escultor está muy ocupado en exposiciones en Italia y en el extranjero y es muy demandado tanto para obras públicas y monumentales, como para obras privadas. Entre sus obras públicas más famosas, realizadas entre finales de los años cincuenta y los sesenta, están los bustos de Giacomo Puccini y Pietro Mascagni para el Teatro alla Scala, el Monumento a Santa Caterina en Castel Sant’Angelo, el Monumento a Pio XII para la Basílica de San Pedro, el Caballo moribundo para la RAI, que lo vuelve famoso ante el gran público. Se vuelven frecuentes también las entrevistas y las apariciones públicas, en las que se elogia su habilidad de dibujante, escultor, pintor y también de poeta. También en estos años continúa llevando a cabo su investigación figurativa y de derivación clásica, que encuentra apoyos pero también resistencias y oposiciones. Messina se mantiene fiel a esa elección hacia la tradición y el realismo incluso cuando colegas y amigos toman caminos distintos. Con estas premisas, el escultor aborda los temas que más interesan a su investigación artística: el retrato; la representación del cuerpo y del movimiento; el gusto por el fragmento, típico del Novecento, pero que para Messina es también un llamado arqueológico a las ruinas, útil para expresar la caducidad de las cosas. Su proceso creativo parte del estudio del realismo, del dibujo, al que sigue el modelo en terracota para traducir, es decir, realizar, en bronce o en mármol. A principios de los años setenta, tras la jubilación, Francesco Messina establece su estudio en la ex Iglesia de San Sisto, cedida por el Ayuntamiento a cambio de una completa restauración del edificio. En este espacio Messina realiza no solo su nuevo laboratorio, sino también su museo monográfico, gracias sobre todo a una selección de obras donadas a la Ciudad de Milán y que constituye el primer núcleo de la colección del Studio Museo. Paralelamente, Messina decide donar algunas de sus obras a importantes museos italianos, como el Museo Nacional del Bargello en Florencia, y extranjeros, como la Galerie Neue Pinakothek de Múnich, el Museo Pushkin de Moscú y el Hermitage de San Petersburgo. En 1994 recibe el Premio a la Escultura por parte de la Presidencia del Consejo de Ministros. Muere el 13 de septiembre de 1995 en Milán, ciudad que lo recibió y acogió durante gran parte de su vida y que le había concedido años antes la ciudadanía de honor. La Presidencia de la República le concede, póstumamente, el Premio a la Cultura.
Litografía sobre papel a 3 colores - Obra firmada a mano en la parte inferior derecha y numerada en la inferior izquierda - cm.50x70 - año 1989 - Edición limitada - ejemplar que será enviado con certificado de garantía 57/100 - sin marco - condiciones excelentes - colección privada - compra y procedencia Italia - envío mediante UPS - SDA - DHL - TNT - BRT.
Biografía
Francesco Messina nace el 15 de diciembre de 1900 en Linguaglossa, un pequeño pueblo a los pies del Etna, hijo de Angelo Messina e Ignazia Cristaldi. Su familia es muy humilde: para escapar de la pobreza, en 1901, sus padres deciden emigrar a América. Al llegar a Génova, la familia Messina no embarca porque es demasiado pobre para permitirse el viaje y se establece en el vicolo Fosse Del Colle, en el corazón de una de las zonas más populares de la ciudad, donde el futuro artista pasa una infancia solitaria entre las calles estrechas, las dársenas del puerto y las rocas. Pronto se siente atraído por la escultura: de día Messina trabaja en los talleres de marmoreros, donde le inician en el oficio; de noche asiste a clases para completar la educación primaria y cursos de dibujo. En los talleres de marmoreros que gravitan alrededor del Cementerio de Staglieno, Messina toma conciencia de los materiales de la escultura (principalmente mármol y bronce) y aprende las técnicas de Trabajo: la relación con la materia y el conocimiento de las técnicas tradicionales de escultura serán puntos de partida y referencia imprescindibles de su hacer artístico. Después de haber luchado en la Primera Guerra Mundial regresa a Génova, asiste a los cursos de la Accademia Ligustica di Belle Arti y estrecha relaciones con varios escritores e intelectuales, entre ellos Eugenio Montale, que lo inicia en la poesía, y Salvatore Quasimodo. En 1921 expone en la I Bienal de Nápoles y desde 1922 empieza a participar en la de Venecia, donde está presente en todas las ediciones hasta 1942, año en el que obtiene el Primer Premio, y donde conoce a artistas como Carlo Carrà y Adolfo Wildt. En 1922 conoce a Bianca Fochessati Clerici, mujer adinerada ya casada y con una hija, que se convertirá en su esposa solo en 1943. Uno de los pocos amigos de la pareja es Montale: junto a él Messina realiza uno de sus primeros viajes de instrucción artística visitando las principales ciudades toscanas. En 1926 expone por primera vez en Milán, en la exposición del Novecento Italiano, donde presenta un Auto retrato y conoce al colega Arturo Martini, amigo y rival. En 1929 mantiene también en Milán su primera individual presentada por Carlo Carrà y comienza a exponer