Figura - Caballo Tallado - Madera





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Figura ecuestre tallada en madera, originaria de España, fechada aproximadamente entre 1930 y 1940, de 33 cm de profundidad, 31 cm de alto y 14 cm de ancho, en buen estado de uso con pequeños signos de la edad e imperfecciones.
Descripción del vendedor
Es una figura ecuestre tallada en madera que captura ese equilibrio tan característico de la primera mitad del siglo XX entre la artesanía tradicional y una sensibilidad más expresiva, casi escultórica. El caballo se alza en un gesto dinámico, con el cuerpo tensado, la crin marcada en mechones vivos y la musculatura sugerida mediante planos firmes y cortes seguros de gubia. No busca el hiperrealismo, sino transmitir energía, movimiento, carácter.
El apoyo sobre el pequeño montículo tallado —una roca, un tronco, un elemento natural apenas insinuado— sirve para reforzar la sensación de impulso, como si el animal estuviera a punto de elevarse por completo. La base, suavemente curvada y pulida, aporta estabilidad visual y un acabado más refinado, típico de las piezas decorativas de la época.
La madera, cálida y homogénea, muestra una pátina que delata décadas de vida: tonos profundos, brillo contenido, pequeñas irregularidades que hablan del trabajo manual. Es una talla que combina rusticidad y elegancia, con ese encanto propio de los objetos hechos para acompañar un hogar, no para impresionar en un museo.
En conjunto, es una figura que transmite fuerza y nobleza, un caballo detenido en un instante de acción, tallado con la sinceridad y el gusto artesanal de la primera mitad del siglo pasado.
Envío certificado y buen embalaje.
El vendedor y su historia
Es una figura ecuestre tallada en madera que captura ese equilibrio tan característico de la primera mitad del siglo XX entre la artesanía tradicional y una sensibilidad más expresiva, casi escultórica. El caballo se alza en un gesto dinámico, con el cuerpo tensado, la crin marcada en mechones vivos y la musculatura sugerida mediante planos firmes y cortes seguros de gubia. No busca el hiperrealismo, sino transmitir energía, movimiento, carácter.
El apoyo sobre el pequeño montículo tallado —una roca, un tronco, un elemento natural apenas insinuado— sirve para reforzar la sensación de impulso, como si el animal estuviera a punto de elevarse por completo. La base, suavemente curvada y pulida, aporta estabilidad visual y un acabado más refinado, típico de las piezas decorativas de la época.
La madera, cálida y homogénea, muestra una pátina que delata décadas de vida: tonos profundos, brillo contenido, pequeñas irregularidades que hablan del trabajo manual. Es una talla que combina rusticidad y elegancia, con ese encanto propio de los objetos hechos para acompañar un hogar, no para impresionar en un museo.
En conjunto, es una figura que transmite fuerza y nobleza, un caballo detenido en un instante de acción, tallado con la sinceridad y el gusto artesanal de la primera mitad del siglo pasado.
Envío certificado y buen embalaje.

