Adorno arquitectónico - 1950-200 - Puerta Dogón





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Puerta Dogón de Mali, en madera y hierro, de 30 cm de alto, 20 cm de ancho y 3 cm de grosor, en buen estado de uso con signos de los años e imperfecciones.
Descripción del vendedor
Es una puerta Dogon de Mali que respira toda la densidad simbólica y la fuerza matérica propias de las piezas talladas en la primera mitad del siglo XX. La madera, ya oscurecida por el tiempo y el uso, muestra ese desgaste noble que solo aparece en los objetos que han cumplido una función real dentro de la vida cotidiana y ritual. La superficie está recorrida por un entramado de relieves geométricos —triángulos, rombos, líneas quebradas— que no son simples adornos, sino un lenguaje visual que remite a la protección del hogar, a la fertilidad y al orden cósmico según la tradición Dogon.
En la parte superior destacan las figuras antropomorfas, casi máscaras condensadas en un gesto esencial, que parecen vigilar el umbral. Son rostros esquemáticos, de ojos almendrados y bocas mínimas, que evocan ancestros o espíritus tutelares. La composición es simétrica pero no rígida: cada motivo parece dialogar con el siguiente, como si la puerta fuera un tejido de signos que se leen de arriba abajo.
El grosor de la madera, las marcas de herramientas tradicionales y la pátina profunda hablan de una pieza auténtica, trabajada a mano con paciencia y transmitida de generación en generación. No es un objeto decorativo, sino un fragmento de arquitectura ritual, un límite entre el mundo exterior y el espacio íntimo de la familia, cargado de significado y memoria.
Envío certificado y buen embalaje.
El vendedor y su historia
Es una puerta Dogon de Mali que respira toda la densidad simbólica y la fuerza matérica propias de las piezas talladas en la primera mitad del siglo XX. La madera, ya oscurecida por el tiempo y el uso, muestra ese desgaste noble que solo aparece en los objetos que han cumplido una función real dentro de la vida cotidiana y ritual. La superficie está recorrida por un entramado de relieves geométricos —triángulos, rombos, líneas quebradas— que no son simples adornos, sino un lenguaje visual que remite a la protección del hogar, a la fertilidad y al orden cósmico según la tradición Dogon.
En la parte superior destacan las figuras antropomorfas, casi máscaras condensadas en un gesto esencial, que parecen vigilar el umbral. Son rostros esquemáticos, de ojos almendrados y bocas mínimas, que evocan ancestros o espíritus tutelares. La composición es simétrica pero no rígida: cada motivo parece dialogar con el siguiente, como si la puerta fuera un tejido de signos que se leen de arriba abajo.
El grosor de la madera, las marcas de herramientas tradicionales y la pátina profunda hablan de una pieza auténtica, trabajada a mano con paciencia y transmitida de generación en generación. No es un objeto decorativo, sino un fragmento de arquitectura ritual, un límite entre el mundo exterior y el espacio íntimo de la familia, cargado de significado y memoria.
Envío certificado y buen embalaje.

