Candelabro - Bronce, Ormolu - Relieves Mitológicos
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Descripción del vendedor
Es un candelabro de bronce dorado al oro, trabajado en auténtico ormolu —ese dorado al mercurio tan característico de la alta decoración francesa e inglesa del siglo XVIII y de los primeros años del XIX— y aquí aparece en una de sus versiones más exuberantes: la del rococó tardío, donde la fantasía vegetal y el dinamismo de las formas se convierten en protagonistas absolutos.
La pieza se levanta sobre una base cuadrada ricamente grabada, con roleos, hojas de acanto y pequeñas volutas que parecen moverse como si el metal estuviera vivo. El cuerpo central asciende con un ritmo ondulante, casi líquido, típico del gusto rococó: nada es recto, nada es rígido, todo fluye. El asa circular, con su apoyo para el pulgar, convierte el candelabro en un objeto portátil pero igualmente lujoso, pensado para acompañar al dueño por estancias y pasillos sin renunciar a la teatralidad.
Los relieves mitológicos —probablemente ninfas, mascarones, putti o divinidades menores— se integran en la decoración como si emergieran de la vegetación metálica. No son figuras narrativas, sino presencias simbólicas que refuerzan la idea de un mundo fantástico, sensual y decorativo. Este tipo de iconografía era muy apreciada en la Francia de Luis XV y en la Inglaterra georgiana, y siguió reproduciéndose en los primeros años del XIX, ya en transición hacia un neoclasicismo más sobrio.
El dorado, aún conservado con intensidad, muestra ese brillo profundo y cálido que solo el ormolu auténtico puede ofrecer: no es un baño superficial, sino una piel luminosa que envuelve el bronce y lo convierte en un objeto de lujo aristocrático.
Envío certificado y buen embalaje.
El vendedor y su historia
Es un candelabro de bronce dorado al oro, trabajado en auténtico ormolu —ese dorado al mercurio tan característico de la alta decoración francesa e inglesa del siglo XVIII y de los primeros años del XIX— y aquí aparece en una de sus versiones más exuberantes: la del rococó tardío, donde la fantasía vegetal y el dinamismo de las formas se convierten en protagonistas absolutos.
La pieza se levanta sobre una base cuadrada ricamente grabada, con roleos, hojas de acanto y pequeñas volutas que parecen moverse como si el metal estuviera vivo. El cuerpo central asciende con un ritmo ondulante, casi líquido, típico del gusto rococó: nada es recto, nada es rígido, todo fluye. El asa circular, con su apoyo para el pulgar, convierte el candelabro en un objeto portátil pero igualmente lujoso, pensado para acompañar al dueño por estancias y pasillos sin renunciar a la teatralidad.
Los relieves mitológicos —probablemente ninfas, mascarones, putti o divinidades menores— se integran en la decoración como si emergieran de la vegetación metálica. No son figuras narrativas, sino presencias simbólicas que refuerzan la idea de un mundo fantástico, sensual y decorativo. Este tipo de iconografía era muy apreciada en la Francia de Luis XV y en la Inglaterra georgiana, y siguió reproduciéndose en los primeros años del XIX, ya en transición hacia un neoclasicismo más sobrio.
El dorado, aún conservado con intensidad, muestra ese brillo profundo y cálido que solo el ormolu auténtico puede ofrecer: no es un baño superficial, sino una piel luminosa que envuelve el bronce y lo convierte en un objeto de lujo aristocrático.
Envío certificado y buen embalaje.

