Jordi Carreras (c.1940) - Cadaqués






Más de 30 años de experiencia como marchante, tasador y restaurador de arte.
Protección del Comprador de Catawiki
Tu pago está protegido con nosotros hasta que recibas tu objeto.Ver detalles
Trustpilot 4.4 | 132094 valoraciones
Valoración Excelente en Trustpilot.
Cadaqués es una pintura al óleo sobre tela de Jordi Carreras (c.1940) de España, realizada en la década de 1980, firmada a mano y vendida con marco; la obra mide 46 × 38 cm y el marco 50 × 42 × 4 cm.
Descripción del vendedor
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Jordi Carreras, que representa Un pequeño pueblo junto al agua donde las casas y una iglesia se reflejan en una superficie tranquila, creando una escena de calma y armonía. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones del marco: 50x42x4 cm.
· Dimensiones de la obra: 46x38 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la esquina derecha de la obra.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
------------------------------------------------------------------
Este cuadro presenta una escena encantadora de un pequeño pueblo junto al agua, donde la arquitectura tradicional y el entorno natural se funden en una atmósfera tranquila y luminosa. La composición está dominada por una hilera de edificaciones que se alinean frente a una superficie acuática que refleja suavemente sus formas y colores. Desde el primer vistazo, la obra transmite una sensación de serenidad, como si capturara un instante detenido en el tiempo en el que todo parece estar en calma.
En el primer plano, el agua ocupa un espacio amplio y dinámico, lleno de matices y reflejos que transforman la superficie en un mosaico de tonos suaves. Los colores de las casas y del entorno se descomponen en el agua en pequeñas manchas irregulares, creando un efecto vibrante que aporta movimiento a la escena. Este plano no es solo un reflejo pasivo, sino un espacio activo que dialoga constantemente con lo que ocurre en la orilla, añadiendo profundidad y riqueza visual.
A medida que la mirada se desplaza hacia el plano medio, aparecen las fachadas de las casas, con sus formas simples y sus tonos claros que evocan la arquitectura de un entorno mediterráneo. Algunas de estas construcciones presentan colores más cálidos o acentos cromáticos que rompen la uniformidad, aportando variedad y personalidad al conjunto. Entre ellas, pequeñas embarcaciones reposan cerca de la orilla, añadiendo un toque de vida cotidiana y sugiriendo la relación directa del pueblo con el agua.
En el centro de la composición se eleva una edificación de carácter religioso que destaca por su volumen y su forma más definida. Este elemento actúa como punto focal, organizando el espacio y aportando una sensación de identidad al conjunto urbano. Su presencia introduce una dimensión simbólica y cultural, mientras que el resto de las construcciones se disponen a su alrededor como un entramado armónico que refuerza la cohesión del paisaje.
El fondo del cuadro se cierra con una masa de vegetación que envuelve el pueblo y aporta un contraste natural frente a las líneas arquitectónicas. Los tonos verdes y oscuros crean una transición suave hacia el cielo, que se presenta luminoso pero discreto, sin restar protagonismo a la escena principal. La obra en su totalidad transmite una sensación de calma, equilibrio y belleza cotidiana, donde cada elemento encuentra su lugar dentro de una composición cuidada y evocadora. En conjunto, el cuadro ofrece una visión íntima y poética de un pueblo junto al agua, donde la luz, los reflejos y la arquitectura se combinan para crear una escena llena de armonía.
El vendedor y su historia
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Jordi Carreras, que representa Un pequeño pueblo junto al agua donde las casas y una iglesia se reflejan en una superficie tranquila, creando una escena de calma y armonía. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones del marco: 50x42x4 cm.
· Dimensiones de la obra: 46x38 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la esquina derecha de la obra.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
------------------------------------------------------------------
Este cuadro presenta una escena encantadora de un pequeño pueblo junto al agua, donde la arquitectura tradicional y el entorno natural se funden en una atmósfera tranquila y luminosa. La composición está dominada por una hilera de edificaciones que se alinean frente a una superficie acuática que refleja suavemente sus formas y colores. Desde el primer vistazo, la obra transmite una sensación de serenidad, como si capturara un instante detenido en el tiempo en el que todo parece estar en calma.
En el primer plano, el agua ocupa un espacio amplio y dinámico, lleno de matices y reflejos que transforman la superficie en un mosaico de tonos suaves. Los colores de las casas y del entorno se descomponen en el agua en pequeñas manchas irregulares, creando un efecto vibrante que aporta movimiento a la escena. Este plano no es solo un reflejo pasivo, sino un espacio activo que dialoga constantemente con lo que ocurre en la orilla, añadiendo profundidad y riqueza visual.
A medida que la mirada se desplaza hacia el plano medio, aparecen las fachadas de las casas, con sus formas simples y sus tonos claros que evocan la arquitectura de un entorno mediterráneo. Algunas de estas construcciones presentan colores más cálidos o acentos cromáticos que rompen la uniformidad, aportando variedad y personalidad al conjunto. Entre ellas, pequeñas embarcaciones reposan cerca de la orilla, añadiendo un toque de vida cotidiana y sugiriendo la relación directa del pueblo con el agua.
En el centro de la composición se eleva una edificación de carácter religioso que destaca por su volumen y su forma más definida. Este elemento actúa como punto focal, organizando el espacio y aportando una sensación de identidad al conjunto urbano. Su presencia introduce una dimensión simbólica y cultural, mientras que el resto de las construcciones se disponen a su alrededor como un entramado armónico que refuerza la cohesión del paisaje.
El fondo del cuadro se cierra con una masa de vegetación que envuelve el pueblo y aporta un contraste natural frente a las líneas arquitectónicas. Los tonos verdes y oscuros crean una transición suave hacia el cielo, que se presenta luminoso pero discreto, sin restar protagonismo a la escena principal. La obra en su totalidad transmite una sensación de calma, equilibrio y belleza cotidiana, donde cada elemento encuentra su lugar dentro de una composición cuidada y evocadora. En conjunto, el cuadro ofrece una visión íntima y poética de un pueblo junto al agua, donde la luz, los reflejos y la arquitectura se combinan para crear una escena llena de armonía.