cada vez con más frecuencia también al extranjero. A los treinta y dos años se traslada a la capital lombarda, que ya frecuentaba para las iniciativas culturales y las fundiciones, donde entra en contacto con exponentes de la cultura, como Alfonso Gatto y Giorgio Morandi. En este periodo emprende viajes de estudio a los principales museos europeos y a Grecia, donde entra en contacto directo con la gran estatuaria clásica. En estas ocasiones, Messina tiene la oportunidad de ver, y a menudo tocar con la mano, las obras de la antigüedad clásica de las que extraer enseñanza y que para él representan la perfección a la que el artista debe tender. El interés por lo antiguo y la necesidad de un contacto directo con las obras del pasado se concretan también en la creación de una pequeña colección arqueológica, constituida por una setentena de piezas de producción griega, romana y etrusca, y por manufacturas de origen egipcio, chino y mesoamericano. El artista la mantendrá expuesta en el salón de su casa milanesa, con la intención de donarla luego a Milán, su ciudad de adopción. El núcleo más consistente de la colección está formado por estatuillas en terracota de producción griega y magnetensis, que representan caballitos, imágenes femeninas drapeadas, desnudos – todos temas queridos por el artista y que conservan aún en algunos casos trazas de colores vivos. La policromía, típica del arte clásico, se halla en muchas obras de Messina, que reservará gran atención al color en sus esculturas en terracota, yeso y bronce. Su reflexión sobre el arte clásico y la tradición se entrelaza con continuas experimentaciones y una búsqueda abierta a los estímulos de su tiempo. A finales de los años veinte se convierte en artista de renombre nacional, y se convierte en uno de los principales representantes del arte italiano. En 1934 obtiene por concurso la cátedra de escultura en la Accademia di Brera como sucesor de Adolfo Wildt; dos años después es también nombrado director de todas las escuelas de arte de la Academia. Debido a su cercanía al régimen fascista, evidente en las comisiones y en los numerosos retratos de los máximos exponentes del gobierno que realiza durante el Ventennio, al final de la Segunda Guerra Mundial es separado de la enseñanza. Ya en 1947, sin embargo, recupera la cátedra en Brera, también gracias a la intervención de algunos amigos antifascistas, entre ellos Renato Guttuso y Sirio Musso. En el mismo año obtiene reconocimientos internacionales de crítica y público, exponiendo en Buenos Aires, por impulso del amigo Lucio Fontana, y en Filadelfia. En los años cincuenta el escultor está muy ocupado en exposiciones en Italia y en el extranjero y es muy demandado tanto para obras públicas y monumentales, como para obras privadas. Entre sus obras públicas más famosas, realizadas entre finales de los años cincuenta y los sesenta, están los bustos de Giacomo Puccini y Pietro Mascagni para el Teatro alla Scala, el Monumento a Santa Caterina en Castel Sant’Angelo, el Monumento a Pio XII para la Basílica de San Pedro, el Caballo moribundo para la RAI, que lo vuelve famoso ante el gran público. Se vuelven frecuentes también las entrevistas y las apariciones públicas, en las que se elogia su habilidad de dibujante, escultor, pintor y también de poeta. También en estos años continúa llevando a cabo su investigación figurativa y de derivación clásica, que encuentra apoyos pero también resistencias y oposiciones. Messina se mantiene fiel a esa elección hacia la tradición y el realismo incluso cuando colegas y amigos toman caminos distintos. Con estas premisas, el escultor aborda los temas que más interesan a su investigación artística: el retrato; la representación del cuerpo y del movimiento; el gusto por el fragmento, típico del Novecento, pero que para Messina es también un llamado arqueológico a las ruinas, útil para expresar la caducidad de las cosas. Su proceso creativo parte del estudio del realismo, del dibujo, al que sigue el modelo en terracota para traducir, es decir, realizar, en bronce o en mármol. A principios de los años setenta, tras la jubilación, Francesco Messina establece su estudio en la ex Iglesia de San Sisto, cedida por el Ayuntamiento a cambio de una completa restauración del edificio. En este espacio Messina realiza no solo su nuevo laboratorio, sino también su museo monográfico, gracias sobre todo a una selección de obras donadas a la Ciudad de Milán y que constituye el primer núcleo de la colección del Studio Museo. Paralelamente, Messina decide donar algunas de sus obras a importantes museos italianos, como el Museo Nacional del Bargello en Florencia, y extranjeros, como la Galerie Neue Pinakothek de Múnich, el Museo Pushkin de Moscú y el Hermitage de San Petersburgo. En 1994 recibe el Premio a la Escultura por parte de la Presidencia del Consejo de Ministros. Muere el 13 de septiembre de 1995 en Milán, ciudad que lo recibió y acogió durante gran parte de su vida y que le había concedido años antes la ciudadanía de honor. La Presidencia de la República le concede, póstumamente, el Premio a la Cultura.
