Nazzareno Sidoli (1879–1969) - Raffaello e la Modella






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Raffaello e la Modella, óleo sobre panel, 1921, Italia.
Descripción del vendedor
AUTOR
Nazzareno Sidoli (1879–1969) pintor italiano. Nacido en Rossoreggio di Bettola, provincia de Piacenza, perteneciente a una familia de pintores junto a sus hermanos Pacifico y Giuseppe, construyó su formación artística inicialmente en Piacenza, en el Instituto de Arte "Gazzola", donde fue alumno de Bernardino Pollinari y Stefano Bruzzi, para luego perfeccionarse en las Academias de Milán y Parma. Su carrera se vio marcada por un debut precoz y afortunado, culminando con la admisión a la Trienal de Milán de 1900 y con la importante sociedad con el mecenas Giuseppe Ricci Oddi, que adquirió sus primeras obras de género histórico, los "Mosqueteros", ya en 1908. Fundamentales para su maduración fueron las largas estancias en París, donde trabajó con éxito; aquí el artista, si bien permaneciendo fiel a la solidez constructiva del naturalismo lombardo, se abrió a una lectura personalísima del postimpresionismo. En los museos y en los Salones, Sidoli elaboró una síntesis audaz entre la técnica minuciosa del Siglo de Oro holandés o de Meissonier y la vivacidad cromática y luminosa de la modernidad francesa. Regresó definitivamente a Piacenza en 1920, iniciando una fase de investigación que, tras una breve pausa simbolista, se centró en la verdad del dato cotidiano expresada a través de una pincelada siempre vibrante.
En su poética, el retrato ocupa un papel central, destacándose por un cuidado casi flamenco del detalle y una profunda indagación psicológica. Sidoli inmortalizó figuras históricas y mundanas, desde el célebre pastel de Buffalo Bill (1905) hasta el retrato de Giosuè Carducci, pasando por los numerosos encargos para la aristocracia italiana y europea. Precisamente a través de este género, a caballo entre los años 30 y 40, su estilo testimonia una notable aproximación a las atmósferas del Realismo Mágico. En este periodo su pintura, si bien sigue anclada en la realidad, se volvió más rarefada y silenciosa; la precisión del trazo y la luz cristalina confirieron a sus sujetos una solemnidad inmóvil y una fijación casi atemporal, sin dejar de lado aquella vivacidad cromática, herencia viva de sus años parisinos, que impide al sujeto endurecerse en la mera metafísica, manteniéndolo palpitante de color.
Además de la intensa actividad retratística y religiosa —culminada en los frescos para la iglesia del Corpus Domini en Piacenza— Sidoli expuso sus obras en contextos de relieve, como los Salons de París y la exposición personal en el Ayuntamiento de Bolonia en 1933. Su evolución estilística, dirigida hacia una síntesis entre el realismo oitocentista y las inquietudes del siglo XX, está hoy documentada en importantes colecciones públicas. El núcleo más relevante de sus obras está custodiado en la Galleria d’Arte Moderna "Ricci Oddi" de Piacenza, pero sus cuadros figuran también en la Galleria d’Arte Moderna de Bolonia y en instituciones internacionales como los museos de Estrasburgo y Biarritz.
DESCRIPCIÓN
"Raffaello y la Modelo", óleo sobre tabla, 22,5x13, 1921. Al dorso fecha (septiembre de 1921), título (El Sol de Rafael) y firma.
En esta refinada composición, Rafael está retratado de espaldas mientras, delante del caballete, observa con atención a su modelo; esta última, en una pose de clásica elegancia, se sienta sobre una típica arca del siglo XVI, parcialmente envuelta por un paño blanco que capta los reflejos del entorno. El espacio del taller se convierte en una celebración del genio raffaelesco: las paredes están adornadas por citas de obras cumbre, entre las que se distinguen el rostro de la Madonna della Seggiola, la majestuosa perspectiva de la Escuela de Atenas y la Madonna Sistina. La rapidez del trazo, el formato y la inmediatez con que están definidos los volúmenes sugieren con fuerza que se trata de un boceto, para una obra de mayores proporciones.
Desde el punto de vista técnico, la pintura revela la extraordinaria madurez alcanzada por Sidoli tras sus estancias parisinas, manifestándose en una pincelada vibrante y densa de atmósfera. Protagonista absoluta es la luz solar que irrumpe oblicua desde la izquierda, encendiendo la trasera de la tela en el caballete y modelando el cuerpo de la modelo con un calor casi táctil. Esta gestión lumínica, que funde la solidez constructiva del naturalismo lombardo con una sensibilidad postimpresionista personalísima, evita toda rigidez académica. La pincelada se vuelve movida y nervuda, alejada de la minuciosidad flamenca que caracteriza gran parte de su producción retratística, para privilegiar en cambio una síntesis audaz entre color y forma.
La obra se ubica perfectamente dentro de la poética de un autor capaz de oscilar entre la corriente de la pintura histórica oitocentista y la forma del Novecento. Aunque el sujeto pueda evocar temas históricos propios de su primera formación y del vínculo con Giuseppe Ricci Oddi, Sidoli lo transforma mediante una sensibilidad moderna. El recuerdo a la tradición renacentista no es una mera copia, sino un diálogo vivo y palpitante, donde la vivacidad cromática de la herencia francesa impide al sujeto endurecerse, manteniéndolo en un equilibrio perfecto entre cita culta y verdad de la luz. Pintura de inusitado, culto y refinado sujeto, bello impacto estético.
CONDITION REPORT
Buena la condición general. Obra íntegra en todas sus partes con cromía y pincelada vividas y legibles.
