Candelabro - Bronce - Palmatoria de Iglesia





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Descripción del vendedor
Es una palmatoria de iglesia del siglo XVIII, una pieza que conserva toda la dignidad sobria y funcional de los objetos litúrgicos anteriores a la iluminación moderna. Está realizada en bronce, trabajado con ese equilibrio entre solidez y elegancia que caracteriza a la metalistería sacra de la época.
La base circular, amplia y estable, está pensada para asentarse con firmeza sobre mesas de sacristía, altares secundarios o capillas laterales. Del centro se eleva el vástago corto y robusto que sostiene el portavelas, concebido para velas gruesas de cera natural, las que se utilizaban en ceremonias prolongadas o en vigilias nocturnas. El metal muestra una pátina antigua, fruto de siglos de uso, limpieza y manipulación, que no resta belleza, sino que añade autenticidad y profundidad al dorado apagado del bronce.
El asa alargada, rematada en un extremo redondeado, es uno de los rasgos más característicos de las palmatorias eclesiásticas: permitía trasladar la luz de un espacio a otro, acompañar al sacerdote en procesiones interiores o iluminar libros y documentos en la penumbra de la sacristía. Su forma, sencilla pero bien proporcionada, revela un diseño pensado para la mano, para el gesto cotidiano del oficiante.
En conjunto, es una pieza que habla de un tiempo en el que la luz era un elemento ritual, cargado de simbolismo, y donde incluso los objetos más humildes estaban hechos para durar siglos. Una palmatoria que no solo ilumina su pasado, sino que lo preserva.
Envío certificado y buen embalaje.
El vendedor y su historia
Es una palmatoria de iglesia del siglo XVIII, una pieza que conserva toda la dignidad sobria y funcional de los objetos litúrgicos anteriores a la iluminación moderna. Está realizada en bronce, trabajado con ese equilibrio entre solidez y elegancia que caracteriza a la metalistería sacra de la época.
La base circular, amplia y estable, está pensada para asentarse con firmeza sobre mesas de sacristía, altares secundarios o capillas laterales. Del centro se eleva el vástago corto y robusto que sostiene el portavelas, concebido para velas gruesas de cera natural, las que se utilizaban en ceremonias prolongadas o en vigilias nocturnas. El metal muestra una pátina antigua, fruto de siglos de uso, limpieza y manipulación, que no resta belleza, sino que añade autenticidad y profundidad al dorado apagado del bronce.
El asa alargada, rematada en un extremo redondeado, es uno de los rasgos más característicos de las palmatorias eclesiásticas: permitía trasladar la luz de un espacio a otro, acompañar al sacerdote en procesiones interiores o iluminar libros y documentos en la penumbra de la sacristía. Su forma, sencilla pero bien proporcionada, revela un diseño pensado para la mano, para el gesto cotidiano del oficiante.
En conjunto, es una pieza que habla de un tiempo en el que la luz era un elemento ritual, cargado de simbolismo, y donde incluso los objetos más humildes estaban hechos para durar siglos. Una palmatoria que no solo ilumina su pasado, sino que lo preserva.
Envío certificado y buen embalaje.

