Figura - Buda Gautama - Madera





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Buda Gautama, escultura de madera de la India, datada entre 1950 y 1960, medidas 27 cm de ancho, 9 cm de alto y 6 cm de profundo, en buen estado con pequeños signos de uso e imperfecciones.
Descripción del vendedor
Es una pieza que transmite de inmediato la serenidad antigua de la talla india tradicional, pero también el peso simbólico de la madera centenaria de la que procede. La figura, trabajada completamente a mano, conserva ese carácter íntimo y casi ritual de las esculturas destinadas a acompañar espacios domésticos o pequeños altares: líneas suaves, contornos redondeados, un modelado que no busca la perfección académica sino la expresión espiritual.
La madera, envejecida de manera natural, muestra una pátina profunda, casi aterciopelada, fruto de décadas de oxidación, polvo fino y aceites absorbidos. Esa superficie irregular, con zonas más oscuras y otras suavemente desgastadas, aporta una sensación de tiempo vivido que ninguna restauración podría imitar. Se aprecia la huella del artesano en los pliegues del manto, en la serenidad del rostro, en la manera en que cada curva parece seguir la veta original del tronco, como si la figura hubiese estado siempre allí, esperando ser revelada.
El estilo, propio de la mitad del siglo XX pero heredero de una tradición mucho más antigua, combina simplicidad y devoción: no hay exceso decorativo, solo la presencia tranquila de la figura reclinada, tallada con respeto y paciencia. Es una escultura única, no solo por su ejecución manual, sino por la singularidad del árbol centenario del que procede, que le confiere un aura de objeto transmitido, cargado de historia y silencio.
Envío certificado y buen embalaje.
El vendedor y su historia
Es una pieza que transmite de inmediato la serenidad antigua de la talla india tradicional, pero también el peso simbólico de la madera centenaria de la que procede. La figura, trabajada completamente a mano, conserva ese carácter íntimo y casi ritual de las esculturas destinadas a acompañar espacios domésticos o pequeños altares: líneas suaves, contornos redondeados, un modelado que no busca la perfección académica sino la expresión espiritual.
La madera, envejecida de manera natural, muestra una pátina profunda, casi aterciopelada, fruto de décadas de oxidación, polvo fino y aceites absorbidos. Esa superficie irregular, con zonas más oscuras y otras suavemente desgastadas, aporta una sensación de tiempo vivido que ninguna restauración podría imitar. Se aprecia la huella del artesano en los pliegues del manto, en la serenidad del rostro, en la manera en que cada curva parece seguir la veta original del tronco, como si la figura hubiese estado siempre allí, esperando ser revelada.
El estilo, propio de la mitad del siglo XX pero heredero de una tradición mucho más antigua, combina simplicidad y devoción: no hay exceso decorativo, solo la presencia tranquila de la figura reclinada, tallada con respeto y paciencia. Es una escultura única, no solo por su ejecución manual, sino por la singularidad del árbol centenario del que procede, que le confiere un aura de objeto transmitido, cargado de historia y silencio.
Envío certificado y buen embalaje.

