Candelabro - Bronce - Diosa Hera





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Descripción del vendedor
Es una pieza que conserva toda la teatralidad noble del bronce decimonónico, pero atravesada por la historia de su uso: un candelabro neoclásico dedicado a Hera, transformado en lámpara eléctrica ya en el siglo XX, cuando muchos hogares quisieron adaptar sus objetos más preciados a la modernidad sin renunciar a su presencia escultórica. Esa doble vida se percibe en la figura: la diosa, erguida, con el porte sereno y majestuoso propio del neoclasicismo, sostiene con un brazo alzado el punto donde originalmente se elevaba la luz de la llama. El gesto es clásico, casi templario, con la túnica cayendo en pliegues profundos que el bronce recoge con una precisión casi pictórica.
El pedestal, cargado de volutas, flores y motivos vegetales, pertenece plenamente al gusto del siglo XIX, cuando la mitología grecolatina se reinterpretaba con exuberancia ornamental. La figura no es ligera: tiene esa densidad material que solo el bronce antiguo ofrece, un peso visual que impone respeto y convierte el objeto en una pequeña escultura antes que en un simple elemento funcional.
La electrificación posterior —visible en el cableado añadido— habla de una época en la que se buscaba conservar la belleza del pasado adaptándola a nuevas necesidades. Hoy, ese sistema eléctrico muestra su edad y pide renovación, no solo por seguridad, sino para devolver a la pieza la dignidad técnica que su presencia estética ya posee.
En conjunto, es un candelabro neoclásico del XIX convertido en lámpara sin perder su esencia: una diosa que sigue sosteniendo la luz, ahora eléctrica, con la misma solemnidad con la que antaño sostenía la llama. Una pieza que une mito, artesanía y vida doméstica a lo largo de más de un siglo.
Envío certificado y buen embalaje.
El vendedor y su historia
Es una pieza que conserva toda la teatralidad noble del bronce decimonónico, pero atravesada por la historia de su uso: un candelabro neoclásico dedicado a Hera, transformado en lámpara eléctrica ya en el siglo XX, cuando muchos hogares quisieron adaptar sus objetos más preciados a la modernidad sin renunciar a su presencia escultórica. Esa doble vida se percibe en la figura: la diosa, erguida, con el porte sereno y majestuoso propio del neoclasicismo, sostiene con un brazo alzado el punto donde originalmente se elevaba la luz de la llama. El gesto es clásico, casi templario, con la túnica cayendo en pliegues profundos que el bronce recoge con una precisión casi pictórica.
El pedestal, cargado de volutas, flores y motivos vegetales, pertenece plenamente al gusto del siglo XIX, cuando la mitología grecolatina se reinterpretaba con exuberancia ornamental. La figura no es ligera: tiene esa densidad material que solo el bronce antiguo ofrece, un peso visual que impone respeto y convierte el objeto en una pequeña escultura antes que en un simple elemento funcional.
La electrificación posterior —visible en el cableado añadido— habla de una época en la que se buscaba conservar la belleza del pasado adaptándola a nuevas necesidades. Hoy, ese sistema eléctrico muestra su edad y pide renovación, no solo por seguridad, sino para devolver a la pieza la dignidad técnica que su presencia estética ya posee.
En conjunto, es un candelabro neoclásico del XIX convertido en lámpara sin perder su esencia: una diosa que sigue sosteniendo la luz, ahora eléctrica, con la misma solemnidad con la que antaño sostenía la llama. Una pieza que une mito, artesanía y vida doméstica a lo largo de más de un siglo.
Envío certificado y buen embalaje.

