Camilo - El Gato Azul y el Jarrón Naranja






Licenciado en historia del arte y arquitectura, con 12 años de experiencia en artes decorativas.
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Original acrílico de Camilo, titulado El Gato Azul y el Jarrón Naranja, firmado a mano, producido tras 2020 en España, mide 70 cm de alto por 50 cm de ancho, en excelente estado, con plantas y flores.
Descripción del vendedor
La obra de Kmilo construye un territorio íntimo donde lo cotidiano se transforma en refugio emocional. Sus pinturas nos invitan a detener el tiempo y a habitar escenas domésticas cargadas de silencio, armonía y una serena contemplación de la vida.
Gatos que descansan junto a ventanas abiertas, mujeres que leen, esperan o sostienen flores, mesas con frutas, jarras y copas de vino: todos estos elementos conforman un universo costumbrista que no describe la realidad de forma literal, sino que la reinterpreta desde la memoria, la calma y la sensibilidad.
El color es uno de los grandes protagonistas de su lenguaje pictórico. Camilo trabaja con una paleta de clara influencia fauvista, donde los tonos intensos —rojos, amarillos, verdes y azules vibrantes— se liberan de la función descriptiva para convertirse en vehículos de emoción. El color no imita: expresa. No sombrea: late.
Formalmente, las figuras se presentan con una síntesis elegante, de contornos definidos y volúmenes simplificados, lo que refuerza la sensación de orden y equilibrio. Esta economía de formas, lejos de restar profundidad, potencia la expresividad del conjunto, permitiendo que cada escena respire y dialogue con el espectador desde la quietud.
Los gatos —presencias constantes en su obra— funcionan como símbolos de introspección, libertad y domesticidad compartida. No son simples animales: son guardianes del hogar, testigos silenciosos de una vida interior rica y apacible. Las figuras femeninas, por su parte, aparecen envueltas en una atmósfera de delicadeza y contemplación, integradas armónicamente al espacio que habitan.
Camilo es graduado de Instructor de Arte en la ciudad de Las Tunas, Cuba, formación que se percibe en el dominio técnico y la coherencia conceptual de su trabajo. Actualmente vive y trabaja entre La Habana y Rusia, experiencia que ha enriquecido su mirada y ampliado su diálogo cultural. Ha participado en diversas exposiciones colectivas en Cuba y en el extranjero, y sus obras forman parte de colecciones privadas en Rusia y en varios países de Europa.
En un mundo acelerado y saturado de imágenes estridentes, la pintura de K-M-I-L-O propone lo contrario: pausa, calidez y belleza serena. Su obra no busca impactar desde el ruido, sino permanecer desde la emoción.
Esta pieza, ejecutada con la técnica de acrílico, destaca por un uso audaz y saturado del color, donde la luz se convierte en un elemento estructural fundamental. El estilo se inscribe en un postimpresionismo contemporáneo, con claras resonancias del cubismo en la fragmentación geométrica de las sombras que se proyectan sobre el gato y el fondo. El pintor emplea una pincelada visible y texturizada, típica del acrílico, para crear un contraste vibrante entre las formas orgánicas de la planta y las frutas, y las líneas angulares del fondo azul y la mesa de madera.
A través de la disposición de elementos —la figura central del gato azul, el jarrón de ámbar, el vaso de agua y los cítricos—, el artista busca transmitir una sensación de equilibrio armónico y contemplación silenciosa. La obra captura un momento suspendido en el tiempo, donde la luz del sol dota de una nueva vida y color a objetos cotidianos y al mismo felino. La interacción entre las formas sólidas y las sombras abstractas invita al espectador a explorar la relación entre la realidad tangible y la percepción visual, creando una atmósfera de misterio y belleza en la simplicidad.
La obra de Kmilo construye un territorio íntimo donde lo cotidiano se transforma en refugio emocional. Sus pinturas nos invitan a detener el tiempo y a habitar escenas domésticas cargadas de silencio, armonía y una serena contemplación de la vida.
Gatos que descansan junto a ventanas abiertas, mujeres que leen, esperan o sostienen flores, mesas con frutas, jarras y copas de vino: todos estos elementos conforman un universo costumbrista que no describe la realidad de forma literal, sino que la reinterpreta desde la memoria, la calma y la sensibilidad.
El color es uno de los grandes protagonistas de su lenguaje pictórico. Camilo trabaja con una paleta de clara influencia fauvista, donde los tonos intensos —rojos, amarillos, verdes y azules vibrantes— se liberan de la función descriptiva para convertirse en vehículos de emoción. El color no imita: expresa. No sombrea: late.
Formalmente, las figuras se presentan con una síntesis elegante, de contornos definidos y volúmenes simplificados, lo que refuerza la sensación de orden y equilibrio. Esta economía de formas, lejos de restar profundidad, potencia la expresividad del conjunto, permitiendo que cada escena respire y dialogue con el espectador desde la quietud.
Los gatos —presencias constantes en su obra— funcionan como símbolos de introspección, libertad y domesticidad compartida. No son simples animales: son guardianes del hogar, testigos silenciosos de una vida interior rica y apacible. Las figuras femeninas, por su parte, aparecen envueltas en una atmósfera de delicadeza y contemplación, integradas armónicamente al espacio que habitan.
Camilo es graduado de Instructor de Arte en la ciudad de Las Tunas, Cuba, formación que se percibe en el dominio técnico y la coherencia conceptual de su trabajo. Actualmente vive y trabaja entre La Habana y Rusia, experiencia que ha enriquecido su mirada y ampliado su diálogo cultural. Ha participado en diversas exposiciones colectivas en Cuba y en el extranjero, y sus obras forman parte de colecciones privadas en Rusia y en varios países de Europa.
En un mundo acelerado y saturado de imágenes estridentes, la pintura de K-M-I-L-O propone lo contrario: pausa, calidez y belleza serena. Su obra no busca impactar desde el ruido, sino permanecer desde la emoción.
Esta pieza, ejecutada con la técnica de acrílico, destaca por un uso audaz y saturado del color, donde la luz se convierte en un elemento estructural fundamental. El estilo se inscribe en un postimpresionismo contemporáneo, con claras resonancias del cubismo en la fragmentación geométrica de las sombras que se proyectan sobre el gato y el fondo. El pintor emplea una pincelada visible y texturizada, típica del acrílico, para crear un contraste vibrante entre las formas orgánicas de la planta y las frutas, y las líneas angulares del fondo azul y la mesa de madera.
A través de la disposición de elementos —la figura central del gato azul, el jarrón de ámbar, el vaso de agua y los cítricos—, el artista busca transmitir una sensación de equilibrio armónico y contemplación silenciosa. La obra captura un momento suspendido en el tiempo, donde la luz del sol dota de una nueva vida y color a objetos cotidianos y al mismo felino. La interacción entre las formas sólidas y las sombras abstractas invita al espectador a explorar la relación entre la realidad tangible y la percepción visual, creando una atmósfera de misterio y belleza en la simplicidad.
