Noé Caron (1942) - Cheval de lumière





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Descripción del vendedor
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Noé Caron, que representa una escena luminosa y serena que representa la libertad, la nobleza y la conexión pura entre el caballo y la naturaleza. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones con paspartú de papel: 60x39,5x1 cm.
· Dimensiones de la obra: 56,5x36 cm.
· Óleo sobre papel firmado a mano por el artista en la parte inferior izquierda, Noé Caron.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro captura con enorme sensibilidad la majestuosidad serena de un caballo blanco en plena naturaleza, convirtiendo una escena aparentemente sencilla en una imagen llena de elegancia, fuerza y poesía visual. El animal ocupa el centro absoluto de la composición, erguido con una presencia noble y tranquila que transmite libertad y equilibrio. Su figura destaca sobre un paisaje abierto bañado por una luz cálida y envolvente, donde los tonos suaves del cielo y los campos crean una atmósfera de calma absoluta. La postura del caballo, con la cabeza ligeramente girada y la mirada atenta, aporta vida y personalidad a la escena, haciendo que parezca consciente del entorno que lo rodea y de la inmensidad del paisaje en el que se encuentra. Toda la composición desprende una sensación de armonía natural y de belleza silenciosa.
El cuerpo del caballo está representado con una gran delicadeza, mostrando la musculatura y las formas del animal de manera elegante y fluida. La luz acaricia suavemente el pelaje claro, generando matices cálidos y reflejos sutiles que aportan profundidad y realismo a la figura. La crin y la cola, movidas ligeramente como si una brisa suave atravesara el campo, añaden dinamismo y naturalidad a la composición. El caballo no aparece como un simple animal retratado, sino como un símbolo de libertad, nobleza y conexión con la naturaleza. Su presencia transmite calma, pero también energía contenida y fortaleza interior, creando una imagen profundamente evocadora y emocional.
El paisaje que rodea la figura principal contribuye de manera decisiva a la atmósfera de la obra. Los campos abiertos, las pequeñas flores dispersas entre la hierba y la vegetación lejana construyen un entorno luminoso y tranquilo que envuelve al caballo con una sensación de paz absoluta. El horizonte se difumina suavemente entre árboles y campos bañados por la luz, mientras el cielo presenta tonalidades delicadas que parecen anunciar un amanecer o una tarde serena de verano. Todo el entorno transmite frescura, libertad y silencio, como si el espectador pudiera sentir el aire del campo y escuchar únicamente el movimiento de la naturaleza. La combinación entre la amplitud del paisaje y la presencia elegante del caballo crea una escena llena de equilibrio y sensibilidad.
La composición destaca también por su capacidad para transmitir emoción a través de la sencillez. No existe exceso de elementos ni artificios; toda la atención recae sobre la conexión entre el animal y el paisaje. Esa simplicidad convierte la escena en algo profundamente contemplativo y atemporal. El caballo parece detenido en un instante de calma absoluta, observando el horizonte con serenidad y dignidad. La obra evoca sentimientos de libertad, pureza y tranquilidad, recordando la belleza de la naturaleza cuando permanece intacta y silenciosa. El uso de tonos cálidos y suaves aporta además una sensación acogedora y casi soñadora, haciendo que la escena resulte cercana y profundamente inspiradora.
En conjunto, la obra ofrece una representación elegante y luminosa de la nobleza animal y de la armonía entre el caballo y el paisaje natural que lo rodea. La serenidad del entorno, la delicadeza de la luz y la fuerza tranquila de la figura principal crean una composición llena de equilibrio, sensibilidad y belleza atemporal. El cuadro transmite una sensación de libertad y paz interior, invitando al espectador a detenerse y contemplar la pureza de un instante sencillo convertido en una imagen profundamente evocadora y llena de vida.
El vendedor y su historia
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Noé Caron, que representa una escena luminosa y serena que representa la libertad, la nobleza y la conexión pura entre el caballo y la naturaleza. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones con paspartú de papel: 60x39,5x1 cm.
· Dimensiones de la obra: 56,5x36 cm.
· Óleo sobre papel firmado a mano por el artista en la parte inferior izquierda, Noé Caron.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro captura con enorme sensibilidad la majestuosidad serena de un caballo blanco en plena naturaleza, convirtiendo una escena aparentemente sencilla en una imagen llena de elegancia, fuerza y poesía visual. El animal ocupa el centro absoluto de la composición, erguido con una presencia noble y tranquila que transmite libertad y equilibrio. Su figura destaca sobre un paisaje abierto bañado por una luz cálida y envolvente, donde los tonos suaves del cielo y los campos crean una atmósfera de calma absoluta. La postura del caballo, con la cabeza ligeramente girada y la mirada atenta, aporta vida y personalidad a la escena, haciendo que parezca consciente del entorno que lo rodea y de la inmensidad del paisaje en el que se encuentra. Toda la composición desprende una sensación de armonía natural y de belleza silenciosa.
El cuerpo del caballo está representado con una gran delicadeza, mostrando la musculatura y las formas del animal de manera elegante y fluida. La luz acaricia suavemente el pelaje claro, generando matices cálidos y reflejos sutiles que aportan profundidad y realismo a la figura. La crin y la cola, movidas ligeramente como si una brisa suave atravesara el campo, añaden dinamismo y naturalidad a la composición. El caballo no aparece como un simple animal retratado, sino como un símbolo de libertad, nobleza y conexión con la naturaleza. Su presencia transmite calma, pero también energía contenida y fortaleza interior, creando una imagen profundamente evocadora y emocional.
El paisaje que rodea la figura principal contribuye de manera decisiva a la atmósfera de la obra. Los campos abiertos, las pequeñas flores dispersas entre la hierba y la vegetación lejana construyen un entorno luminoso y tranquilo que envuelve al caballo con una sensación de paz absoluta. El horizonte se difumina suavemente entre árboles y campos bañados por la luz, mientras el cielo presenta tonalidades delicadas que parecen anunciar un amanecer o una tarde serena de verano. Todo el entorno transmite frescura, libertad y silencio, como si el espectador pudiera sentir el aire del campo y escuchar únicamente el movimiento de la naturaleza. La combinación entre la amplitud del paisaje y la presencia elegante del caballo crea una escena llena de equilibrio y sensibilidad.
La composición destaca también por su capacidad para transmitir emoción a través de la sencillez. No existe exceso de elementos ni artificios; toda la atención recae sobre la conexión entre el animal y el paisaje. Esa simplicidad convierte la escena en algo profundamente contemplativo y atemporal. El caballo parece detenido en un instante de calma absoluta, observando el horizonte con serenidad y dignidad. La obra evoca sentimientos de libertad, pureza y tranquilidad, recordando la belleza de la naturaleza cuando permanece intacta y silenciosa. El uso de tonos cálidos y suaves aporta además una sensación acogedora y casi soñadora, haciendo que la escena resulte cercana y profundamente inspiradora.
En conjunto, la obra ofrece una representación elegante y luminosa de la nobleza animal y de la armonía entre el caballo y el paisaje natural que lo rodea. La serenidad del entorno, la delicadeza de la luz y la fuerza tranquila de la figura principal crean una composición llena de equilibrio, sensibilidad y belleza atemporal. El cuadro transmite una sensación de libertad y paz interior, invitando al espectador a detenerse y contemplar la pureza de un instante sencillo convertido en una imagen profundamente evocadora y llena de vida.

