Candelabro (2) - Bronce - Guerreros Clásicos





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Son dos candelabros de bronce procedentes de Francia, fechados en 1930–1940, cada uno de 33 cm de alto, 23 cm de ancho y 23 cm de profundidad, con un jinete a caballo y tres brazos portavelas.
Descripción del vendedor
Son dos candelabros de bronce dorado de la primera mitad del siglo XX que reinterpretan el imaginario clásico con una teatralidad muy marcada: cada pieza se organiza en torno a la figura de un guerrero a caballo, modelado con energía y detalle, como si estuviera congelado en pleno avance. Esa presencia escultórica convierte a los candelabros en pequeños monumentos domésticos, más cercanos a la estatuaria decorativa que a un simple soporte para velas.
El bronce, trabajado con relieves profundos y curvas dinámicas, capta la luz y la multiplica, creando destellos cálidos que realzan la musculatura del caballo, la postura del jinete y los motivos vegetales y ondulantes que ascienden hacia los brazos portavelas. Los tres brazos superiores, equilibrados y simétricos, rematan la composición con un aire solemne, casi ceremonial.
Son piezas que hablan de un gusto historicista muy propio de la época: objetos pensados para impresionar, para ocupar un lugar central en una consola, una chimenea o un aparador, combinando artesanía, peso visual y un romanticismo épico que hoy resulta especialmente atractivo.
Envío certificado y buen embalaje.
El vendedor y su historia
Son dos candelabros de bronce dorado de la primera mitad del siglo XX que reinterpretan el imaginario clásico con una teatralidad muy marcada: cada pieza se organiza en torno a la figura de un guerrero a caballo, modelado con energía y detalle, como si estuviera congelado en pleno avance. Esa presencia escultórica convierte a los candelabros en pequeños monumentos domésticos, más cercanos a la estatuaria decorativa que a un simple soporte para velas.
El bronce, trabajado con relieves profundos y curvas dinámicas, capta la luz y la multiplica, creando destellos cálidos que realzan la musculatura del caballo, la postura del jinete y los motivos vegetales y ondulantes que ascienden hacia los brazos portavelas. Los tres brazos superiores, equilibrados y simétricos, rematan la composición con un aire solemne, casi ceremonial.
Son piezas que hablan de un gusto historicista muy propio de la época: objetos pensados para impresionar, para ocupar un lugar central en una consola, una chimenea o un aparador, combinando artesanía, peso visual y un romanticismo épico que hoy resulta especialmente atractivo.
Envío certificado y buen embalaje.