Envío rastreable y asegurado con embalaje adecuado.
AUTOR
Nazzareno Sidoli (1879–1969) pintor italiano. Nacido en Rossoreggio di Bettola, provincia de Piacenza, perteneciente a una familia de pintores junto a sus hermanos Pacifico y Giuseppe, construyó su formación artística inicialmente en Piacenza, en el Instituto de Arte "Gazzola", donde fue alumno de Bernardino Pollinari y Stefano Bruzzi, para luego perfeccionarse en las Academias de Milán y Parma. Su carrera se vio marcada por un debut precoz y afortunado, culminando con la admisión a la Trienal de Milán de 1900 y con la importante sociedad con el mecenas Giuseppe Ricci Oddi, que adquirió sus primeras obras de género histórico, los "Mosqueteros", ya en 1908. Fundamentales para su maduración fueron las largas estancias en París, donde trabajó con éxito; aquí el artista, si bien permaneciendo fiel a la solidez constructiva del naturalismo lombardo, se abrió a una lectura personalísima del postimpresionismo. En los museos y en los Salones, Sidoli elaboró una síntesis audaz entre la técnica minuciosa del Siglo de Oro holandés o de Meissonier y la vivacidad cromática y luminosa de la modernidad francesa. Regresó definitivamente a Piacenza en 1920, iniciando una fase de investigación que, tras una breve pausa simbolista, se centró en la verdad del dato cotidiano expresada a través de una pincelada siempre vibrante.
En su poética, el retrato ocupa un papel central, destacándose por un cuidado casi flamenco del detalle y una profunda indagación psicológica. Sidoli inmortalizó figuras históricas y mundanas, desde el célebre pastel de Buffalo Bill (1905) hasta el retrato de Giosuè Carducci, pasando por los numerosos encargos para la aristocracia italiana y europea. Precisamente a través de este género, a caballo entre los años 30 y 40, su estilo testimonia una notable aproximación a las atmósferas del Realismo Mágico. En este periodo su pintura, si bien sigue anclada en la realidad, se volvió más rarefada y silenciosa; la precisión del trazo y la luz cristalina confirieron a sus sujetos una solemnidad inmóvil y una fijación casi atemporal, sin dejar de lado aquella vivacidad cromática, herencia viva de sus años parisinos, que impide al sujeto endurecerse en la mera metafísica, manteniéndolo palpitante de color.
Además de la intensa actividad retratística y religiosa —culminada en los frescos para la iglesia del Corpus Domini en Piacenza— Sidoli expuso sus obras en contextos de relieve, como los Salons de París y la exposición personal en el Ayuntamiento de Bolonia en 1933. Su evolución estilística, dirigida hacia una síntesis entre el realismo oitocentista y las inquietudes del siglo XX, está hoy documentada en importantes colecciones públicas. El núcleo más relevante de sus obras está custodiado en la Galleria d’Arte Moderna "Ricci Oddi" de Piacenza, pero sus cuadros figuran también en la Galleria d’Arte Moderna de Bolonia y en instituciones internacionales como los museos de Estrasburgo y Biarritz.
DESCRIPCIÓN
"Raffaello y la Modelo", óleo sobre tabla, 22,5x13, 1921. Al dorso fecha (septiembre de 1921), título (El Sol de Rafael) y firma.
En esta refinada composición, Rafael está retratado de espaldas mientras, delante del caballete, observa con atención a su modelo; esta última, en una pose de clásica elegancia, se sienta sobre una típica arca del siglo XVI, parcialmente envuelta por un paño blanco que capta los reflejos del entorno. El espacio del taller se convierte en una celebración del genio raffaelesco: las paredes están adornadas por citas de obras cumbre, entre las que se distinguen el rostro de la Madonna della Seggiola, la majestuosa perspectiva de la Escuela de Atenas y la Madonna Sistina. La rapidez del trazo, el formato y la inmediatez con que están definidos los volúmenes sugieren con fuerza que se trata de un boceto, para una obra de mayores proporciones.
Desde el punto de vista técnico, la pintura revela la extraordinaria madurez alcanzada por Sidoli tras sus estancias parisinas, manifestándose en una pincelada vibrante y densa de atmósfera. Protagonista absoluta es la luz solar que irrumpe oblicua desde la izquierda, encendiendo la trasera de la tela en el caballete y modelando el cuerpo de la modelo con un calor casi táctil. Esta gestión lumínica, que funde la solidez constructiva del naturalismo lombardo con una sensibilidad postimpresionista personalísima, evita toda rigidez académica. La pincelada se vuelve movida y nervuda, alejada de la minuciosidad flamenca que caracteriza gran parte de su producción retratística, para privilegiar en cambio una síntesis audaz entre color y forma.
La obra se ubica perfectamente dentro de la poética de un autor capaz de oscilar entre la corriente de la pintura histórica oitocentista y la forma del Novecento. Aunque el sujeto pueda evocar temas históricos propios de su primera formación y del vínculo con Giuseppe Ricci Oddi, Sidoli lo transforma mediante una sensibilidad moderna. El recuerdo a la tradición renacentista no es una mera copia, sino un diálogo vivo y palpitante, donde la vivacidad cromática de la herencia francesa impide al sujeto endurecerse, manteniéndolo en un equilibrio perfecto entre cita culta y verdad de la luz. Pintura de inusitado, culto y refinado sujeto, bello impacto estético.
CONDITION REPORT
Buena la condición general. Obra íntegra en todas sus partes con cromía y pincelada vividas y legibles.
Envío rastreable y asegurado con embalaje adecuado.
