Mesa auxiliar - Madera - H : 67 cm





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Descripción del vendedor
Es una mesa alta que recoge con bastante fidelidad el espíritu del Luis XVI reinterpretado en la primera mitad del siglo XX, cuando muchos talleres seguían recurriendo a ese lenguaje neoclásico por su elegancia sobria y su capacidad para ennoblecer cualquier estancia. La pieza se sostiene sobre una silueta esbelta, vertical, que transmite ligereza sin perder firmeza, como si quisiera elevar el tablero y presentarlo casi como un pequeño altar doméstico.
La madera —clara, bien pulida, con un brillo contenido— acentúa esa vocación refinada. Las patas, rectas y ligeramente acanaladas, evocan las columnas estriadas del repertorio clásico, con esa precisión geométrica que caracteriza al estilo Luis XVI. No buscan llamar la atención por exuberancia, sino por proporción y equilibrio. El tablero, de líneas limpias, se remata con un borde discreto que enmarca la superficie y refuerza la sensación de pieza cuidada, pensada para lucir un jarrón, una lámpara o un objeto especial.
Hay en el conjunto una mezcla muy propia del primer tercio del siglo XX: respeto por la tradición neoclásica, gusto por la simetría y la claridad formal, y al mismo tiempo una cierta depuración que anuncia sensibilidades más modernas. Es una mesa que no pretende imponerse, sino aportar un toque de distinción serena, de esos muebles que elevan el ambiente sin necesidad de alzar la voz.
Envío certificado y buen embalaje.
El vendedor y su historia
Es una mesa alta que recoge con bastante fidelidad el espíritu del Luis XVI reinterpretado en la primera mitad del siglo XX, cuando muchos talleres seguían recurriendo a ese lenguaje neoclásico por su elegancia sobria y su capacidad para ennoblecer cualquier estancia. La pieza se sostiene sobre una silueta esbelta, vertical, que transmite ligereza sin perder firmeza, como si quisiera elevar el tablero y presentarlo casi como un pequeño altar doméstico.
La madera —clara, bien pulida, con un brillo contenido— acentúa esa vocación refinada. Las patas, rectas y ligeramente acanaladas, evocan las columnas estriadas del repertorio clásico, con esa precisión geométrica que caracteriza al estilo Luis XVI. No buscan llamar la atención por exuberancia, sino por proporción y equilibrio. El tablero, de líneas limpias, se remata con un borde discreto que enmarca la superficie y refuerza la sensación de pieza cuidada, pensada para lucir un jarrón, una lámpara o un objeto especial.
Hay en el conjunto una mezcla muy propia del primer tercio del siglo XX: respeto por la tradición neoclásica, gusto por la simetría y la claridad formal, y al mismo tiempo una cierta depuración que anuncia sensibilidades más modernas. Es una mesa que no pretende imponerse, sino aportar un toque de distinción serena, de esos muebles que elevan el ambiente sin necesidad de alzar la voz.
Envío certificado y buen embalaje.

