M. Perone (1982), da Boldini - L’attesa silenziosa





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Graduada como subastadora francesa y trabajó en el departamento de tasación de Sotheby’s París.
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Descripción del vendedor
“La espera silenciosa”
En este refinado óleo sobre tela de A. Perone, el gesto cotidiano se transforma en una escena suspendida en el tiempo, impregnada de elegancia burguesa y delicada introspección. La composición, desarrollada verticalmente en el formato 50x40 cm, conduce inmediatamente la mirada hacia las dos figuras protagonistas: una mujer de rasgos aristocráticos y un joven niño que se aprieta a ella con natural espontaneidad, creando un diálogo visual hecho de protección, complicidad y espera.
La mujer, envuelta en un vestido de tonalidades amarillo-dorado iluminadas por reflejos nacarados, aparece sorprendida en un momento de transición. El cuerpo está orientado hacia la puerta entreabierta, mientras el rostro, elegantemente perfilado, mira más allá del espacio de la escena, como si esperara una llegada o escuchara un llamado lejano. El foulard negro al cuello introduce un fuerte elemento de contraste cromático que aporta profundidad a la figura y acentúa su refinamiento de época.
Al lado de ella, el niño con traje blanco marinería rompe la compostura de la escena con una presencia tierna y espontánea. Su mirada directa hacia el observador crea un puente emocional inmediato, mientras el gesto con el que se apoya en la figura femenina sugiere seguridad y pertenencia. La representación pictórica del rostro infantil, suave y luminosa, testimonia la sensibilidad del artista en la representación psicológica de los personajes.
El ambiente doméstico, deliberadamente esencial, se construye a través de tonos neutros y pinceladas suaves que remiten a los interiores de la pintura francesa de finales del siglo XIX. Las puertas paneladas y las paredes claras funcionan como una elegante quinta escénica, dejando emerger la centralidad emocional de las figuras. La luz difusa acaricia las telas y los volúmenes con gran delicadeza, valorizando la fluidez de las telas y los detalles de los vestidos sin recargar la composición.
A. Perone realiza una obra de gran equilibrio narrativo, donde la técnica al óleo se expresa a través de veladuras ligeras, transiciones cromáticas armoniosas y una pincelada controlada pero vibrante. La pintura devuelve el encanto atemporal de las escenas íntimas del interior, evocando sentimientos de nostalgia, protección familiar y memoria afectiva.
“La espera silenciosa”
En este refinado óleo sobre tela de A. Perone, el gesto cotidiano se transforma en una escena suspendida en el tiempo, impregnada de elegancia burguesa y delicada introspección. La composición, desarrollada verticalmente en el formato 50x40 cm, conduce inmediatamente la mirada hacia las dos figuras protagonistas: una mujer de rasgos aristocráticos y un joven niño que se aprieta a ella con natural espontaneidad, creando un diálogo visual hecho de protección, complicidad y espera.
La mujer, envuelta en un vestido de tonalidades amarillo-dorado iluminadas por reflejos nacarados, aparece sorprendida en un momento de transición. El cuerpo está orientado hacia la puerta entreabierta, mientras el rostro, elegantemente perfilado, mira más allá del espacio de la escena, como si esperara una llegada o escuchara un llamado lejano. El foulard negro al cuello introduce un fuerte elemento de contraste cromático que aporta profundidad a la figura y acentúa su refinamiento de época.
Al lado de ella, el niño con traje blanco marinería rompe la compostura de la escena con una presencia tierna y espontánea. Su mirada directa hacia el observador crea un puente emocional inmediato, mientras el gesto con el que se apoya en la figura femenina sugiere seguridad y pertenencia. La representación pictórica del rostro infantil, suave y luminosa, testimonia la sensibilidad del artista en la representación psicológica de los personajes.
El ambiente doméstico, deliberadamente esencial, se construye a través de tonos neutros y pinceladas suaves que remiten a los interiores de la pintura francesa de finales del siglo XIX. Las puertas paneladas y las paredes claras funcionan como una elegante quinta escénica, dejando emerger la centralidad emocional de las figuras. La luz difusa acaricia las telas y los volúmenes con gran delicadeza, valorizando la fluidez de las telas y los detalles de los vestidos sin recargar la composición.
A. Perone realiza una obra de gran equilibrio narrativo, donde la técnica al óleo se expresa a través de veladuras ligeras, transiciones cromáticas armoniosas y una pincelada controlada pero vibrante. La pintura devuelve el encanto atemporal de las escenas íntimas del interior, evocando sentimientos de nostalgia, protección familiar y memoria afectiva.
