Figura - Señuelos Patos (5) - Madera policromada





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Conjunto de cinco señuelos de patos en madera policromada, originarios de Francia, periodo estimado 1940-1950, dimensiones aprox. 23 cm de ancho, 10 cm de alto y 9 cm de profundo, en buen estado de uso con pequeños signos de la edad.
Descripción del vendedor
Son figuras que conservan ese encanto directo y honesto de los antiguos señuelos de caza de la segunda mitad del siglo XX, cuando aún se trabajaban en madera tallada y policromada a mano, con una atención al detalle que buscaba tanto la funcionalidad como la belleza. Cada pato muestra una personalidad distinta: las curvas del lomo, la forma del pico, la disposición de las plumas pintadas con pinceladas firmes y colores vivos —verdes, ocres, azules, rojizos— hablan de un trabajo artesanal que no se limitaba a imitar la naturaleza, sino a interpretarla.
La madera, suavizada por el uso y el tiempo, aporta una calidez que solo dan las piezas hechas para estar al aire libre, expuestas al agua, al frío y a la luz. La policromía, aunque pensada originalmente para camuflar y atraer, hoy se aprecia como un ejercicio de pintura popular, con ese equilibrio entre precisión y libertad que caracteriza a los buenos señuelos tradicionales.
Reunidos, forman casi una pequeña bandada detenida en el tiempo: cada uno con su postura, su gesto, su colorido particular. Son objetos que han pasado de herramienta a pieza decorativa, y que conservan en su superficie la memoria de una práctica antigua y de un oficio que combinaba observación, destreza y sensibilidad.
Envío certificado y buen embalaje.
El vendedor y su historia
Son figuras que conservan ese encanto directo y honesto de los antiguos señuelos de caza de la segunda mitad del siglo XX, cuando aún se trabajaban en madera tallada y policromada a mano, con una atención al detalle que buscaba tanto la funcionalidad como la belleza. Cada pato muestra una personalidad distinta: las curvas del lomo, la forma del pico, la disposición de las plumas pintadas con pinceladas firmes y colores vivos —verdes, ocres, azules, rojizos— hablan de un trabajo artesanal que no se limitaba a imitar la naturaleza, sino a interpretarla.
La madera, suavizada por el uso y el tiempo, aporta una calidez que solo dan las piezas hechas para estar al aire libre, expuestas al agua, al frío y a la luz. La policromía, aunque pensada originalmente para camuflar y atraer, hoy se aprecia como un ejercicio de pintura popular, con ese equilibrio entre precisión y libertad que caracteriza a los buenos señuelos tradicionales.
Reunidos, forman casi una pequeña bandada detenida en el tiempo: cada uno con su postura, su gesto, su colorido particular. Son objetos que han pasado de herramienta a pieza decorativa, y que conservan en su superficie la memoria de una práctica antigua y de un oficio que combinaba observación, destreza y sensibilidad.
Envío certificado y buen embalaje.

