Josep Soler (1941) - El jarrón rojo






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El jarrón rojo, óleo sobre lienzo en estilo impresionista, firmado a mano por Josep Soler (1941) y realizado en España en la década de 1980 como original, 55 × 46 cm, en buen estado.
Descripción del vendedor
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Josep Soler, que representa Un exuberante ramo de flores rojas y multicolores dispuesto en un jarrón, simbolizando la belleza, la vitalidad y el carácter efímero de la naturaleza. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones de la obra: 55x46x2 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la esquina inferior derecha, J. Soler.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta una vibrante naturaleza muerta protagonizada por un exuberante ramo de flores dispuesto en un jarrón transparente sobre una mesa de tonos azules. La composición rebosa energía visual y capta inmediatamente la atención gracias a la intensidad cromática de las flores, que parecen expandirse más allá de los límites físicos del recipiente. El conjunto transmite una sensación de abundancia y vitalidad, como si el ramo acabara de ser recogido de un jardín en plena floración. La disposición aparentemente espontánea de los tallos y pétalos aporta frescura y naturalidad, invitando al espectador a detenerse y contemplar la belleza efímera del mundo vegetal.
Las flores rojas dominan la escena con una presencia poderosa y cautivadora. Sus pétalos abiertos muestran una extraordinaria riqueza visual, creando un entramado de formas orgánicas que se superponen y dialogan entre sí. Los centros oscuros de muchas de ellas generan puntos de contraste que acentúan la profundidad del ramo y aportan ritmo a la composición. Entre las flores aparecen toques de amarillo, blanco, azul y verde que enriquecen aún más el conjunto, aportando matices luminosos que evocan la diversidad y la exuberancia de la naturaleza. Esta combinación de colores crea una atmósfera alegre y expresiva que transmite optimismo y dinamismo.
El jarrón ocupa una posición central y actúa como elemento estructural de la obra. Su superficie refleja parcialmente los colores que lo rodean, integrándose armoniosamente con el ramo y contribuyendo a la sensación de unidad visual. A través de su transparencia se perciben reflejos y matices que añaden profundidad a la composición. La relación entre la fragilidad del recipiente y la fuerza expansiva de las flores crea un interesante equilibrio entre estabilidad y movimiento. El jarrón no se limita a contener el ramo, sino que se convierte en un elemento esencial que ayuda a organizar el espacio y a dirigir la mirada hacia el corazón de la escena.
La mesa azul sobre la que descansa el conjunto desempeña un papel fundamental en el equilibrio cromático de la obra. Su tonalidad fría contrasta con los intensos rojos y amarillos de las flores, potenciando su luminosidad y haciendo que destaquen aún más. Sobre la superficie aparecen varias flores desprendidas, un detalle que aporta naturalismo y un sutil componente narrativo. Estas flores caídas sugieren el paso del tiempo y recuerdan la naturaleza transitoria de toda floración. Este contraste entre la plenitud del ramo y los pétalos ya separados de él introduce una reflexión poética sobre la belleza, la fragilidad y el ciclo constante de renovación presente en la naturaleza.
En conjunto, este cuadro es una celebración de la vida, el color y la fuerza expresiva de las flores. La riqueza cromática, la sensación de movimiento y la abundancia visual convierten la composición en una imagen llena de alegría y vitalidad. La obra logra capturar la esencia de un instante fugaz de esplendor natural, transformándolo en una escena cargada de emoción y belleza. El equilibrio entre intensidad y delicadeza, entre exuberancia y fragilidad, dota al conjunto de una gran capacidad evocadora que invita a disfrutar de la naturaleza en toda su riqueza y luminosidad.
El vendedor y su historia
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Josep Soler, que representa Un exuberante ramo de flores rojas y multicolores dispuesto en un jarrón, simbolizando la belleza, la vitalidad y el carácter efímero de la naturaleza. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones de la obra: 55x46x2 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la esquina inferior derecha, J. Soler.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta una vibrante naturaleza muerta protagonizada por un exuberante ramo de flores dispuesto en un jarrón transparente sobre una mesa de tonos azules. La composición rebosa energía visual y capta inmediatamente la atención gracias a la intensidad cromática de las flores, que parecen expandirse más allá de los límites físicos del recipiente. El conjunto transmite una sensación de abundancia y vitalidad, como si el ramo acabara de ser recogido de un jardín en plena floración. La disposición aparentemente espontánea de los tallos y pétalos aporta frescura y naturalidad, invitando al espectador a detenerse y contemplar la belleza efímera del mundo vegetal.
Las flores rojas dominan la escena con una presencia poderosa y cautivadora. Sus pétalos abiertos muestran una extraordinaria riqueza visual, creando un entramado de formas orgánicas que se superponen y dialogan entre sí. Los centros oscuros de muchas de ellas generan puntos de contraste que acentúan la profundidad del ramo y aportan ritmo a la composición. Entre las flores aparecen toques de amarillo, blanco, azul y verde que enriquecen aún más el conjunto, aportando matices luminosos que evocan la diversidad y la exuberancia de la naturaleza. Esta combinación de colores crea una atmósfera alegre y expresiva que transmite optimismo y dinamismo.
El jarrón ocupa una posición central y actúa como elemento estructural de la obra. Su superficie refleja parcialmente los colores que lo rodean, integrándose armoniosamente con el ramo y contribuyendo a la sensación de unidad visual. A través de su transparencia se perciben reflejos y matices que añaden profundidad a la composición. La relación entre la fragilidad del recipiente y la fuerza expansiva de las flores crea un interesante equilibrio entre estabilidad y movimiento. El jarrón no se limita a contener el ramo, sino que se convierte en un elemento esencial que ayuda a organizar el espacio y a dirigir la mirada hacia el corazón de la escena.
La mesa azul sobre la que descansa el conjunto desempeña un papel fundamental en el equilibrio cromático de la obra. Su tonalidad fría contrasta con los intensos rojos y amarillos de las flores, potenciando su luminosidad y haciendo que destaquen aún más. Sobre la superficie aparecen varias flores desprendidas, un detalle que aporta naturalismo y un sutil componente narrativo. Estas flores caídas sugieren el paso del tiempo y recuerdan la naturaleza transitoria de toda floración. Este contraste entre la plenitud del ramo y los pétalos ya separados de él introduce una reflexión poética sobre la belleza, la fragilidad y el ciclo constante de renovación presente en la naturaleza.
En conjunto, este cuadro es una celebración de la vida, el color y la fuerza expresiva de las flores. La riqueza cromática, la sensación de movimiento y la abundancia visual convierten la composición en una imagen llena de alegría y vitalidad. La obra logra capturar la esencia de un instante fugaz de esplendor natural, transformándolo en una escena cargada de emoción y belleza. El equilibrio entre intensidad y delicadeza, entre exuberancia y fragilidad, dota al conjunto de una gran capacidad evocadora que invita a disfrutar de la naturaleza en toda su riqueza y luminosidad.
