European school (XX) - Serene composition





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Serene composition, pintura al óleo de España de la década de 1980, en el estilo impresionista de la escuela europea (XX), vendida con marco.
Descripción del vendedor
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a la escuela europea, que representa una naturaleza muerta serena y equilibrada, donde frutas y racimos simbolizan la belleza sencilla de los objetos cotidianos y la calma de un instante detenido en el tiempo. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones con marco: 60x69x6 cm.
· Dimensiones sin marco: 45x55 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la parte inferior derecha.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro nos presenta una naturaleza muerta llena de serenidad, equilibrio y sensibilidad, donde distintos frutos aparecen cuidadosamente dispuestos sobre una superficie sencilla y austera. La composición transmite una atmósfera íntima y silenciosa, invitando al espectador a detenerse en la belleza discreta de los objetos cotidianos. Lejos de buscar la exuberancia o el exceso decorativo, la obra encuentra su fuerza en la armonía de las formas, en la suavidad de los tonos y en la calma que desprende cada elemento. Las frutas y racimos se convierten en protagonistas absolutos de la escena, transformando un motivo humilde en una imagen profundamente evocadora y elegante.
La disposición de los elementos crea un equilibrio visual muy natural y cuidadosamente construido. Las manzanas de tonos rojizos y ocres aparecen repartidas en distintos puntos de la composición, aportando peso y estabilidad visual, mientras los racimos de uvas claras y oscuras generan volumen y textura en el centro del cuadro. Las hojas verdes que emergen entre los frutos añaden frescura y movimiento, rompiendo la suavidad de las formas redondeadas con líneas más dinámicas y orgánicas. Cada fruta parece colocada con intención, permitiendo que la mirada del espectador recorra lentamente toda la escena descubriendo pequeños matices de luz, color y textura.
La paleta cromática destaca por su delicadeza y sobriedad. Predominan los tonos terrosos, beige, grisáceos y verdes apagados que crean una atmósfera tranquila y refinada. Los colores nunca resultan estridentes, sino suavemente modulados, como si estuvieran envueltos por una luz tenue y silenciosa. Las uvas claras poseen reflejos suaves y casi nacarados, mientras las oscuras aportan profundidad y contraste. Las manzanas, con sus matices rojizos y rosados, introducen calidez dentro de la composición y equilibran perfectamente los tonos más neutros del fondo y de la mesa. Esta armonía cromática convierte la escena en una imagen serena y profundamente contemplativa.
La textura y el tratamiento de la superficie aportan una gran riqueza visual a la obra. Las frutas parecen adquirir peso y presencia física gracias a las variaciones de luz y sombra que modelan cuidadosamente sus volúmenes. El fondo neutro y ligeramente difuminado permite que toda la atención recaiga sobre los objetos representados, creando una sensación de intimidad y recogimiento. Existe una belleza silenciosa en la manera en que los elementos cotidianos son elevados a una dimensión artística y emocional. La obra transmite una sensación de tiempo detenido, como si el instante hubiera quedado suspendido en medio de una atmósfera tranquila y casi meditativa.
En conjunto, este cuadro es una representación elegante y profundamente sensible de la naturaleza muerta tradicional, donde la sencillez de las frutas y los racimos se transforma en una escena llena de armonía, calma y belleza atemporal. La obra transmite serenidad y refinamiento a través de una composición equilibrada y una paleta cromática delicada, convirtiendo objetos cotidianos en una experiencia visual íntima y contemplativa.
El vendedor y su historia
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a la escuela europea, que representa una naturaleza muerta serena y equilibrada, donde frutas y racimos simbolizan la belleza sencilla de los objetos cotidianos y la calma de un instante detenido en el tiempo. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones con marco: 60x69x6 cm.
· Dimensiones sin marco: 45x55 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la parte inferior derecha.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro nos presenta una naturaleza muerta llena de serenidad, equilibrio y sensibilidad, donde distintos frutos aparecen cuidadosamente dispuestos sobre una superficie sencilla y austera. La composición transmite una atmósfera íntima y silenciosa, invitando al espectador a detenerse en la belleza discreta de los objetos cotidianos. Lejos de buscar la exuberancia o el exceso decorativo, la obra encuentra su fuerza en la armonía de las formas, en la suavidad de los tonos y en la calma que desprende cada elemento. Las frutas y racimos se convierten en protagonistas absolutos de la escena, transformando un motivo humilde en una imagen profundamente evocadora y elegante.
La disposición de los elementos crea un equilibrio visual muy natural y cuidadosamente construido. Las manzanas de tonos rojizos y ocres aparecen repartidas en distintos puntos de la composición, aportando peso y estabilidad visual, mientras los racimos de uvas claras y oscuras generan volumen y textura en el centro del cuadro. Las hojas verdes que emergen entre los frutos añaden frescura y movimiento, rompiendo la suavidad de las formas redondeadas con líneas más dinámicas y orgánicas. Cada fruta parece colocada con intención, permitiendo que la mirada del espectador recorra lentamente toda la escena descubriendo pequeños matices de luz, color y textura.
La paleta cromática destaca por su delicadeza y sobriedad. Predominan los tonos terrosos, beige, grisáceos y verdes apagados que crean una atmósfera tranquila y refinada. Los colores nunca resultan estridentes, sino suavemente modulados, como si estuvieran envueltos por una luz tenue y silenciosa. Las uvas claras poseen reflejos suaves y casi nacarados, mientras las oscuras aportan profundidad y contraste. Las manzanas, con sus matices rojizos y rosados, introducen calidez dentro de la composición y equilibran perfectamente los tonos más neutros del fondo y de la mesa. Esta armonía cromática convierte la escena en una imagen serena y profundamente contemplativa.
La textura y el tratamiento de la superficie aportan una gran riqueza visual a la obra. Las frutas parecen adquirir peso y presencia física gracias a las variaciones de luz y sombra que modelan cuidadosamente sus volúmenes. El fondo neutro y ligeramente difuminado permite que toda la atención recaiga sobre los objetos representados, creando una sensación de intimidad y recogimiento. Existe una belleza silenciosa en la manera en que los elementos cotidianos son elevados a una dimensión artística y emocional. La obra transmite una sensación de tiempo detenido, como si el instante hubiera quedado suspendido en medio de una atmósfera tranquila y casi meditativa.
En conjunto, este cuadro es una representación elegante y profundamente sensible de la naturaleza muerta tradicional, donde la sencillez de las frutas y los racimos se transforma en una escena llena de armonía, calma y belleza atemporal. La obra transmite serenidad y refinamiento a través de una composición equilibrada y una paleta cromática delicada, convirtiendo objetos cotidianos en una experiencia visual íntima y contemplativa.

